A las 2:30 p.m. arrancó la versión número 43 del Festival de Orquestas del Carnaval de Barranquilla. La primera de las más de 39 agrupaciones a presentarse irrumpió en el escenario con una especie de grito de batalla.
¡Que viva el Carnaval de Barranquilla! Que fue correspondido con aplausos. Los primeros sonidos que escapaban de los instrumentos folclóricos y tradicionales llegaron a un público que poco a poco iba entusiasmándose, levantando los inflables y agitando los sombreros al escuchar de la vocalista de la agrupación la frase incitadora ¡Se formó el parrandón! Mientras los integrantes de Millo Gaimas, participantes por la categoría lo nuestro, encendían las velas y dejando paso a su majestad la Cumbia para que se paseara oronda por todo el estadio Romelio Martínez con el sabor gozón de los tambores, la Flauta e’ Millo, mientras un pequeñín de escasos 4 años, disfrazado de marimonda se apropiaba de la tarima con su pasito tuntún vacilándose sin timidez el arranque de la rumba.
Gerardo Espitia, padre de la criatura y amigo personal de toda la agrupación, explicó que el niño desde bien temprano demostró interés por el baile y por los instrumentos de percusión, así que los integrantes de la agrupación decidieron adoptarlo como mascota, y ayer demostró debutando al lado de los Millo Gaimas que no hay edad para gozarse el Carnaval.
Los Soneros de Soledad participantes por la categoría lo nuestro, movieron a un público hasta ese momento un tanto frío cuando arrancaron con la primera de las interpretaciones en homenaje al gran centurión de la noche.
Trato, trato, que trato es, ya me tiene convertido en garabato… El público respondió batiendo las palmas y agitando de un lado a otro los inflables como muestra de ese cariño entrañable que conserva intacto esta ciudad y el mismo Carnaval por ese hijo hoy ausente, Álvaro José Arroyo, el más premiado artista en la historia de este festival.
El Grupo Encanto conformado por 14 mujeres, continuó recordando al maestro y sus dos últimas interpretaciones evocaron los sonidos del bardo de la música tropical colombiana. La ya inolvidable en Barranquilla me quedo cerró la presentación del Grupo Encanto.
Para Ricardo Jaramillo, uno de los jurados del festival, el deseo de innovación, el talento y la entrega de las agrupaciones, fue de lo más llamativo del arranque del festival y reconoce como un gran acierto el reconocimiento al maestro Joe Arroyo. “Me llamó la atención el talento demostrado, el interés en la renovación y en esas ganas de dar lo mejor, de lo que se ha podido apreciar hasta el momento. Igual apenas estamos arrancando y esperamos grandes versiones de la música del Joe”, apuntó.
Alex Herrera, músico de vocación con más de 15 años de trayectoria y uno de los asistente, aseguró que cada año el festival permite la confirmación de que en esta ciudad hay talento de sobra para la música, y el festival en sus propias palabras no es más que, “una gran plataforma para que las agrupaciones se muestren” confirmó, mientras se movía con el sabor de Africaribe una banda que emocionó a los presentes con su bembé afro antillano y la interpretación de varios clásicos de la música picotera y verbenera que el público recibió con agrado y se gozó con beneplácito.
Bareke Orquesta y el pequeño Joe. Junior Okoró Aragón, con escasos 14 años de edad y oriundo de un pequeño pueblito llamado Timbiquí, irrumpió en el escenario ataviado emulando el mejor estilo del Joe. “Este es un homenaje al maestro Joe y mi herencia y mis raíces africanas”, contó el talentoso jovencito al que muchos en la calle ya comparan con el maestro por su parecido en la manera de vestir, en la interpretación de las canciones y sobre todo en ese precoz comienzo enfrentando tarimas y moviéndose por las poblaciones de la Región Caribe tal como lo hizo Arroyo en sus inicios.
“La gente me dice en la calle, buena Joecito y me comparan con él, para mí eso es u gran orgullo que digan eso, pero yo pienso que como el Joe no habrá otro”.
Junior arrancó a interpretar Yamulemao.
Ah yamulemao Ah yamulemao Bilimamamie, bilimayamie Bilimamamie, yamulemasese.
Con su vestimenta colorida, llena de brillantes, con su tumbao y sabor caribeño, Junior Okoró le rinde uno de los mejores tributos a uno de los compositores e interpretes más prolijos, diverso, innovador que ha dado nuestro país.
Al ver al jovencito de 14 años moverse en el escenario con tanta propiedad y desenvoltura, automáticamente se disparó una simpatía entre el respetable y una inevitable asociación libre como un recuerdo viejo y prestado trajo consigo algo del espíritu de aquel que nos regaló su voz, su magia y su genio durante décadas.
Poco a poco se fue calentando la tarde y las instalaciones del estadio Romelio Martínez comenzaron a recibir más y más, personal que llegaba buscando el goce de los ritmos en la maratón musical más grande de Colombia.
El espíritu, la música y las composiciones del gran maestro de la música popular del Caribe colombiano se pasearon una vez más por esta su Barranquilla del alma donde alguna vez llegó para no irse jamás porque tal como el lo anunció en uno de sus más reconocidos pregones, aquí en Barranquilla se quedó.
Por Carlos Polo/El Heraldo
