EL TINAJERO

Por José Atuesta Mindiola/ El Pilón

La vida se nutre de recuerdos. Recordar es vivir dice el adagio. El tiempo con sus ranuras de luces y de sombras deja huellas imperecederas en los espejos del alma. Nadie olvida el año viejo. El maestro Cresencio Salcedo nos invita a una nostálgica reflexión con su inolvidable  canción: “Yo no olvido el año viejo porque me ha dejado cosas muy buenas…,”

En estos instantes en que el sublime jolgorio decembrino finaliza y la calidez de los abrazos de año nuevo todavía se sienten en la piel, hacemos un inventario de las cosas buenas que nos deja el 2001 y nos preparamos en los alares de la alborada de los primeros días de enero para escribir nuestros deseos y propósitos del 2012.

Muchos de mis amigos, en su condición de padres de familia,  me han expresado dos de sus más grandes  deseos:

1. Que sus hijos tengan temor de Dios, y desarrollen su proyecto ético de vida con principios de responsabilidad, honestidad, solidaridad y eficiencia en el estudio y en el trabajo. Que tengan mesura para la recreación, la sana diversión; valoren la importancia del arte, de la fiesta, de  la risa y el humor,  y conserven la ponderación en el consumo de alimentos y practiquen  una disciplina deportiva. Que la sensatez brille en sus actuaciones, fortalezcan su personalidad y la aceptación de sí mismo. Que hagan suyo el sabio pensamiento de que el tamaño de una persona no se mide los pies a la cabeza, sino de la cabeza al cielo. Que tengan una coraza insobornable para no dejarse influenciar por las tentaciones del dinero fácil, la mentira, la trampa y los libertinajes.

2. Que el gobernador y los alcaldes, gobiernen en gracia de  Dios, y nombre a sus colaboradores  teniendo en cuenta los méritos profesionales, laborales y éticos  de cada uno de ellos, sin egoísmo y sin rencor partidistas, porque el gobierno es para todo el pueblo del Cesar y sus 25 municipios. Con funcionarios cualificados se garantiza la eficiencia de un buen gobierno.

DECIMEROS  DESEOS  PARA  EL 2012.

I

Entramos al dos mil doce
con la fe del peregrino,
buscamos en el camino
la  luz radiante de goce;
que  la confianza rebose
de las tinajas del alma,
y el viento silbe en la palma
sus  violines de arreboles
y  de noche los faroles
siempre llevemos de enjalma.

II

Que Dios nos dé el esplendor
para embellecer el bien,
y edificar nuestro  edén
con las bases del amor,
que el perfume del albor
sea espiral de azucenas;
que brillen las cosas buenas
en el dintel del hogar,
y el abrazo no ha de faltar
para  sopesar las penas.

III

Y  nuestra Patria querida,
soberana  y de quimera,
de sus hijos siempre espera
más respeto por la vida;
ya basta de tanta herida,
con la paz mejor vivimos.
A Gobernantes pedimos
honradez  a  toda prueba;
la guerra siempre es la cueva
de oscurecidos racimos.