EL AMOR Y EL DOLOR, GÉNESIS DEL CANTO


Por José Atuesta Mindiola

El principio del amor es la palabra. La palabra viva y cargada de luz, eterna metáfora de vida y revelación de la verdad. Nada hay oculto bajo la luz del sol, dice el refranero popular. El amor y la verdad son virtudes que enaltecen la condición humana y fortalecen los principios de lealtad, solidaridad, afecto y respeto.

Cuando la acción es coherente con la palabra, el amor llega al cenit, a su máximo esplendor. ¿Acaso no es el amor en la fe lo que convoca a los pueblos a sus fiestas religiosas? Basta observar la epifanía en el rostro de los cristianos cuando asisten a los actos litúrgicos, porque además de renovar la espiritualidad, parecen recuperar la juventud corporal. ¿Qué fuerzas convocan a tanta gente al Festival Vallenato todos los años? Pueden ser muchas, pero la más importante de todas, es el amor por la música y la poesía.

El amor y el dolor son génesis de la poesía y el canto, y de todas las manifestaciones de Artes. La verdadera inspiración nace del asombro, de ese suceso o ese instante que estremece el alma. En el cancionero vallenato son emblemáticas las canciones de amor por la mujer, por la amistad, por la tierra nativa, y también por el dolor que produce la muerte de un familiar, de un amigo o de un personaje. Una de las canciones vallenatas que mejor identifica los sentimientos colectivos a la amistad es ‘Elegía a Jaime Molina’, del maestro Rafael Escalona.

El amor y el dolor son las dos expresiones humanas de mayor poder de convocatoria. El amor es un sol sin penumbra, que sin quemar ilumina los encantos de la vida. El dolor de la muerte es la sombra que aproxima los senderos de melancolía.
El dolor de la muerte une las voces de personas de diversos niveles intelectuales y sociales, y contagia manifestaciones de solidaridad cuando el fallecido es un personaje que representa los sentimientos colectivos de un pueblo, o alguien que ha sabido dimensionar el amor y con sus acciones ha sido defensor de la vida y el patrimonio cultural de su comunidad.

Todavía el mundo vallenato llora la muerte de Jorge Oñate (28 de febrero de 2021), un verdadero maestro que puso de moda el valor del cantante; rescató las canciones de los más grandes juglares y se nutrió de nuevos compositores. Inmenso como los mares con su voz de acento edénico conquistó los senderos del folclor. En el arte musical Dios le regaló una estrella, son imborrables sus huellas porque el artista es inmortal. El Olimpo es su pedestal, allí seguirá cantando y sus canciones sonando en la memoria del viento; su voz aurora en el tiempo seguiremos escuchando.

Nota:
El dolor de la muerte que ha crecido en esta pandemia se siente en la piel del alma. En estos días se fueron los periodistas Víctor Cobo Solano, José Luís Parada y el locutor Blas Alvarado. Los músicos Luis Suarez, su hijo Jairo, y Rubén Lanao, acordeonero integrante de la Sinfónica Vallenata. Paz en sus tumbas.

BLOG DEL AUTOR: José Atuesta Mindiola

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