Samuel Antonio Martínez Muñoz, rey en su patio

Crónica

-Desde el pueblo de La Loma supo darle el mayor realce al folclor vallenato a través de sus cantos que hoy hacen parte del sentimiento popular-

Por Juan Rincón Vanegas / @juanrinconv

El sábado dos de septiembre de 1922 nació en La Loma, hoy corregimiento del municipio de El Paso, Cesar, el juglar Samuel Antonio Martínez Muñoz, quien escribió su propia historia desde ese pedazo de tierra que inmortalizó con un memorable canto que incluso llevó a coronarse a varios Reyes Vallenatos.

Samuelito no sabe en qué forma
ha perdido a su hermano querido
que se venga pa’ cá pa’ La Loma
que con mucho gusto lo recibo.

El viejo Samuelito, como todos lo llamaban, dejó un importante legado musical como el caso de la canción en ritmo de paseo ‘La Loma’ grabada por Alfredo Gutiérrez, Jorge Oñate, Silvestre Dangond, y tema de concurso en los distintos festivales vallenatos.

Dentro de su repertorio también se destacan: ‘Potrerillo’, ‘Los primeros días’, ‘La bicicleta’, ‘La mujer tetona’, ‘La mala suerte de Juana’, ‘María Barba’, ‘La corredera’, ‘El arte musical’, ‘El candao de las mujeres’, ‘Feliz carnaval’, Los carruseles’ y ‘La vejez’, entre otros.

Samuelito, se la pasaba sentado en el patio de su casa. Poco llegaban los amigos como antes, a pedirle les hiciera canciones para sus enamoradas, ni tampoco tiraba los versos que lo hicieron famoso en la región.

En su paso por la vida Samuelito se prodigó con el acordeón y dejó 10 hijos: Carmen, Alicia, Samuel, Luis Rafael, Fabio, Felipina, Patricia, Luz Elena, Jorge Luis y Jaime. Tres de ellos han seguido sus pasos: Jaime es acordeonero y Samuel y Fabio, son compositores.

Su hijo Fabio ganó en una ocasión el concurso de canción inédita vallenata del Festival de Canciones Samuel Martínez, con el paseo ‘Mi padre y mis sentimientos’. En ella narraba las vicisitudes que diariamente vivía su progenitor.

Cuando lo noto pensando
yo vivo llorando las penas por él,
y aunque lo veamos cantando
vive amarguras Martínez Samuel.

Samuel Antonio Martínez Muñoz nació en un hogar de descendencia humilde y fue de pocos estudios, pero premiado con una inteligencia natural. También fue un hombre laborioso del campo y desde muy temprana edad aprendió a tocar acordeón componiendo canciones donde expresaba el amor a las mujeres, el respeto a la amistad y mostraba la idiosincrasia de un pueblo trabajador, costumbrista y de leyendas.

Creación del Festival

En el año 1990 un grupo de amigos encabezado por el abogado, cantautor, verseador y escritor Jorge Naín Ruiz Ditta, le dio vida al Festival de Canciones Samuel Martínez. Este ha sido el más grande homenaje al juglar que se paseó por la vida tocando su acordeón, cantando, verseando y componiendo bellas canciones que fueron grabadas por grandes artistas.

Aquella primera junta directiva fue presidida por Jorge Naín Ruiz y los directivos Adalberto Hernández, Luis Miguel Martínez, Alfonso Acosta, Carlos Romero, José Ignacio Gutiérrez, Cerveleón Campo, Domiciano López, Nerys Tejeda, Emerith Cecilia Silva, Rosa Carmona, Lucina Mendoza, Emilse Mireya Jiménez y Gladys Ávila. Los presentadores fueron Huber Claro Quintero y Juan Rincón Vanegas.

“Sacar adelante el certamen en esos tiempos no fue tarea fácil, pero lo logramos y lo mejor es que sigue vigente. Este es el mejor homenaje para el excelso juglar que nunca se cansó de tocar, cantar y versear, porque esa era su vida. No hay palabras para darle gracias al viejo Samuelito, por todo lo que nos regaló, y el reconocimiento a La Loma, a través de su bella canción”, expresó Jorge Naín Ruiz.

La doncella de Samuelito

En los últimos años de su vida Samuelito perdió la visión y dejó de realizar sus famosas correrías donde conoció a ‘La doncella del amor’, así llamaba a su esposa, Felipa Venicia Castro Rodríguez, a la que le compuso varias de sus canciones y que siempre lo espero después de sus interminables correrías.

Eso sí, nunca dejaba de llegar a la tarima a interpretar sus canciones y a agradecer que el festival llevara su nombre que se iba a perpetuar con el paso de los años, tal como ha sucedido.

Los últimos días del juglar fueron difíciles por su estado de salud. Una vez que su esposa salió a realizar una diligencia y al regresar lo encontró acostado en la cama abriendo y cerrando sus brazos sobre el pecho simulando tocar su acordeón y llevando el ritmo con la boca.

Felipa, la famosa ‘Doncella del amor’, aquella noche del lunes 27 de septiembre de 2004, cuando Samuelito contaba con 82 años, no lo interrumpió sino que lo dejó que siguiera inspirado. Estaba ensayando para hacer su estreno en el cielo.
Y esa noche murió teniendo la canción precisa porque siempre expresó que no le tenía miedo a la muerte porque ella llegaba tarde o temprano. “Lástima que no da la oportunidad de despedirse de los seres queridos, sino que llega es dando su garrotazo”, solía decir.

Pronto me tengo que morir
porque me llega la vejez
y eso no me impresiona a mí
porque bastante disfruté.
Yo si jugué con el amor
cuando tenía mi juventud
también gocé de buena flor
de bellas mujeres mejor que tu…

La Loma despidió en su patio donde siempre lo quisieron a Samuel Antonio Martínez Muñoz. El pueblo estuvo de luto alegre porque se lloraba y se cantaba. Se recordaba al juglar y se sentía dolor por su partida. Su cadáver fue llevado por siete horas a la tarima Pedro Nolasco Martínez, donde por muchos años se le homenajeó en vida, gracias a la creación del Festival de Canciones Samuel Martínez. Y después a darle cristiana sepultura teniendo como fondo sus propios cantos.

El juglar Samuel Martínez con el periodista Juan Rincón Vanegas

De aquellas entrevistas quedó una foto con el hombre que supo sacarle el mayor jugo al folclor, que premió a las mujeres con sus bellos cantos, que prometió no ir más al pueblo de Potrerillo porque le podían dar una puñalá, y que supo enviar la más cordial invitación para recibirlos en La Loma, con el corazón en la mano.
Imposible olvidar en esta fecha a Samuelito, el juglar que inventó incontables cantos, alivió penas y alegró corazones al golpe de unas cervezas y algunos tragos de ron.

BLOG DEL AUTOR: Juan Rincón Vanegas

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