Academia de Música Vallenata Andrés “El Turco” Gil

Por: LOLITA ACOSTA

En Valledupar, a mediados de los años 70 del pasado siglo, la fama como arreglista de Andrés “El Turco” Gil fue tal, que casi todos los intérpretes de la música vallenata, antes de entrar a las salas de grabación recurrían a sus consejos. Pero no sólo eso, se supo de inmediato en toda la región, que “El Turco” había ideado un método infalible para enseñar a tocar acordeón. Fama como músico y prestigio como buena persona se sumaron para que comenzaran a lloverle alumnos a su casa, a quienes acomodaba en rústicos bancos en el patio de su casa, bajo la sombra generosa de un palo de mango.

El número de alumnos creció tanto como la bondad de personas que como Antonio Sagbini le dieron la mano para que abriera una sede en el centro de la ciudad. Nació así la primera academia de enseñanza del acordeón en Colombia y, específicamente, el programa de enseñanza de los cuatro aires de la música vallenata que, sin haber llegado a proponérselo “El Turco” Gil, dio nacimiento a la mejor y más grande iniciativa para la conservación y  difusión de la música folclórica vallenata.

Descubriendo talentos y orientando la vida de nuevos artistas ha pasado ya 30 años de su vida dentro de las paredes de su Academia de Música Vallenata, el señor Andrés Eliécer Gil Torres. Nunca ha tenido sede propia. Después de funcionar en varias edificaciones arrendadas, en el año 2001 la academia se convirtió en la Fundación Niños Acordeoneros y Cantores del Vallenato Andrés “Turco” Gil, para recibir en comodato la bella sede construida pensando en él y en su obra por el ex alcalde Elías Ochoa Daza.

Normalmente pasan por sus aulas cada año más de cuatrocientos alumnos. El 90% de ellos estudian becados, gracias a convenios que se firman con el Ministerio de Cultura, la Gobernación del Cesar y el Municipio de Valledupar, pero también a que la comunidad en general y sus empresarios participan como impulsadores del programa.

El folclor musical vallenato es uno de lo más ricos y hermosos del mundo. Con una música rica en melodías claramente definidas y textos de gran belleza y jocundo contenido que hoy son uno de los mayores símbolos de colombianidad y un ejemplo del folclor latinoamericano. Todas las condiciones que reúne: históricas, culturales, geográficas y étnicas confluyen en él para constituirse en una síntesis de valores, tradiciones y costumbres del gran Valle de Upar, tan extenso como populosas fueron estas tierras habitadas por sus comunidades ancestrales.

En el proceso de capacitación de la Academia de Música Vallenata Andrés “Turco” Gil se comparte con alegría y felicidad el disfrute de la música, ese mundo de sentimientos que inspira el vallenato y el prodigio de la amistad bien entendida.

A sus aulas llegan cada año personas de todo el mundo, hombres y mujeres atraídos por la magia del arrugado instrumento, el tun tun de la caja y rascarrasca de la guacharaca. Todos llegan y se van contentos y regresan y siguen regresando cada año cargados de anhelos de conocer nuevas canciones y nuevos secretos que el maestro “Turco” Gil entrega amorosamente, como si fuera su primer encuentro con su primer alumno.

El interés por adquirir los conocimientos que permitan desarrollar la habilidad para ejecutar los instrumentos básicos del vallenato es creciente. Chinos, japoneses, franceses, españoles, checos, suizos, estadounidenes, canadienses, belgas, mexicanos, argentinos, un plural número de nacionalidades tiene entre sus alumnos la academia del “Turco” Gil. Y por los días del Festival Vallenato la mayor parte de los concursantes vienen aquí a afilar sus espuelas para su presentación ante el jurado. Mismos niños y jóvenes que a lo largo del año van de festival en festival por pueblos y veredas en busca de aprobación.

Pero también su programa es un programa que redime de su marginalidad a muchos niños de la ciudad. Recuerdo la dramática confesión de uno de sus más brillantes alumnos: -Maestro, yo antes de conocerlo a usted si pasaba hambre-. En convenio con el ICBF se brindan refrigerios todos los días gratuitamente a todos los alumnos, la mano bondadosa de este maestro se desprende de cuanto billetico pasa por sus bolsillos y perciben a la vez estímulos en dinero o en especie los niños seleccionados para integran la gran liga, la agrupación Los Niños Vallenatos del “Turco” Gil, quienes al año tienen un promedio de 40 conciertos en el país y fuera de él. Estas presentaciones, aunque muchas se hacen gratuitamente, constituyen para ellos y para la academia sus ingresos más importantes y necesarios.

Las limitaciones físicas no son un impedimento para desarrollar el talento musical. En sillas de rueda, ciegos o con cualquier otra variedad de limitación física llegan a la academia del “Turco” Gil y se convierten en lo que quieren ser: grandes artistas de la música vallenata.

Pasan los años y el objetivo que ha marcado la senda es el mismo: conservar y dar conocer el folclor musical vallenato como un hecho colectivo, patrimonial, vigente, popular, de tradición oral, donde se pondera lo empírico pero de la misma manera se dan las bases para que el estudiante incursione en la escritura musical, si así lo desea.

Se enseñan todos los instrumentos orquestales y el canto, la gesticulación en la personalidad artística, el comportamiento en sociedad, la historia de la música regional, la versificación improvisada y la composición musical, arreglo y montaje de obras.

Cuando un alumno egresa de la Academia de Música Vallenata Andrés “Turco” Gil va a ser capaz de interpretar en acordeón diatónico o acompañar con caja, guacharaca, bajo o piano o cualquier otro instrumento, los aires típicos de nuestro folclor: el son, el paseo, el merengue y la puya, pero también un porro, una cumbia, cualquier aire del Caribe, con perfecto dominio.

Cientos de razones tiene “El Turco” para sentirse el hombre más feliz del mundo. Cada vez que un niño aprende la escala musical, cada triunfo de uno de sus alumnos, la alegría reflejada en los rostros de los padres de familia y públicos que admiran las presentaciones de sus Niños del Vallenato, pero también los reconocimientos institucionales como haber sido declarado Personaje Caribe 2000 y 2009 y haber recibido el 20 de diciembre de este último año un homenaje nacional que tuvo todo el brillo y solemnidad en los actos preparados por la Gobernación del Cesar en el marco de la celebración del aniversario del departamento, con la coordinación de la Fundación Reyes y Juglares Vallenatos.

A nivel internacional es también “El Turco” uno de los pocos colombianos que aparecen en la prensa por sus buenas acciones. Con razón su amigo, el ex presidente de los Estados Unidos, Bill Clinton, dedicó dos páginas (las 99 y 100) de su libro “Dando. Cómo cada uno de nosotros puede cambiar el mundo” a hablar de él.

Dice así el ex presidente:

“Uno de los regalos más allegados a mi corazón y conmovedor de paz y reconciliación que yo he encontrado es la música de Los Niños Vallenatos de Colombia. La música Vallenata nació en la parte de Colombia que limita con el mar Caribe, especialmente en la ciudad capital del departamento de Cesar, Valledupar, de más de 450 años, que se encuentra cerca de la Sierra Nevada. Por cuarenta años, esta zona ha sido plagada por la peor violencia entre la guerrilla y las fuerzas paramilitares, con muchas víctimas inocentes, incluyendo niños.

 A pesar de la constante amenaza de violencia, los niños, cuyas edades oscilan entre seis y los doce años, vienen de las municipios y lugares pobres para aprender la música Vallenata en la escuela de Andrés Gil, quien les enseña a tocar acordeones, cajas y guacharacas, la “orquesta” de su cultura nativa. Ellos tocan y cantan en grupos pequeños, usando la ropa tradicional, que incluye (para los niños) sombreros de paja de dos tonalidades. Ellos hacen sus interpretaciones sin importar el peligro y con la determinación de que su música, al mantener su cultura viva, ayudará a sobreponerlos de la muerte y la destrucción.

Al término de mi segundo período como presidente escuché a Los Niños Vallenatos dos veces: una, en la fiesta de Navidad de la Casa Blanca, y nuevamente cuando visité Cartagena, Colombia, en el 2000 para expresar mi apoyo al esfuerzo del Presidente Pastrana de terminar el largo conflicto civil. Los niños tocaron para nosotros en una plaza abierta y animaron a Pastrana, Chelsea y a mí a bailar con ellos.

En junio de 2002 regresé a Cartagena durante la transición presidencial de Andrés Pastrana a Álvaro Uribe, para urgir a los empresarios internacionales en operación allí que no le dieran la espalda al país. Cuando bajé del avión, Los Niños Vallenatos del “Turco” Gil estaban allí, todavía tocando y cantando acompañados por la ministra de Cultura de ese entonces, quienes al recibirme me obsequiaron una pulsera muy colorida tejida a mano. Aunque casi nadie lo hace, tradicionalmente se supone que uno debe usar la pulsera hasta que se deteriora y se cae. Más de cinco años después, todavía uso la mía, un recordatorio de qué tan valientes son los colombianos, y de lo determinados que están para restaurar la paz y preservar la democracia más vieja de Latinoamérica, y de qué afortunado soy de vivir en un país sin la amenaza diaria del secuestro y la matanza.

En los últimos cinco años he visto a Los Niños Vallenatos actuar tres veces más, incluyendo la inauguración de mi biblioteca presidencial, donde compartieron la tarima mojada por la lluvia con Bono y The Edge of U2. Ellos son niños talentosos y maravillosos quienes han visto más de lo que niños de esa edad deberían. Andrés Gil les ha enseñado bien. Pero es el poder de sus espíritus que ha tocado los corazones de los colombianos y hecho que sus dos CDs sean un éxito. Yo deseo que cada zona de conflicto tuviese un profesor como el Maestro Gil y niños como Los Niños Vallenatos.

La mayoría de las personas que leerán este libro viven en lugares donde los problemas son menos profundos y visibles de los agonizantes de los cuales yo he escrito. Pero hay gente que necesita nuevos comienzos en todos lados. Y hay gente buena y organizaciones que tratan de ayudarlos”.

Visto de esta manera habría que decir que Andrés “El Turco” Gil es un adalid de la Música y la Cultura Vallenata que nació hace más de 100 años de la mezcla de tres vertientes étnicas: la española, la africana y la indígena, tres elementos estos presentes en el Canto Vallenato manteniendo viva la memoria, la estirpe de nuestra raza y su identidad cultural y que sus Niños Vallenatos son verdaderas y fértiles semillas de paz y amor.

Fundación Niños Acordeoneros y Cantores del Vallenato Andrés “Turco” Gil (NIT 824.003.749-0)
Calle 31 No. 4-265 – Barrio Los Mayales – Valledupar – COLOMBIA
Telefax (5) 582 41 20 – Teléfono (5) 584 30 26 – Celulares: 315 760 11 02 y 316 454 40 80
Correo electrónico:  turcogil@gmail.com  – Web http://losninosvallenatos.com
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5 Respuestas a “Academia de Música Vallenata Andrés “El Turco” Gil

  1. esa academia para mi es lo mejor sin conocerla y megustaria conocerla porq soy amante del acordeon

  2. quiero ser vallenatero dengo talento para todo

  3. CRISTIAN RODRIGUEZ

    soy un niño quiero entrar a esta academia tengo talento vivo en un pueblo me gusta el acordeon y es dificil para mi pero es mi sueño.

  4. Angelino Amorocho Sanchez

    Tengo un hijo que recibio las primeras clases de acordeon en su escuela, en estos momentos él ha aprendido a interpretar el acordeon digamos por si solo, le coloque un profesor para que lo ilustrara un poco más. Mi inquietud es que quiero matricularlo de nuevo en su escuela para que salga un buen acordeonero profesional. Mi pregunta es será que lo puedo matricular?. Espero respuesta.

  5. nestor alfonso roa

    NESTOR ALFONSO ROA

    soy un padre de familia que en mi niñes soñe en poder interpretar el acordeon pero por falta de apoyo no logre asistir a una academia y alcansar mi sueño.
    por eso hoy que tengo a mi pequeña hija quisiera que ella asitera a tan pretigiosa academia ya que aunque que no soy del valle cada que escucho un acordeon me siento mas vallenato que llanero.
    quisiera saber como hago para mtricular a mi hija cuanto es el costo.

    Y si la puedo llevar solo en vacaciones

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