SAMUEL ANTONIO MARTÍNEZ MUÑOZ «Samuelito».

   El Juglar de La Loma

  «La música es un arma en la guerra contra la infelicidad»: Jason Mraz (guitarrista, cantante y compositor estadounidense).

Por: Ramiro Elías Álvarez Mercado.

Los juglares vallenatos poco a poco se fueron convirtiendo en verdaderas leyendas, enciclopedias abiertas con incontables canciones y sucesos que se distinguieron por su habilidad con la palabra, el canto y la interpretación del acordeón. De ahí que la música vallenata se haya convertido en un instrumento que ha ayudado a robustecer el tejido social de la región del Caribe colombiano y ha permitido por varias décadas propagar mediante sus letras, las noticias y mensajes de sus moradores, al igual que esas bellísimas melodías y letras repletas de amor, vivencias e  historias cotidianas.

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MI CASA VALLENATA VOLUMEN I

» La música es el corazón de la vida. Por ella habla el amor; sin ella no hay bien posible y con ella todo es hermoso»: Franz Liszt (compositor austro-húngaro)

Por: Ramiro Elías Álvarez Mercado

La música es uno de los factores más importante de la vida del ser humano; no en vano apareció hace miles de años, en los inicios de nuestra especie, y ha ido ocupando todos los espacios de nuestro diario vivir.

En el año 2015 un hombre noble, sencillo y soñador creó un grupo de WhatsApp al que bautizó con el nombre de «Mi Casa Vallenata», con el fin de hacer un pequeño, pero significativo aporte a la preservación de la música vallenata auténtica y raizal como lo exige la UNESCO. Su nombre es Edwin Andrés Altamiranda Mercado, conocido popularmente como «El Makina». Grupo al que fue agregando día a día amigos, conocidos y recomendados que con el correr del tiempo se convirtieron en una cofradía: personas unidas por los mismos gustos e intereses en pro de rescatar, salvaguardar, resaltar y dar a conocer todo lo relacionado con esta expresión musical, cultural y folclórica.

Hoy 6 años después de la creación de este grupo en donde se encuentran compositores, cantantes, acordeonistas, cajeros, guacharaqueros, coleccionistas, investigadores, folcloristas, escritores, poetas, personas de distintas profesiones y oficios pero que día a día sacan un tiempo de sus agitadas labores diarias, para hacer sus aportes. Somos una gran familia que nos hemos contagiado por la alegría y motivación de su gestor «El Makina», hablando de nuestros juglares y dándole a conocer a los jóvenes integrantes los inicios y cómo fue consolidándose esta bellísima música, que hoy por hoy es nuestra carta de presentación ante el mundo y también apoyando nuevos artistas que con su talento quieren seguir abonando la tierra para que nuestras raíces permanezcan fuertes y no desaparezcan.

Es tanta la popularidad del grupo «Mi Casa Vallenata» que a diario se suman integrantes con el fin de aprender de los secretos del folclor y, ¿por qué no decirlo?, también aportar su granito de arena en la construcción de este inmenso edificio que se llama «Música Vallenata».

La perseverancia, constancia, unión, trabajo y sacrificio ha hecho que este grupo haya obtenido varios logros y proyectos como son: uniformes, bandera, escudo, páginas en Facebook, canciones como himnos, pero sin lugar a dudas el más significativo que ha tenido hasta ahora es la grabación y lanzamiento de su primer trabajo discográfico con compositores de la casa, es decir, todos pertenecientes al mencionado grupo.

El artista no es nada sin el don, pero el don no es nada sin trabajo, constancia y sacrificio algo que este grupo de valientes entendieron a la perfección. 14 compositores para un total de 20 canciones, liderados por Edwin Andrés «El Makina» Altamiranda Mercado, a quien le siguieron Fredy Hernández Moreno, Milton Abuabara Florián, Ulises Gelves Ortiz, Antonio María Suárez, Carlos Correa Vidal, Isaac Díaz Contreras, Daner Utria Rivera, José Mercado Garrido, Jairo Polo Romero, Héctor Romero Bayuelo, Edilson Brito Pérez, Fredis Aquiles Genes y Guadis Carrasco Cumplido. Con las voces de Rodolfo Carrasco, Carlos Correa y Guadis Carrasco y el respaldo en el acordeón de Oswaldo Morelos, Cristian Álvarez y Daniel Barboza, se lanzan a este difícil y competitivo mundo vallenato con un trabajo discográfico donde nos muestran la esencia más pura de nuestro folclor, grabando canciones que se rigen a los parámetros de la música vallenata: paseos, sones, merengues, puyas y un aire alegre y popular en nuestro Caribe colombiano como lo es el chandé, que harán las delicias de todos los amantes y seguidores del vallenato en las próximas fiestas decembrinas y en los carnavales que se aproximan. Este álbum es como una zona de avituallamiento donde tenemos tanto para escoger, hay una mesa servida con muchas viandas, donde encontramos temas para todos los gustos: los hay de corte jocoso, romántico, costumbrista, narrativo, es como un bocatto di cardinale de nuestro folclor, en el que no sólo se pensó en el bailador sino también en al que le gusta las letras y el mensaje de las canciones.

En este desierto de esencia vallenata real y raizal por el que estamos atravesando, un trabajo discográfico como el de «MI CASA VALLENATA VOLUMEN I» nos hace sentir que encontramos un oasis puro, cristalino que mitiga nuestra sed y nos refresca.

El vallenato auténtico no ha muerto: para la muestra un botón, el secreto creo que está en atreverse, arriesgarse y encontrar un grupo de artistas como estos que quieran seguir siendo fiel a la tradición y dejar un legado para que los nuevos talentos sigan la senda que ellos están marcando. Esto es una gran muestra de perseverancia digno de emular y podemos aplicar el sabio adagio que dice «Quien quiere llegar busca caminos; quien no quiere llegar busca excusas».
De mi parte sólo me resta desearle muchos éxitos y que éste sea el primero de muchos trabajos discográficos del grupo «Mi Casa Vallenata».

VIDEOS:

1. https://youtu.be/06GPpm3ZtTo
2. https://youtu.be/IeY2r9oim6w
3. https://youtu.be/g4Iy8ujNln0
4. https://youtu.be/p-FE5qHf-0Y
5. https://youtu.be/vN8fb8KZi_A
6. https://youtu.be/Tte5nV1_ST4
7. https://youtu.be/LI3tuBN9DNI
8. https://youtu.be/i0LWY78jCxY
9. https://youtu.be/xG5d7TY7Mnw

Ramiro Elías Álvarez Mercado

JORGE OÑATE: EL ETERNO CANTANTE DE LA MÚSICA VALLENATA»

«Nuestra voz es la música que hace el viento al atravesar nuestro cuerpo»: Daniel Pennac.

Por: Ramiro Elías Álvarez Mercado

«Un cantante es un artista que produce con su voz melodías, normalmente utilizando palabras que pueden rimar, o también acompañado de música instrumental» .

El compositor y cantante de jazz estadounidense Roy Ayers dijo alguna vez «la verdadera belleza de la música es que conecta a la gente, lleva un mensaje y nosotros los músicos somos los mensajeros».
La anterior definición y concepto se aplica perfectamente a uno de los cantantes, más representativos y trascendentales de la música vallenata. Les hablo de Jorge Antonio Oñate González, quien llegó a este mundo un jueves 31 de marzo de 1949 en La Paz (Cesar), uno de esos pueblos bellos, apacibles, tranquilos, de gente humilde y trabajadora, que transpiran música y alegría por cada poro de su cuerpo. Hijo de Delfina Oñate oriunda de esta tierra y Daniel González oriundo del interior del país.


En ese ambiente tranquilo y musical fue creciendo este pequeño niño, que como todos los de su edad se dedicaban a los juegos infantiles y travesuras que son características de los moradores de la provincia. El pequeño Jorge desde muy temprana edad sintió el llamado celestial de la música, asunto que no le gustó a su progenitora, porque este arte en ese tiempo era sinónimo de tragos y parrandas y ella, como toda madre, soñaba verlo con un título profesional. Fue entonces su tía Julia Martínez que en contravía de su progenitora aupó las dotes artísticas del joven precoz, que cantaba a escondidas en parrandas y reuniones de amigos. Otra de las pasiones de Oñate era el fútbol, deporte que practicaba y en el que sobresalía razón por la cual llegó a jugar en las inferiores del equipo Unión Magdalena de «la bahía más linda de América», la ciudad de Santa Marta, pero su otra pasión «ser cantante» hizo que renunciara a su naciente carrera como futbolista; es decir, que el llamado de la música estaba por encima de todo. Su voz estaba predestinada de manera irreversible a alegrar los corazones de la gente, algo que hizo por más de cinco décadas ininterrumpidas.


Fue un mensajero portador de diversión, música, folclor, entretenimiento, con la que muchas generaciones y amantes de esta música se sintieron identificadas. Desde sus inicios sorprendió con la tesitura de su voz: nítida, afinada, firme, potente y melodiosa, algo que causaba alegría y admiración en sus coterráneos, como se tituló uno de sus trabajos discográficos: «Nací para Cantar» .


A la edad de 14 años ya era muy solicitado para deleitar con su voz a los pobladores de su terruño y poco a poco fue calando entre los seguidores de la música vallenata y conociendo a maestros y representantes de esta expresión folclórica y musical como: Rafael Escalona, Leandro Díaz, Emiliano Zuleta Baquero, sus paisanos Miguel y Pablo integrantes de la dinastía «Los López» así como al compositor Emiro Zuleta Calderón, entre muchos más. Motivo por el cual su señora madre Doña Delfina lo llevó a Bogotá y lo inscribió en el colegio de la Universidad Libre para que continuara con sus estudios. Pero como dice el viejo y sabio adagio popular «al que no le gusta el caldo se le dan dos tazas», en la fría capital colombiana tuvo un acercamiento con el Dr. Alonso Fernández Oñate, abogado, compositor y político quien en el año 1968 le propone grabar un trabajo discográfico con la agrupación Los Guatapurí, con el acompañamiento en el acordeón del Maestro Emilio Oviedo Corrales, donde curiosamente todas las canciones fueron de la autoría del Dr..Alonso Fernández y así nació el álbum titulado «Festival Vallenato», donde vinieron temas como: ‘Campesina Vallenata’, ‘Lavandera’, ‘María Eugenia’, ‘La Negrita del Ají’, entre otros. Los amantes de la música vallenata empezaron a conocer y deleitarse con una voz fresca, joven y distinta que partiría en dos la historia de la música de Francisco El Hombre. Si bien es cierto que antes de la aparición de Jorge Oñate en el panorama artístico, hubo algunas grabaciones donde el cantante se separaba del acordeonista, que por esa época eran los llamados músicos completos (tocaban, componían y cantaban) fue Oñate la voz que más trascendió y abrió la compuerta: marcó la senda de grandes vocalistas del vallenato como: Poncho Zuleta, Rafael Orozco, Diomedes Díaz, Beto Zabaleta, Silvio Brito, Daniel Celedón, Iván Villazón, etc.


Al año siguiente 1969 graba un nuevo trabajo discográfico titulado «Conmigo es El Baile» al lado del músico natural de San Juan Nepomuceno (Bolivar) Nelson Díaz en formato de música tropical, de esta manera comenzó a correr el rumor que había nacido una nueva voz con un timbre distinto a las que hasta ese momento se habían escuchado en este género musical.
Luego de aquel difícil debut Jorge Oñate se unió a la agrupación de los Hermanos López, sus paisanos pacíficos, «naturales de La Paz», con quienes escribió algunas de las páginas más recordadas de la historia del vallenato, que en ese momento tuvo un cambio significativo, ya que le imprimieron un toque de modernidad por así llamarlo, pero manteniendo su esencia original y provinciana.


Junto a Miguel y Pablo López Gutiérrez retoman un formato que había sido instaurado por el tres veces rey vallenato Alfredo Gutiérrez Vital, con guacharaca, caja, cencerro, tumbadora, bajo, acordeón y acompañamientos de primera y segunda voz, algo que le dio mucho realce a los coristas e innovaron en el canto, amalgamando la influencia que venía del bolero, la balada y la ranchera, mezclándolos magistralmente con el estilo de vallenato puro y auténtico del maestro Luis Enrique Martínez Argote conocido musicalmente como «El Pollo Vallenato», considerado como el creador de la escuela más grande en la ejecución del acordeón vallenato. Podríamos decir que fue la agrupación de los Hermanos López la encargada de abrirle campo a un cantante, que a la postre terminó convirtiéndose en la voz líder y figura representativa de la música vallenata, una idea de evolución sana y atractiva para el folclor.


La primera producción musical al lado de Los Hermanos López se convertiría en una mancomunada fábrica de éxitos se tituló «Lo último en vallenato», publicado por CBS en el año 1970; a este trabajo discográfico le siguieron «Diosa Divina», 1971; «El Jardincito», 1972 y seis más para un total de nueve publicados entre 1970 y 1975, dejando una estela de éxitos que se convirtieron en verdaderos clásicos de la música vallenata.
Los reconocimientos y calificativos por tan exitosa carrera musical no se hicieron esperar y es cuando es apodado como «Ruiseñor del Cesar» y «El Jilguero de América», los responsables de estos bautizos son el periodista y escritor cordobés Juan Gossain y el locutor y presentador cesarense Jaime Pérez Parodi.
El canto de estas dos aves canoras como el Ruiseñor y el Jilguero se caracterizan por tener un gorgeo agudo y prolongado, con cambios de tonos, alegres, melodiosos, sonoros y potentes que resultan agradables para el oído, algo que percibimos cuando escuchamos la voz del cantante de La Paz, a quien le quedaron bien puesto los mencionados apodos.


Luego de ese paso fructífero musical al lado de Los López se une con Emiliano Zuleta Díaz, miembro de otra dinastía que ha marcado con letras indelebles la historia de nuestra música vallenata, con quien grabó un solo álbum titulado «La Parranda y la Mujer» donde se desprendieron éxitos que quedaron para la posteridad. Este trabajo discográfico fue predecesor del álbum «Los dos amigos» junto al gran Nicolás Elías «Colacho» Mendoza Daza con el que grabó cuatro álbumes clásicos y como era costumbre en el Jilguero, fueron exitosos y se quedaron para siempre en la memoria de sus seguidores. La racha de éxitos y trabajos memorables del Ruiseñor del Cesar aumentó y se le unieron nuevas figuras en la ejecución del acordeón; tales como, Raúl «Chiche» Martínez y Juan Humberto Rois Zúñiga, jóvenes que alimentaron más su trayectoria con nuevos arreglos melódicos, con notas más briosas, finas, productos de sus juventudes, que sirvieron como un bálsamo y una reinvención en Oñate que lo llevaron a consolidarse como el cantate eterno de la música vallenata y para todas las generaciones, día tras día. De esa fructífera simbiosis quedaron discos tan recordados, por su altísima factura literaria y compases melódicos, algo en lo que Jorge Oñate demostró su sapiencia: la visión que tuvo en seleccionar las canciones para sus discos, asesorado y rodeado siempre de los mejores compositores en distintos estilos, pero fiel a su peculiaridad, siempre ceñido a los cánones del vallenato.


Su sólida y ascendente carrera artística continúa con Álvaro López Carrillo, hijo de Miguel, y digno representante de su dinastía con quien también cosechó éxitos que sus seguidores guardan en sus corazones.
También hizo pareja musical con Gonzalo Arturo «Cocha» Molina, Julián Rojas Teherán, Christian Camilo Peña, Fernando Rangel, etc.
El Ruiseñor del Cesar fue el cantante que más grabó con Reyes Vallenatos, incluyendo tres de los cuatro Rey de Reyes que hay hasta el momento.


Galardonado con muchos premios y reconocimientos en su larga trayectoria musical: 25 discos de Oro, 7 de Platino, 6 dobles Platino, varios Congos de Oro en el carnaval de Barranquilla, además de un premio Grammy a la excelencia musical, entre muchos reconocimientos más.
Jorge Oñate como lo dijo el maestro Roberto Calderón Cujia en su canción «Patrimonio Cultural» que le dio título al último trabajo discográfico del Jilguero de América con Álvaro López Carrillo, citando la frase de Julio César, el militar y político de la antigua Roma después de ganar una de sus batallas «VENI, VIDI, VICI» nos recuerda que el eterno cantante «VINO, VIO y VENCIÓ» y que la música vallenata encontró en él, una de las mejores voces que con su canto dio a conocer las historias cotidianas e inspiraciones narrativas, costumbristas, poéticas y filosóficas que hoy son recibidas con beneplácito por todos los amantes de esta expresión musical, folclórica y cultural.

El pasado domingo 28 de febrero de 2021 la voz de Jorge Oñate se apagó , pero quedará por siempre intacta en nuestras memorias y corazones.

BLOG DEL AUTOR: Ramiro Elías Álvarez Mercado

UN REY VALLENATO «INMARCESIBLE»

«Sin la música la vida sería un error»
Friedrich Nietzsche .

Por: Ramiro Elías Álvarez Mercado

Su estampa de ébano, recia, imponente, hacía que su presencia nunca pasara desapercibida.


Como reza el sabio adagio popular: «los tiempos de Dios son perfectos» y esto aplica al pié de la letra con «El Negro Grande del Acordeón», Gilberto Alejandro Durán Díaz quien recibió el llamado celestial de la música después de dos décadas de su nacimiento en el Paso: un bello y pintoresco pueblo del departamento del Cesar; llegó a este mundo el domingo, 9 de febrero de 1919, próximos a los ríos Ariguaní y Cesar. En medio de cantos de vaquería y tamboras se fue formando poco a poco la historia musical de este ícono de la música vallenata. Ese ambiente alegre y bullanguero de su pueblo fue parte fundamental para que Alejo (así se conocía) decidiera dedicarse al arte musical, a pesar de haber aprendido a ejecutar el acordeón ya con la mayoría de edad pero que la llevaba en su sangre desde que fue concebido por sus padres, profesión a la que se dedicó por el resto de su vida, hasta que el creador lo llamó a rendir cuentas el día miércoles, 15 de noviembre de 1989, en la ciudad de Montería. Sus restos reposan en Planeta Rica (Córdoba), lugar que eligió como su tierra adoptiva.


Su vena musical es heredada de sus antepasados, quienes junto a su madre Juana Francisca Díaz Villareal, cantaora y bailadora de tamboras y su padre Nafer Donato Durán Mojica acordeonista, abrieron la trocha para que él y sus hermanos conformaran una de las dinastías más representativas de la música vallenata: Los Durán. Podemos decir que Alejo estaba predestinado para continuar con ese legado artístico.


Su hermano mayor Luis Felipe Durán Díaz, su tío Octavio Mendoza «El Negro Mendo», un gran acordeonista de la época, merenguero por excelencia y su amigo Víctor Julio Silva lo influenciaron de manera sustancial en la ejecución del acordeón: instrumento con el cual logró una afinidad absoluta, como diríamos popularmente «amor a primera vista», gracias a su tenacidad y ahínco en determinar un estilo propio, que se caracterizó por una nota pausada, sin aceleres, exquisita, sencilla y con énfasis en unos bajos sonoros marcantes o de acompañamientos con los que adornaba sus bellísimas melodías, respaldadas por su voz fuerte, clara, melodiosa, con acento profundo y nostálgico, así como por las muletillas que siempre acompañaron sus interpretaciones y que hacen parte de su sello característico: «¡Oa»!, «¡Apa!», «¡Sabroso!» .


Cuando cumplió los 24 años comenzó a soñar con su trasegar en la vida musical, ya que en ese momento el acordeón se había convertido en su más fiel compañero, es cuando decide salir de su adorado terruño y dar a conocer su música y talento, algo que caló muy fácil y rápido en sus nacientes seguidores en donde se presentaba; porque aparte de lo expuesto anteriormente, tenía un carisma arrollador y seductor ante el que sucumbían todos los que escuchaban las notas mágicas y sonidos embrujadores que brotaban de su instrumento bendito.


Después de varios años recorriendo diversos pueblos del Caribe colombiano en sus famosas «corredurías» de largos meses, llega a la ciudad de Barranquilla donde cristalizó uno de sus sueños: la grabación de su primer disco, en el año 1950, titulado «GÜEPAJE», paseo vallenato conocido también como «LA TRAMPA», a partir de su llegada a la pasta sonora su figura alcanza una dimensión impresionante y se consolida musicalmente con su estilo auténtico, único e irrepetible, con el que empieza a diferenciarse cada vez más de sus compañeros de oficio, no sólo en la interpretación de su acordeón sino porque ya no sólo se limitaba a relatar las cosas que acontecían en los pueblos como lo hacían los demás juglares de su época, sino que las adornaba con su criterio personal. Había pasado de lo meramente anecdótico a un mensaje más directo y contundente, su percepción del amor y las mujeres, el entorno natural que lo rodeaba, junto con la mirada filosófica de la vida fueron los temas más frecuentes en el «Negro Durán» como compositor.
La consagración como el primer Rey Vallenato en el año 1968 le empieza a dar mucho más prestigio a la música vallenata, porque encontraron en el «Rey Negro» al más digno representante de esta expresión musical, folclórica y cultural ya que encarnaba la figura del juglar y músico completo (cantante, compositor y acordeonista) además de ser querido y casi que venerado por propios y extraños.


Fue un juglar que no solo interpretó sus propias creaciones, también lo hizo con obras musicales de autores de gran renombre como: Rafael Escalona, Leandro Díaz, Julio Erazo, Juancho Polo, Tobías E. Pumarejo, entre otros y lo hizo con mucha altura y calidad porque sabía imprimir con su voz e instrumento, un dejo tan especial y repleto de mucho sentimiento; es decir, era capaz de vivir y sentir la canción como si fuera suya. Además de interpretar otros aires del Caribe colombiano como: cumbia, porro, paseaíto y la creación de otros aires musicales «el porrocumbé» fusión de porro y merecumbé, también fueron muy famosas las adaptaciones que hizo de esas tamboras a música de acordeón, esas que desde niño le escuchó cantar y vio bailar a su progenitora, tales como: «La candela viva», «Mi compadre se cayó», «Dime con quién andas», entre otras.


El maestro Alejo Durán dejó un legado musical incalculable, por lo que hoy sigue siendo para muchos, el más grande juglar del folclor vallenato de todos los tiempos, quien le dio la dimensión histórica a esta expresión musical que es orgullo de nuestro Caribe y nuestra carta de presentación ante el mundo. Hoy por hoy se pueden escuchar sus notas sublimes y mágicas por medio de los canales que difunden música y en las ejecuciones de sus canciones que se llevaban a cabo en los festivales vallenatos que se hacen a lo largo y ancho del país y en otros países como México y EEUU.


Hoy cuando recién celebramos los 102 años de su natalicio valoramos cada día los más de 40 de vida artística y más de 100 trabajos discográficos que nos regaló para la historia, con los que se paseó por muchísimos escenarios, en pueblos, grandes ciudades dentro y fuera del país, pero jamás se dejó enfermar por la fama, ni incurrir en ningún tipo de vicios que muchas veces van ligados a estos fenómenos, por el contrario nunca cambió su estirpe de hombre campesino, noble y sencillo, fiel a su idiosincrasia y que estamos seguro que a pesar de su aporte, no dimensionó la grandeza que encerraba.
Es por eso que el maestro Alejandro Durán Díaz, es el juglar más trascendental e inmarcesible no solo de la música vallenata, sino de la música colombiana en general.

Vida eterna para el primer Rey del Festival de la Leyenda Vallenata.

BLOG DEL AUTOR: Ramiro Elías Álvarez Mercado

SARA ARANGO PÉREZ «LA REINA DEL ACORDEÓN»

«No sé qué tiene el acordeón de comunicativo que cuando lo escuchamos se nos arruga el sentimiento»: Gabriel García Márquez

Por: Ramiro Elías Álvarez Mercado

Gracias a este mundo globalizado, y más cercano por la magia de las comunicaciones y las redes sociales, hemos tenido el privilegio de conocer grandísimos talentos que muchas veces han estado ocultos por falta de apoyo y oportunidades, dentro de esos talentos quiero destacar y resaltar el de una adolescente muy carismática y genial que se viene abriendo paso de animal gigante en este competitivo y muchas veces discriminado y hasta machista mundo de acordeonistas, pero que con su aporte, capacidad y aptitud viene dándole una nueva oxigenación a la música vallenata. Se trata de Sara Arango Pérez quien llegó a este mundo el 27 de marzo de 2005 en el pintoresco y alegre municipio de La Apartada (Córdoba), más exactamente un día domingo el cual es de un ambiente bullicioso, alegre y festivo, para los habitantes de estos pueblos, porque es el día en que normalmente los campesinos de la zonas rurales pertenecientes a la cabecera municipal llegan a vender sus productos, aprovisionarse para su semana laboral y porque no decirlo también a tomarse uno que otro licor y participar en una parranda amenizada por músicos de la región, o el sonido de una tienda, cantina o bar.

Abrió los ojos escuchando el fluir de las aguas cantarinas del majestuoso e imponente Río San Jorge, muchas veces temeroso y otras apacible y silencioso rodeada de los aromas de las flores locales, los trinos de las aves silvestres y la belleza de su entorno.

Es la hija mayor del hogar conformado por Edwin Andrés Arango Restrepo y Lina Marcela Pérez Padilla y sus dos hermanos menores Alexandra de 13 años y Eleazar de 11. Su padre, un licenciado en teología y músico de percusión; su madre, una profesional en Administración en Salud y Recursos Humanos: ellos han sido la base fundamental en la crianza con buenos valores, ética y moral de su primogénita y demás hijos.

Sarita, como cariñosamente la llaman sus padres y allegados, realizó sus estudios de básica primaria en la Institución Sitio Nuevo y la secundaria en el Colegio Daniel Alfonso Paz (INDAPAZ) de La Apartada donde recién se graduó como bachiller y a la par también obtuvo el título como Técnico en Sistemas del SENA (Servicio Nacional de Aprendizaje) en el año 2020.

Esta niña prodigio del acordeón, según nos contó su padre, antes del primer año de nacida, ya era seducida por los sonidos mágicos que emanaban del instrumento arrugado porque al escucharlos movía sus deditos simulando la interpretación del mismo y una sonrisa iluminaba su bellísima carita angelical. Fue así como vio en su hija la oportunidad de cumplir un sueño frustrado que tuvo desde niño: ser acordeonista. Por eso siempre ha sido su apoyo, su bastón, su guía incondicional y también asesor musical en la naciente carrera de esta estrella que brilla con luz propia en el firmamento vallenato y de otros aires musicales como: la cumbia, el porro, paseaíto, pasillo, entre otros.

La magia y el encanto entre Sarita y el acordeón fue como se diría popularmente «amor a primera vista», pero fue hasta antes de cumplir los 11 años cuando su papá hizo un esfuerzo económico y, mediante un préstamo bancario, le compró ese regalo soñado. Seguidamente la ingresó a una escuela de su terruño donde con la mirada atónita del profesor, la primípara alumna, se aprendió en el primer día de clases, la melodía de la «Piña Madura». Bajo la supervisión de su papá y el apoyo incondicional de sus maestros de la escuela y colegio como Luis Castañeda, Carmelo Rodríguez, Efraín Peña y Gerardo Porto, despega y continúa su ascendente carrera musical.

Admiradora de grandes maestros del acordeón como Israel Romero Ospino, «El Pollo Isrra»: el primer estilo en el que enfocó y se convirtió en una alumna aventajada; ahora es común escucharla ejecutando pases y melodías emulando a grandes acordeonistas que han dejado una huella indeleble en la historia del folclor como: Emiliano Alcides Zuleta Díaz, Héctor Arturo Zuleta Díaz, Nicolás Elías «Colacho» Mendoza Daza, Álvaro López Carrillo, Navín López, Juan Humberto Rois Zúñiga, Julián Rojas Teherán, etc. Ellos, los que han tenido la oportunidad de escucharla, han sucumbido y enviado mensajes de admiración ante la calidad interpretativa de la adolescente apartadense.

Su majestuosidad, pulso, precisión en las notas, firmeza en los dedos y ejecución de su instrumento bendito y sagrado acompañado de un carisma arrollador, una sonrisa encantadora y contagiosa la han convertido en «La Reina del acordeón infantil”, la más laureada y ovacionada, obteniendo el primer lugar alrededor de unos veinte festivales de música de acordeón donde se ha consagrado, por su derroche de creatividad, talento y disciplina.

Son testigos de sus proezas y galardones los festivales de La Apartada (su tierra natal), Ayapel, Sahagún, Buenavista, Montelibano, en el departamento de Córdoba; Los Palmitos (Sucre), San Juan de Urabá (Antioquia) y la consagración en el festival vallenato femenino EVAFE en Valledupar, entre muchos más.

Sarita, a parte de interpretar de manera magistral la música vallenata y otros aires musicales del Caribe colombiano, también nos deleita con otras proezas como ejecutar el acordeón en la espalda, con el dedo meñique, es ambidiestra y ejecuta casi toda la melodía de una canción utilizando únicamente los bajos del instrumento; por eso es comúnmente escuchar y ver sus vídeos en el programa radial y canal de YouTube del maestro Julio César Oñate Martínez, «JUGLARES» donde muy frecuentemente nos presenta algo nuevo de esta talentosa artista. El maestro Emiliano Alcides Zuleta Díaz dice: «para tocar acordeón, primero hay que saber dónde tiene el corazón» y creo que ya Sara Arango descubrió el corazón de su acordeón y de ahí su gran capacidad y maestría en la ejecución.

Su gracia natural, donaire, virtuosismo, destreza, clase y elegancia la hacen merecedora de un sitial de honor en nuestro panorama artístico y musical donde la tendremos por muchos años encumbrada como «La Reina del acordeón»


BLOG DEL AUTOR: Ramiro Elías Álvarez Mercado

WILFREDO DE JESÚS ROSALES ORTEGA:» LA BIBLIA DEL VALLENATO»

«Soy una gota de memoria en un mar de sabiduría»

Por: Ramiro Elías Álvarez Mercado

En este mundo de la investigación sobre la música vallenata encontramos de todo: folcloristas, escritores, cronistas, vallenatólogos, coleccionistas, etc. Pero hay un personaje que por su capacidad memorística, se ha metido en el corazón de los amantes de esta expresión musical, folclórica y cultural: me refiero a Wilfredo De Jesús Rosales Ortega, conocido popularmente como «La Biblia del Vallenato», quien llegó a este mundo un jueves 26 de junio de 1969 en Sincé (Sucre) en el hogar conformado por Alfonso Rosales y Enalba Ortega, también oriundos de esta bellísima tierra sabanera, campesinos humildes, sencillos, trabajadores y de buenas costumbres, valores éstos que le fueron inculcados a todos sus hijos y que a la postre convirtieron a Wilfredo en un hombre de bien.

Sus estudios primarios los realizó en la Escuela la Salle, también conocida como «La Planta» donde empezó a mostrar su capacidad para retener, en razón a que se le facilitaba memorizar las lecciones y clases que le dictaban sus primeras profesoras: Liliana Muñoz, Rosa Bárcenas y Elizabeth Ramírez, quienes admiraban esa capacidad de almacenamiento de datos escolares que él tenía y que no fueron desapercibidos por el rector de dicha escuela, el Profesor Roberto Acosta quien vio en él un potencial muy bueno, pero que para nuestro personaje en mención no eran de mucha importancia en el momento, porque como todo niño de su edad estaba más pendiente de sus juegos y travesuras infantiles.

Inicia sus estudios de secundaria en la Institución Educativa San Juan Bautista de La Salle de Sincé donde se graduó de bachiller el 5 de diciembre de 1986.

Para el año 1978 salen al mercado dos trabajos discográficos que marcarían el gusto de este sinceano por la música vallenata «Los Elegidos» del Binomio de Oro, agrupación conformada por la reciente unión de Rafael Orozco e Israel Romero y «Tierra de Cantores» de los Hermanos Zuleta Díaz (Poncho y Emiliano), gracias a que Don Alfonso, su señor padre en su llegada del vecino país de Venezuela, a pasar las festividades decembrinas con su familia en su terruño, al cruzar la frontera y llegar a Maicao, municipio comercial de la Guajira, compró una grabadora de marca RIVIERA y con ella los dos casetes que contenían los mencionados trabajos discográficos; y éstos fueron a caer en manos de un niño de nueve años, inquieto y curioso, llamado cariñosamente y abreviadamente: «Wilfre», quien empezó a deleitarse con esas maravillosas canciones y se aprendió sus letras, animaciones, saludos y el nombre del compositor de cada de ellas haciendo gala de su mente fresca y prodigiosa.

A medida que va creciendo sigue aumentando su gusto por la música vallenata y empieza a conocer la obra musical del maestro Leandro José Díaz Duarte, quien se convirtió en su compositor favorito, por el que siente una gran admiración y respeto algo que lo lleva a decir que es un «LEANDRISTA al 1000%».

Al culminar su secundaria y por la falta de oportunidades para seguir con los estudios universitarios, ya con la recién obtenida mayoría de edad se trasladó a Venezuela en compañía de su progenitor donde trabaja en fincas ganaderas como ordeñador. Luego de casi dos años en tierras venezolanas regresa nuevamente a su Sincé del alma y comienza a trabajar en una finca cercana en donde poco tiempo después sufre un accidente laboral y debido a la poca atención que le prestó el dueño de la finca debe renunciar a su trabajo y toma la decisión de trasladarse para la “capital de la montaña”: la ciudad de Medellín y empieza a trabajar como guarda de seguridad (vigilante), oficio por el que se ha dedicado por 30 años, ininterrumpidamente. Y es precisamente en su sitio de trabajo, una unidad residencial llamada «Tierra Alta», donde descubre en su totalidad ese don que Dios le dio: la capacidad de almacenar datos en su prodigiosa memoria. Todo comenzó porque en dicha unidad residencial se dañaron los 250 citófonos, de un número igual de apartamentos, y por ello debió memorizar todos los números telefónicos y nombres de cada uno de los residentes. Entonces fue cuando este detalle lo hizo retroceder en el tiempo y comenzó a recordar títulos de canciones vallenatas, con su autor, intérpretes, sello discográfico, saludos, número de las canciones y el lado de las carátulas, coristas, resto de los integrantes de la agrupación y muchos datos más, algo que es impresionante y difícil que otro ser humano lo haga con tanta precisión y rapidez; por ello ha tenido el reconocimiento, la admiración y halagos de propios y extraños, sobre todo de los artistas que se sorprenden con tantos datos almacenados en su memoria muchas veces olvidados por ellos mismos.

Este gomoso de la música vallenata dice que cuando escucha una caja, guacharaca y acordeón o a alguien hablar de vallenato no quiere parar de expresar y transmitir su conocimiento, porque para él la música vallenata es simplemente su vida, por eso se ha tomado el trabajo de no solo coleccionar Lp’s y CD’s de la mayoría de los artistas de este género musical, sino de conocerlos personalmente y preguntarles directamente informaciones que nadie más podría retener. Cuando lo someten a pruebas de preguntas responde con una rapidez asombrosa y casi sin pensar, como si fuera una máquina repetidora, proezas que han llevado al escritor, folclorista y compositor Julio César Oñate Martínez a llamarlo como «El hombre de los cuatro cerebros».

Es tanta la información que Wilfredo Rosales Ortega almacena en su disco duro natural que personajes vinculados al folclor vallenato como Israel Romero lo llevó a Villanueva (Guajira) y presentarlo como jurado del Festival Cuna de acordeones, bajo el nombre de «La computadora humana» y estar presente en grabaciones de artistas de gran trayectoria como Alfredo Gutiérrez, Emiliano Zuleta, Iván Villazón, Otto Serge, Miguel Morales, Aníbal Velázquez, José Alfonso «El Chiche» Maestre entre otros.

El fallecido periodista, escritor y cronista del Caribe colombiano, Ernesto McCausland lo entrevistó y dicha entrevista sirvió de base para que le prestaran un proyecto a la FLA (Fábrica de Licores de Antioquia) donde participó en uno de los atractivos del Festival de la Leyenda Vallenata Versión 2010 titulado «El Reto del Sabor y El Saber con Aguardiente Antioqueño Azul y la Biblia del Vallenato»: recorriendo las calles y lugares emblemáticos de la ciudad de los Santos Reyes, le lanzaban preguntas a quemarropa y si lo «corchaban» la persona se ganaba una botella del mencionado licor, evento que fue apoteósico en el cual fue ovacionado por los habitantes de la capital mundial del vallenato y de donde salió triunfante.

Otra gran satisfacción para Wilfredo es que el vicepresidente del sello discográfico Codiscos, Fernando López lo haya tenido en cuenta en varias oportunidades para sacar selecciones de música vallenata de sus mejores agrupaciones musicales.

Hoy en día casado con Alicia Muñoz de cuyo amor nacieron sus cuatro hijos: Tania, Laura, Andrés y Leandro, continúa viviendo en Medellín donde combina su trabajo como guarda de seguridad con la asistencia a distintos eventos musicales y culturales de vallenato donde es invitado a lo largo y ancho del Caribe colombiano y parte del interior del país para mostrar todo su conocimiento y sapiencia.

Un hombre sabanero por nacimiento pero gustoso de la música vallenata, decisión por la que ha tenido discrepancias con personajes nacidos en su terruño que no entienden la libertad de escogimiento musical con que nace cada individuo.

Solo espero que toda esa bibliografía musical que preserva este sinceano de nacimiento y corazón y antioqueño por adopción en su prodigiosa memoria, sea plasmada alguna vez en un libro y que quedara como material de consulta para todos los que nos gusta ahondar e investigar sobre esta bellísima música vallenata que llevamos en el corazón, cuyo título sería «Wilfredo Rosales: La Biblia del Vallenato».

BLOG DEL AUTOR: Ramiro Elías Álvarez Mercado