Por: Paula Santana

En la muestra ‘Fútbol, tenis, carros y otras cosas de hombres’, el artista se aleja de posturas conceptuales para recuperar lo sensorial.

Hasta el 3 de marzo, Fernando Uhía expone su serie de pinturas en la galería Nueveochenta. / Daniel Gómez

“Entregarse a los odios y los amores del quehacer artístico, a la fuerza natural del pintar por pasión y a recuperar el valor del ‘cómo se hace’” es lo que le interesa al artista plástico Fernando Uhía, según el colaborador de la galería Nueveochenta, Danny Ortega. En su más reciente exposición “Fútbol, tenis, carros y otras cosas de hombres”, Uhía pretende alejarse de las rebuscadas posturas conceptuales para recuperar lo sensorial y la visualidad que se ha perdido entre las palabras.

Las 69 piezas que componen la muestra, en la galería hasta el 3 de marzo, no estuvieron inspiradas en los dramas existenciales de los expresionistas abstractos sino en los partidos de la Copa América Argentina 2011, en los emocionantes encuentros entre Rafael Nadal y Novak Djokovic, en el rojo Ferrari y el amarillo taxi. Aunque la exposición ha sacudido al entorno del arte nacional por su irreverencia y sencillez técnica, el artista bogotano afirma que estos temas son sólo excusas para pintar y experimentar. “Estamos ciegos”, dice con convicción. “El arte se quedó hablando sobre raza, género, estereotipos, colonialismo, carreta, y nadie volvió a mirar nada”.

Puestas sobre el piso y recostadas contra la pared, las pinturas están hechas en serie para recrear un mundo veloz, mediático y consumista. Poco tiempo de trabajo y mucha impresión visual componen la filosofía que Fernando Uhía se impuso hace unos años para desarrollar sus “maquilas” artísticas. “Puedo hacer entre 4 o 5 piezas en un día. Un carpintero hace los soportes, otra persona mezcla los colores, y el último día yo echo la pintura. Y listo, sale como en serie”, comenta el pintor.

Reconociéndose como ferviente seguidor del fútbol y del tenis, Uhía tomó apuntes de los esquemas de color de los uniformes, del drama de los 26 partidos de la Copa América, así como del ritmo de los torneos de tenis, para luego derramar y chorrear esmalte doméstico sobre láminas de fórmica.

Los juegos cromáticos y el uso de materiales industriales hacen que las pinturas parezcan pantallas de televisión con las interferencias, sombras intermitentes y rayas de colores que aparecen cuando se va la señal. “Me interesa más la interferencia que la novela o la narratividad. Cuando la señal se daña y la imagen se distorsiona, hay pintura abstracta, y es a partir de estas visiones que he estado construyendo mis últimos proyectos”, explica el artista.

Para lograr la alegoría del mundo digital y tecnológico, que nos facilita la rutina con miles de botones que ocultan el funcionamiento de las cosas, Fernando Uhía decidió no tocar la superficie de sus obras para borrar cualquier rastro del autor. Afirma que sus pinturas se hacen solas, que no hay nada romántico en ellas y que no está plasmada el alma del artista, “sólo hay una manera de chorrear color de lejos para lograr este efecto visual”.

En la última parte de la exposición, dedicada a los carros más lujosos y comunes del mercado, Uhía busca representar el control que ejercen las grandes marcas sobre el color de los carros que ofrecen en sus catálogos transnacionales. Hizo mezclar laca automotriz en un lugar donde pintan carros recién desguazados y la usó para crear su propio abanico cromático industrial. “Los colores están asociados a un estatus social y determinan la gama de los carros. Es así de infantil. Y como son cosas de hombres, entonces las formas son como huevas, pipís”, dice con sarcasmo.

 Paula Santana | Elespectador.com