
El pasado miércoles 20 de julio el Ministerio de Cultura, como parte del “Tributo a la cultura afro, negra, raizal y palenquera”, rindió desde Bogotá un homenaje a las cantadoras Petrona Martínez, Leonor González Mina, Graciela Salgado y Totó, ‘la Momposina’.
Los artistas afro y representantes de la música tradicional del país fueron homenajeados el pasado miércoles 20 de julio en un concierto que fue transmitido para todo el país desde el Palacio de los Deportes de Bogotá para celebrar el Grito de la Independencia. En el concierto, tributado a la cultura afro, negra, raizal y palenquera, se hizo reconocimiento especial de cuatro de las más grandes artistas negras, representantes de la música tradicional en Colombia y el mundo: Petrona Martínez, la ‘Reina del bullerengue’; Leonor González Mina, la ‘Negra Grande de Colombia’; Graciela Salgado, directora del grupo ‘Las Alegres Ambulancias’, y Sonia Bazanta Vides, Totó, ‘la Momposina’.
El encuentro sirvió para que los colombianos pudiéramos acercarnos al trabajo cultural de la comunidad negra de nuestro país, marginada desde hace dos siglos por razones gubernamentales y económicas, pero fundamentalmente por el racismo que aún hoy se conserva de manera preocupante. Según Leonor González Mina, ‘la Negra Grande de Colombia, “en este momento la gente no quiere que se nos diga negros, y exigen que se nos diga ‘afrodescendientes’, si eso somos todos; del África salieron todas las razas. A Fulgencio Padilla cada día lo pintan más blanco; falta que le pongan los ojos azules. Pero a los negros en este país ya nos están conociendo; ya estamos saliendo del clóset; y los negros que se están conociendo son personas importantes. Yo estoy luchando porque nosotros los negros nos unamos, y así podremos poner gobernadores y presidente en este país”. Se habló insistentemente de la importancia que los promotores culturales deben dar al folclor colombiano. Se citó el caso de Petrona Martínez, más conocida en el exterior que en nuestro país: “Que me perdone Colombia –dice ella–, pero esa es la realidad; a mí tuvieron que reconocerme primero en el exterior para que lo hicieran en mi país. Colombia no reconoce lo que tiene hasta que lo pierde”.
¿Cómo puede haber más difusión?
Tanto artistas como asistentes y periodistas están de acuerdo en que la música nuestra no tiene respaldo en los promotores y en los medios de comunicación, pero consideran que una buena parte de la difusión debe estar apoyada en el proceso educativo de nuestro país. Esta celebración nacional, piensan ellos, ha sido sin duda un primer paso importante para que Colombia comience a conocer y a reconocer los valores culturales que nacen en la nación, y que, como dijo Bolívar, sirvan para que “se consolide la unión” y cesen esos antivalores, como el centralismo y el racismo, que tanto daño han hecho en el proceso de definición de un Estado independiente. Así lo sienten también estas cuatro negras, que hoy son verdaderos símbolos de nuestra identidad, y reconocen tanto su propio trabajo como el honor que se les brinda: “Me siento –dijo Petrona– como una china chiquitica cuando le dan su regalo de Navidad; por eso, agradezco al Ministerio de Cultura, porque nos ha brindado este homenaje en vida, que es cuando uno lo recibe, lo percibe y lo agradece, porque después de muerto, uno ni oye, ni ve, ni entiende”. “Claro –remató la ‘Negra Grande de Colombia’–, los homenajes son aquí y ahora, porque cuando esté uno chupando gladiolo, ¿ya para qué?”.
Los artistas negros, así como muchos de los artistas dedicados durante toda su vida al engrandecimiento de la música folclórica colombiana, ven con buenos ojos este tipo de reconocimientos, pero hacen evidente que han permanecido abandonados por los intereses de los promotores culturales, que han cambiado radicalmente el enfoque y han totalizado sus propósitos en términos definidos por un comercio masivo que responde a parámatros distantes de lo que tiene que ver con la identidad. El grupo de Providencia, ‘Coral Group’ –en cuya entrevista debió recurrise a intérprete porque los colombianos insulares y los continentales no hablamos la misma lengua– agradeció esta invitación, pero espera que los medios nacionales lo tengan en cuenta cuando se trate de difundir su trabajo, y que los colombianos piensen que para el país el archipiélago es más que un destino turístico. Por su parte, José Antonio Solís, ‘Gualajo’, ‘el pianista de la selva’, trató de disimular cordialmente cuando se le preguntó sobre la importancia y el respaldo que ha significado Sayco en su desarrollo como uno de los artistas insignes de la raza negra de nuestro país. Octavio Panesso Arango, formado musical e intelectualmente en la Sorbona, en París, creador y director del grupo Saboreo, asegura que los empresarios culturales deben invertir en el proyecto cultural de Colombia porque es una alternativa verdaderamente rentable, y que no debemos empeñarnos en mantenerlo en el sótano. “Una de las alternativas es meter el enfoque cultural en todos los planes y proyectos de desarrollo, y que el congreso legisle para la cultura; la otra, que el sistema educativo comprenda su importancia en el reconocimiento cultural de nuestro país, y que Colombia debe estudiarse desde aquí, y no desde afuera. Lamentablemente hoy, ni nosotros mismos, los productores artísticos, nos reconocemos, porque no hemos tenido acceso al trabajo cultural de los demás”.
PUNO ARDILA/VANGUARDIA
