Enviado por: Lolita Acosta
MARIO JAVIER PACHECO GARCÍA/Historiador
“La cumbia es una princesa del país de Pocabuy”
(José Barros)
El Banco es un onírico municipio bañado por las aguas del río Magdalena en su confluencia con el río Cesar, donde se desarrolla, desde hace 40 años, el Festival Nacional de la Cumbia, este año, en su 27º edición, se hizo entre el 14 y el 17 de julio, y a donde llegué como conferencista sobre patrimonio cultural inmaterial sin sospechar la magnitud del evento que presenciaría.
Desde que se toma la vía comienza la introducción al mundo macondiano de los pueblos de la ribera con todos los adornos del imaginario popular. De Ocaña hay que ir a Aguachica y de allí a El Burro, donde comienza una carretera sin pavimentar hasta Tamalameque y luego a La Oreja, donde se toma una chalupa que rompe el agua y deja ver sobre el oleaje paisajes ensoñadores de soles rojizos, de verdes apresurados y de puntos de civilización entre la espesura de las orillas, hasta que se divisa la torre de la catedral de El Banco y se desembarca en el muelle en medio de la confusión que produce la vocinglería de vendedores de plátano y de pescado.
El Festival Nacional de la Cumbia José Barros Palomino es una portentosa empresa cultural cuyo objetivo es preservar, difundir, enseñar, promover y salvaguardar la cumbia, mediante el estímulo a cuatro actividades: bailadores de cumbia por parejas, canción inédita, desfile de comparsas y el Imperialato Nacional de la Cumbia.
La participación de los banqueños eriza la piel, son millares los que participan en los eventos y muchos más los que se vuelcan a las calles para aplaudir a las carrosas, bailarines y a las reinas; pero no se ha visto nada hasta que se asiste a los actos centrales. El escenario es un sitio de ficción que flota en el río, construido sobre un planchón, donde se condensa la rica imaginación banqueña, lleno de color y luces sobre el Magdalena y que reúne a niños de tres años con venerables ancianos de ochenta para hacer cumbia y para hablar un mismo lenguaje que trasciende la barrera generacional, porque es el idioma de la identidad regional que inocula en el alma Verushka Barros Manzano, presidenta del Festival, y su equipo de trabajo.
Cuando en Europa descubran que en lugar de leer la literatura de García Márquez se puede venir a vivirla en El Banco, con la emoción florecida, besando el aire cálido de la ribera al lado de exuberantes cumbiamberas, se vendrán en masa a este destino turístico todavía virgen para los extranjeros y muchos nacionales.
Los actos comienzan con la llegada de la Piragua de Guillermo Cubillos, impulsada por los remos de doce bogas con piel color majagua y alumbrada por un espectacular juego de pólvora que saca chispas irisadas a las aguas del río.
Hacer empresa cultural en nuestro país es una misión quijotesca, porque aquí no hay memoria sobre quienes contribuyeron a forjar la identidad y aunque todos disfrutemos del producto de su creación, como las composiciones musicales, dejamos el peso de preservarlas y cuidarlas a unas pocas personas.
Dejo aquí testimonio de admiración a Dora Manzano, la gestora cultural refugiada hoy en Gamarra, quien compartiera la vida de José Barros y es la madre de tres de sus hijos: Verushka, Katiushka y Boris Barros Manzano; al alcalde Alberto José Puerta y su esposa Nadima Rangel; a los jurados: Wilfrido Álvarez, de Sayco, Amparo Murillo, historiadora de Antioquia, Olmo Guillermo Liévano, importante personaje huilense, Gloria Gómez, directora de La Nación, Orlando Velásquez, dirigente cívico y cultural del Cesar, Lolita Acosta, directora de la Fundación Reyes y Juglares Vallenatos, Carlos Vásquez, folclorólogo, y Antoine de Francisco, músico, con quienes compartí la experiencia de vivir el Festival Nacional de la Cumbia, una manifestación que tiene todos los derechos para ser incluido en la Lista Representativa de Patrimonio Cultural Inmaterial de Colombia.
