Ahora que tenemos al aire la segunda temporada del famoso programa de televisión: Yo me llamo y que nuestro género vallenato ha entrado con pie derecho, me permito hacer algunas consideraciones, y espero que con ello no se vayan a ofender nuestros delicados y ortodoxos vallenatólogos.
En los pocos capítulos que lleva esta segunda temporada los vallenatos debemos darnos por bien servidos, ya que tenemos entre los clasificados a imitadores de variados estilos dentro del género; allí se encuentran: “Poncho” Zuleta, “Jorgito” Celedón, Diomedes Díaz, Silvestre Dangond, “Pipe” Peláez y se han presentado imitadores de Iván Villazón, Silvio Brito y otros, que no han pasado la primera prueba.
Categóricamente debo manifestar que a quienes integran el jurado se les nota a leguas su poco conocimiento del genero vallenato, y en especial de nuestros artistas, por eso hemos apreciado en algunos casos poca exigencia para darles el sí, y en otros su indecisión y la consabida frase “tu cantas muy bien, pero…”, lo que me conduce a concluir que con la proliferación existente de imitadores vallenatos, en el jurado ha debido existir alguien con más conocimiento y experiencia en el género.
Como yo he vivido mucho tiempo en el interior del País y además he cantado durante años en Bogotá, soy testigo de excepción de que a quienes son neófitos en el tema suelen parecérseles todos los timbres de los que cantan vallenato; les da lo mismo un paseo rápido que un merengue y confunden fácilmente un son con un paseo lento; al cantante vallenato que mejor tienen referenciado es a Diomedes Díaz, por eso casi todo el que canta vallenato, para ellos canta parecido a Diomedes.
Teniendo en cuenta que la versión 2011 de Yo me llamo la ganó este género con Rafael Orozco y que sin duda alguna se le dio un empujoncito a nuestra música en estas épocas de crisis, estoy completamente de acuerdo con que deben presentarse todos aquellos imitadores de los cantantes vallenatos y ojalá no solamente fueran los costeños, sino que los dobles de nuestros artistas provinieran de otras regiones del País, lo cual le daría mucho más trascendencia a este género musical.
Lo que sí se ha desnudado con este tipo de concursos es que hacen falta más vitrinas para mostrar los prospectos del canto en todos los géneros y en todo el territorio nacional y que nuestro País es un emporio de talentos a quienes se les deberían brindar mayores oportunidades.
En el terreno vallenato son cientos los festivales y concursos que se hacen para acordeoneros, canción inédita y piquería; no obstante son contados los que incluyen la modalidad de mejor voz; por eso he venido insistiendo en mis escritos en que debemos implementar en nuestros festivales este concurso, claro, con la salvedad de que lo que necesitamos no son precisamente imitadores, sino todo lo contrario: que nazcan nuevos estilos y que sea privilegiado quien tenga estilo propio.
Hace veintidós años cuando fundamos el Festival de Canciones Samuel Martínez en mi pueblo La Loma, el concurso mejor voz era uno de los más importantes, sin embargo no sé por qué razón a algún genio se le ocurrió no hacerlo más, siendo este el concurso con mayor acogida por los nativos.
En varias ocasiones por este mismo medio he exhortado a los organizadores de diversos festivales para que implementen concursos de voz, inclusive en los dos géneros; sin embargo se han hecho los de oídos sordos, creo que basados en los argumentos retrógrados de que el vallenato no ha evolucionado ni debe evolucionar; por ello no se han percatado de que desde el quinto Festival de la Leyenda Vallenata, cuando Miguel López fue acompañado por Jorge Oñate, el cantante es un integrante fundamental y protagónico en los conjuntos vallenatos y esa es una verdad de perogrullo.
Da tristeza ver a los buenos cantantes que tiene nuestro folclor, aprendiendo a tocar guacharaca para poderse mostrar en los distintos festivales, cuando hace rato todos estos eventos folclóricos deberían tener la modalidad de voz o el concurso de cantantes; hoy lo único que pueden hacer importantes voces es volverse imitadores para presentarse en concursos como ¨yo me llamo¨; así lo hizo el cantautor y verseador de Barrancabermeja Andrés Barros, sin contar con suerte.
COLOFÓN: Registré con mucha complacencia que un muchacho a quienes todos conocemos como cantante vallenato de nombre Nelson Blanco Charry, quien incluso ganó uno de los festivales que organizábamos en Bogotá; se preparó, participo y pasó la primera ronda haciendo una excelente imitación en un genero distinto, él ahora se llama Sergio Vargas y le deseo de todo corazón, como diría Silvestre, ¡buena suerte!
jorgenainruiz@gmail.com

