José Triana, un ‘cañaguatero’ que canta vivencias

Este es José Triana Córdoba, uno de los más férreos cultores del vallenato costumbristas, sus canciones siempre dan de que hablar en los festivales; este año fue tercero en Valledupar.(Foto: Archivo/VANGUARDIA)

William Rosado Rincones/Vanguardia
El haberse levantado en el viejo Valle, al tenor del recalcitrante sol del barrio Cañaguate, le curtió no sólo la piel sino el sentimiento a un ‘muchachito’ que a pie limpio acompañaba a su madre en las duras faenas de lavandera, cuando el río Guatapurí aún tenía la facultad de correr por el vecindario de Valledupar.

Esa era apenas una de las tantas vivencias que graduaron a José Triana Córdoba  en la universidad de la vida, que lo llevaron a convertirse en un émulo de las retóricas figuras de la juglaría para que a través de sus versos la gente conociera parte de la historia de su barrio y sus insignes personajes, por eso sus cantos son la fiel estampa de la rutina cotidiana.

Lo que empezó como la manifestación soslayada por muchos de un muchacho sin oficio, terminó posicionándolo como uno de los acérrimos defensores del realismo macondiano, canciones que hoy son pan nuestro en los diferentes festivales donde se presenta y que le encallecido la imagen como uno de los duros en cada certamen.

“El que persevera alcanza” es el refrán que tiene a flor de labios para dar a entender que su tercer lugar en la canción inédita del recién concluido Festival Vallenato es el reflejo de que la vencida está cerca después de haber completado unas veinte participaciones en este evento.

Este compositor que encuentra en la madrugada su mejor espacio para componer, complementa la iniciativa pedaleando su vieja bicicleta hacía su trabajo, el que ejerce en una empresa telefónica en el mantenimiento e instalación de cables. Ahí termina de ‘desenredar’ la musa que acaba en la narrativa del acontecimiento de turno.

A pesar de que se acaba de montar en el podium de los ganadores con el ritmo de puya, aire en el que ha tenido destacables figuraciones, es en el merengue y el paseo donde desglosa mejor su inspiración.

Triana Córdoba, conjuga su vena folclórica por la corriente de tres influencias pueblerinas provenientes de Valencia de Jesús, El Tupe, y Valledupar, territorios ancestralmente folclóricos donde brotaron silvestres figuras de  la más cimentada tradición oral.

Su mochila arahuaca, su poncho y sombrero son los amuletos que lo han acompañado por diversas tarimas de la provincia cantando a los cuatro vientos los avatares de su gente por eso es común  encontrar en sus letras ‘Un Indio de la Nevada’, ‘las lavanderas del valle’, ‘El sombrero de Colacho’, ‘La madre del mayor’, y la que arrancó los aplausos este año; ‘Las que paren a los hombres’, entre tantas otras.

Tal vez su acendrado posicionamiento en el ala costumbrista no le ha permitido aflorar en el plano comercial dada la resistencia de esta temática para los intérpretes modernos, sin embargo, tiene tres temas grabados que lo hacen socio administrado de Sayco.

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