Extraordinario fue el lanzamiento en vivo del nuevo álbum de Silvestre Dangond y Juancho De la Espriella, No Me Compares con Nadie.
Un show cargado de buena música, juegos pirotécnicos, efectos especiales y buena energía fue lo que se apreció la noche del viernes en el parque de la Leyenda Vallenata.
Cuando ‘el hijo de Urumita’ subió al escenario desató el frenesí colectivo: gritos de emoción y aplausos no se hicieron esperar. La gente manifestaba de diferentes formas su felicidad por apreciar de cerca a su ídolo musical.
La voz potente de Silvestre y las notas diestras del acordeón de Juancho fueron el aliciente para miles de personas que se trasladaron de varios rincones de la ciudad, del país y del exterior para vivir el espectáculo.
Poco a poco los artistas exhibieron las canciones de su reciente producción discográfica y algunas del CD anterior, generando una ‘cascada’ de emociones entre los asistentes, que bailaron y cantaron sin parar.
Lleno total
El espacio del parque de la Leyenda Vallenata quedó pequeño para albergar a los ‘silvestristas’ que llegaron al lugar.
Poco a poco el sitió se tornaba enrojecido por la gran cantidad de personas con camisetas, gorras, accesorios y hasta cabellos rojos, demostrando el fervor por el artista.
Como si se estuviese en pleno Festival Vallenato, se crearon largas filas que llegaron hasta la glorieta ‘Mi Pedazo de Acordeón’; pero a las personas poco les importó esperar largo tiempo y tolerar incomodidades, lo único importante era no perderse el evento tan anunciado por los medios.
Era tanto el afán de entrar, que algunos evadieron
las medidas de seguridad, ‘volándose’ paredillas y generando brotes de desorden que fueron controlados por la fuerza pública.
En el ‘filo’ de la noche, cuando el espectáculo había iniciado, las puertas del parque tuvieron que ser cerradas ante la multitud que existía, dejando a muchos entristecidos y coléricos; ellos no tuvieron más remedio que escuchar el show a las afueras del lugar, bailarse a Silvestre en estancos o sitios nocturnos, mientras que los más decepcionados se devolvieron a sus hogares con la esperanza de vivir el show en vivo el próximo año.
Richard Dangond/ VANGUARDIA
