Juan González prefirió la caja porque es más barata que el acordeón.

En aprietos están los conjuntos infantiles y juveniles del vallenato debido a que no hay suficientes cajeros en estas categorías.

La situación es tan crítica, que muchos de los acordeoneros que se alistan para participar en el próximo Festival de la Leyenda Vallenata están en una búsqueda desesperada por quienes los acompañen en la percusión. La mayoría no tendrá más opción que compartir cajero en la tarima.

El hecho es que mientras cada año se inscriben y matriculan cientos de alumnos para aprender a tocar acordeón en las escuelas y academias de la ciudad, un número poco significativo lo hace para la caja, lo que le augura un futuro no promisorio.

“El vallenato no es solo canto y acordeón, necesita de la caja y la guacharaca, como trilogía básica del conjunto. Sin embargo, hay escasez de músicos para estos instrumentos”, señaló Jairo Trillos, quien lleva más de 30 años acompañando grupos musicales en las competencias musicales de la región.

Los registros de las instituciones de enseñanza musical son preocupantes. En la academia del maestro Andrés El Turco Gil, donde se forma la mayoría de los nuevos reyes vallenatos, apenas hay 10 niños aprendiendo a tocar caja, frente a los 165 alumnos inscritos para conocer e interpretar el acordeón.

En la escuela de música de la Casa de la Cultura en Valledupar, el panorama no es nada diferente, mientras 320 niños y jóvenes, entre los ocho y 18 años de edad, practican y aprenden a tocar acordeón, solo 45 se matricularon en la enseñanza de la caja.

“La verdad es que hay poca motivación en cuanto a la percusión, los nuevos valores musicales prefieren irse por la tendencia del canto o el acordeón, que genera más popularidad e ingreso, pero la caja es tan importante como lo demás, por eso hemos empezado a crear un semillero de percusionistas”, dijo Nayib Aguancha, instructor de percusión en la Casa de Justicia del barrio La Nevada.

A manera de ejemplo señala que le toca dictar las clases debajo de un árbol, porque ni siquiera cuenta con una estructura para que los niños y jóvenes asistan a las prácticas. “Eso es una muestra de las condiciones en que estamos, pero con esfuerzo vamos a impulsar entre las nuevas generaciones el interés por la caja”, indicó.

Jairo Trillos sostuvo que a un mes de que se inicie el Festival Vallenato, son muchos los acordeoneros infantiles y juveniles que lo llaman para que les ayude a encontrar un cajero para los concursos, tal es el caso Dyonnel Velásquez, El Pollito Mono, de Arjona (Bolívar), quien ya es soberano en la categoría infantil, y regresa este año a la competencia.

“También me han contactado desde Montería y otras ciudades que vienen con acordeoneros infantiles y juveniles pero no tienen cajeros; y es que muchos tienen hasta que compartirse con cuatro y hasta cinco participantes y esto resulta agotador”, precisó Aguancha.

La escasez de cajeros es evidente en un folclor donde pululan cantantes y acordeoneros. Katherine Gil, de la academia de El Turco Gil, señala que “siempre vienen a buscar percusionistas para los conjuntos, pero en realidad son pocos los que se interesan, y los que tenemos no alcanzan a la demanda, porque no solo los buscan para concursos, también para conjuntos ya formados”, puntualizó.

TEMA DE COSTOS

Juan González es uno de los pocos alumnos e intérprete de la caja en la academia de ‘El Turco’ Gil, y confiesa que tuvo que inclinarse por el instrumento de percusión, porque resultaba más económico que el acordeón. En principio le gustaba el instrumento de fuelle y botones, pero su costo es mucho más elevado que el de una caja, por lo que decidió aprender a interpretarla. Un año después ya la domina, le tomó cariño. Ahora es integrante de un grupo musical: ‘Los Traviesos del Vallenato’. Juan es uno de los cajeros que este año acompañará a varios concursantes en la búsqueda de la corona vallenata.

Y como él muchos jóvenes con vocación musical buscan alternativas para formarse y abrirse campo en el folclor; solo que falta apoyo para impulsar las manifestaciones musicales de esta tierra.

Por Miguel Barrios
Valledupar