El 3 de noviembre, en Cali, será el concierto del cantautor argentino Alberto Cortez. Confesiones del nominado al Grammy Latino.
Por: Isabel Peláez, reportera de E Domingo, Octubre 30, 2011
En el 2007, en Las Vegas, Alberto Cortez recibió el Grammy Latino a la Excelencia Musical. Pero tropezó en una escalera mecánica y se lesionó una vértebra.

“Yo estaba bastante subido de peso, tenía casi 150 kilos y el golpe fue duro, mientras iba cayendo, caían conmigo todos los que venían subiendo. De pronto sentí unas manos que me agarraban la cabeza, era una joven, rubia, que me dijo en castellano: ‘Tranquilo, yo tengo tu cabeza’. Y me depositó suavemente la cabeza en el suelo, le di un beso en la mano y desapareció. Después que no me digan a mí que el ángel de la guarda no existe”.

Muchas anécdotas ha coleccionado en 50 años de carrera José Alberto García Gallo, el intérprete de ese himno de la amistad: “A mis amigos les adeudo la paciencia de tolerarme mis espinas más agudas, los arrebatos del humor, las negligencias”.

Este año, el hermano de versos de Facundo Cabral, vuelve a estar en los Premios Grammy Latinos, ahora como uno de los nominados en la categoría ‘Mejor disco de cantautor’ por su producción ‘Tener en cuenta’, un álbum que aún no llega a Colombia. Así habló el cantautor argentino con El País:

¿Para un artista de su trayectoria, qué significa un Grammy?

Es una sorpresa fantástica, absoluta, totalmente inesperada. A mí me entregaron un Grammy Latino en el 2007. Me llevé un susto capital cuando me dijeron que me iban a dar uno, porque sé que los Grammy se los dan a gente que vende millones de discos y que hace conciertos gigantescos. Pero cuando me dice el presidente de la Academia: ‘Le queremos entregar un Grammy por la Excelencia Musical’, ahí cambiaron las cosas. Me sentí muy honrado y fui a Las Vegas a recibir el premio.

Y este año repite como nominado…

Sí. De pronto, este año, aparezco en una terna por el disco ‘Tener en cuenta’, como el Mejor Disco de Cantautor de este año. ¡Ah, caray! Eso me sorprendió, me llenó de gusto, porque me demuestra que aún estamos vivos y con los faroles encendidos, y que lo que estamos haciendo le sigue pareciendo interesante a la gente.

Hace poco recibió una muy triste, la muerte de Facundo Cabral… ¿Le hará homenaje en esta gira?

Es un recuerdo a Facundo, que fue un gran amigo. Escribí unos versitos sueltos, para enganchar una canción de él y cantarla. A mí me tiró contra la pared esa cosa, me dejó tarumba (atontado), parece mentira que un hombre que toda su vida se dedicó a hablar de la paz entre los hombres y la unidad, de golpe vaya a la tumba por parte de un balazo en la cabeza de quien haya sido. Lo recuerdo con un inmenso cariño, Fue un gran amigo y un gran artista. Aprendí muchísimo de él. Recorrimos todos los teatros de América y de España con ‘Lo Cortez no quita lo Cabral’.

Eran más que amigos… hermanos…

Claro, cuatro años de convivencia, de viajar todos los días en el mismo avión, de dormir en el mismo hotel, de comer en el mismo restaurante. Todas esas cosas fueron haciendo una montaña de afecto, de cariño, que la gente que venía a los teatros nos decía: “Parece que ustedes fueran mellizos por la manera en que se comportan en el escenario”.

¿Qué cosas simples valora más?

La vida misma nos pone todos los días cosas, uno las puede complicar pero a mí no me gusta hacerlo. Por eso a alguien se le ocurrió decir que soy el ‘Cantor de las cosas simples’. También me llamaban ‘La voz de la amistad’, porque hablo mucho de los amigos. ‘A mis amigos’ es una especie himno en Colombia. ¿No es así?

¿Se arrepiente de haber rechazado ser un ‘latin lover’ en Hollywood?

No, nunca me arrepentí, porque el precio que me pedían para eso era demasiado caro, una moral con la que no coincido. La persona que quería lanzarme y ser mi mánager era un homosexual. Yo era alto, un chico muy guapo a los 20 años y hubiera podido caer perfectamente en las redes de él si hubiese tenido una leve lastimadura en mi moral. Pero yo moralmente no pude aceptar eso.

¿Ha traicionado su apellido artístico?

Alguna vez seguramente, uno a veces lo hace inconscientemente. Creo que no solamente soy educado, sino muy respetuoso de los demás. Si hay alguna descortesía de mi parte, es un hecho completamente circunstancial.

¿Aún construye castillos en el aire?

Hombre, creo que una persona sin un sueño es un bulto sospechoso. Todos tenemos sueños, todos tenemos la ilusión de llegar en determinado momento a una determinada cosa. Y por eso ‘Castillos en el aire’ ha tenido tanta repercusión en el mundo. Porque todos hacemos, de alguna forma, castillos en el aire.

¿Se siente casi un español más?

No, yo soy argentino, nací en Argentina y tengo mis raíces enterradas allí, eso es seguro. Me he habituado a los españoles y participo de su vida cotidiana, y eso hace que muchas veces se confundan los papeles, pero soy argentino. Y siento gran orgullo de decirlo.

A los amigos

En sus inicios, cuenta el propio Alberto Cortez, “era muy guapo, en aquel tiempo tenía un físico privilegiado”. Pero, cuenta Hugo Sánchez, el empresario que lo trae esta vez a Cali, que eso no ha cambiado, a sus 71 años aún lo siguen persiguiendo las admiradoras: “Muchas rastrean el nombre del hotel y lo siguen”.

Pese al romanticismo de sus letras y al magnetismo de su presencia e intelecto, asegura uno de sus amigos más queridos en Cali, el periodista Álvaro Bejarano, que el argentino nunca se aprovechó de eso: “Él es discreto en todo, es capaz de ser amoroso, pero no es enamorado”.
Sólo una fanática lo conquistó: la belga Renée Govaerts, a quien conoció en un concierto en la sala Witte Molen de Aarschot, de Bélgica, donde su disco ‘Sucu Suco’ era número uno. Fue amor a primera vista.

El 2 de junio de 1960 contrajeron matrimonio en Aarschot, ciudad de la novia. Posteriormente se instalaron en Madrid, donde residen desde entonces. No tienen hijos, pero sí muchos animales y plantas. “Ella se dedica a quererlo, no se han separado”, dice Bejarano.

Este último, cuenta que lleva 30 años de “una amistad entrañable con él, de correspondencia muy fluida a través de correos electrónicos, de conversaciones telefónicas, de muchos conciertos”. Asegura que Cortez en sus cartas, es moderado en la escritura, “no se explaya, salvo cuando yo hago algunas conceptualizaciones. Pero cuando le pongo un mensaje, me lo contesta invariablemente”.

Aunque es un cantor de la libertad, según su amigo, Cortez es prudente, “a veces hago yo algún comentario de la política colombiana y él se refiere a la política argentina. Es respetuoso, nunca opina de la política de otro país. Simplemente hablamos de para dónde va el mundo, que está descontrolado. Como él es un poeta, yo le hablo en ese lenguaje poético. Es un hombre comprometido con la justicia y la libertad”.

Lo que no suele tener horario son las tertulias entre Cortez y sus amigos: el conferencista en temas de superación personal Gonzalo Gallo, el abogado Álvaro Cerón y el propio Bejarano. Han durado hablando desde las 10:00 p.m., cuando termina su concierto, hasta las 6:00 a.m., cuando el cantor tiene que salir apurado para tomar su vuelo.

“Nos tomamos unos vinos, degustamos un plato que yo preparo, de frutos de mar, y hablamos de literatura y poesía españolas, cantores de la libertad como Federico García Lorca, Miguel Hernández o cualquiera de los clásicos españoles”.

Sus amigos consideran casi un abuso pedirle a Cortez que cante en sus tertulias, que son más para compartir con él en el plano de la amistad, de la admiración. El también amigo de Joan Manuel Serrat les regala a cambio de una buena charla, poesías, acompañado de su guitarra.

“La primera vez que lo oí, me llegó al alma ese canto viril y fuerte pero amoroso. Su fuerza vital, su posición de hombre comprometido con la libertad y la justicia, lo hace un representante de la dignidad de la vida”, asegura Bejarano, que ya no recuerda si lo conoció en Bogotá o en Buenos Aires, pero tiene la certeza de que fue hace muchos años y el orgullo de que Cortez incluyó sus textos en un libro suyo.

Lo cortés en él no quita lo valiente, según el periodista bugueño: “Alberto es cordial, pero tiene carácter fuerte y gran firmeza en sus convicciones”.

El mellizo de Cabral

A pesar de que Alberto Cortez es éxito garantizado, no pide sumas exorbitantes, aunque tampoco es barato, según el empresario Hugo Sánchez, quien ha traído al artista en las cuatro últimas ocasiones en que ha ofrecido conciertos en la ciudad. No hace tampoco las raras exigencias que acostumbran las estrellas. Pidió un piano de cola, pero por una razón profesional: lo acompañará un pianista italiano.

En su camerino sólo pide una botella de vino español, francés o chileno, pues cree fielmente, como dice su canción, que: “Sí señor, el vino puede sacar cosas que el hombre se calla, que deberían salir cuando el hombre bebe agua. Va buscando, pecho adentro, por los silencios del alma y les va poniendo voces”.

En México recibe trato de estrella. Allí ha durado de gira seis meses seguidos y ha vuelto al año siguiente tres meses más. Y tanto en Estados Unidos como en Latinoamérica tiene fanaticada. En Colombia, su gira más exitosa fue la que hizo con Facundo Cabral. “Fueron tres funciones con lleno total, más de 3.300 personas”, asegura el empresario Hugo Sánchez.

Este último, que estuvo con los dos cantautores en Bogotá, constató que su relación de amistad era la mejor. Salían de cada concierto y se iban a comer y a tomarse sus vinitos, contaban anécdotas y reían. También compartían el dolor de patria, pues la dictadura les hizo la vida difícil y los obligó a ambos a exiliarse, como lo hizo Mercedes Sosa. Cortez vestía de negro en escena, en nombre del luto que guardaba por los crímenes cometidos por la dictadura.

Aún reside en España, pero cada año va a Argentina y juega de local y de visitante.