Por Jorge Petinaud Martínez (enviado especial)

San Miguel de Allende, México, 11 mar (PL) Como las magdalenas de Marcel Proust, la culinaria, la coctelería y los ritmos y bailes cubanos dejan hoy su impronta en el alma de esta ciudad, oasis de alegría y paz en el Bajío mexicano.

El tempo parsimonioso y acogedor de la cosmopolita San Miguel de Allende, estado de Guanajuato, asombra al forastero que dejó atrás la carrera vital contra reloj de las grandes urbes globalizadas.

Al bajar la estrecha y empedrada calle de adoquines centenarios, el taxista detiene su andar para facilitar el paso de los peatones.

Pero su derecho asume protagonismo en la intersección siguiente, cuando el chofer que avanza a moderada velocidad por la vía perpendicular le cede el paso en respeto al consuetudinario «uno por uno».

Es San Miguel de Allende en los días de la novena edición del Festival de Cultura Cubana (Cubafest-SMA 2012), y en el Jardín Principal de la ciudad el dúo de trompetas de un mariachi se hermana con los metales congueros de la Charanga Habanera en su tema de moda: La suerte.

Hacia el centro del parque, hoy bailan los integrantes del Club de danzón «Mercerina», fundado y dirigido por el estadounidense Leonardo Rosen al socaire de la fiebre de cubanía que provocó en esta villa Patrimonio de la Humanidad el desaparecido programa radial El son sabrosón y en particular Cubafest -SMA.

Afortunados se sienten en la carpa de Presencia Latinoamericana (Prelasa) los mexicanos y miles de estadounidenses residentes en San Miguel, donde sin temor a las leyes del bloqueo de su país contra Cuba pueden adquirir literatura, discos, artesanía o simplemente palpar una mínima propuesta cultural del archipiélago prohibido.

En este contexto, resulta un acontecimiento la primera degustación de culinaria cubana, que reúne a más de 500 invitados en el jardín del hotel Posada de la Aldea, entre quienes se encuentra el consejero cultural de la embajada de Cuba en México, el poeta Waldo Leyva.

Esta sede resulta simbólica porque aquí se alojó la delegación cubana que asistió en el año 2000 al hermanamiento entre San Miguel de Allende y La Habana Vieja, confiesa a Prensa Latina Adolfo Rubio, director artístico de Cubafest.

El pequeño empresario Marcelino Pérez y su familia, por su parte, pasan del nerviosismo inicial al orgullo de saberse creadores del manjar consumido en la primera degustación oficial de cocina cubana en la ciudad natal de Ignacio de Allende.

La asesoría de Nadia Galbán, oriunda de la provincia cubana de Camagüey y hoy vecina de San Miguel con hijos cubano-mexicanos, resultó fundamental en la autenticidad de los platos presentados.

Ella aportó los secretos del congrí -arroz cocido y condimentado con el caldo de los frijoles negros-, la yuca con mojo -tubérculo omnipresente en la mesa tradicional de la mayor de las Antillas-, las rueditas de plátanos verdes fritos y aplastados o la exquisitez del Mata jíbaro camagüeyano (mezcla de carne de cerdo y plátano verde frito), añade Rubio.

No podemos olvidar que San Miguel de Allende fue reconocida como Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO solo unos minutos después del Centro Histórico de Camagüey. Hasta en ese detalle somos hermanos, sostiene el también cronista musical de Guanjuato.

En cada extremo del jardín, al ritmo de las canciones de Miguel Matamoros y otros autores antillanos que desgrana el cuarteto Amigos de La Habana con su invitado el percusionista Mauricio Celis, es permanente el movimiento en la barra de la Cámara Nacional de la Industria de Restaurantes y Alimentos Condimentados (Canirac) y en la de los empresarios hoteleros.

Los degustadores regresan atraídos por el deleite del mojito y el daiquirí, cocteles cubanos que Ernest Hemingway hizo mundialmente famosos. Al autor de El Viejo y el mar le rendí honores cuando estuve en Cuba, por eso ahora me siento como en los restaurantes La Bodeguita del Medio y El Floridita, comenta sonriente el torero Julián Cartas.

En una mesa contigua, el empresario hotelero guanajuatense Marcelo Castro junto a la esposa uzbeka que lleva a en brazos a la niña de un año muestra la felicidad de disfrutar junto a su familia esta primera experiencia que propicia Cubafest SMA-2012.

Algunos metros más allá, el presidente de la Canirac, Francisco García, anuncia a sus colegas un nuevo proyecto vinculado a «lo cubano» que resultará un valor agregado a la oferta turística de San Miguel de Allende.

Pronto abriremos la primera filial de los puros Habanos, atractivo de lujo para los miles de visitantes de todo el mundo que cada día recibe nuestra ciudad, subrayó enfático el hombre de negocios.

La tarde concluye y, ante la insistencia de los organizadores, los invitados se van retirando, no sin agradecer esta primera experiencia y sugerir que pronto se repita.

Dentro de una hora, junto a miles de vecinos y visitantes foráneos, muchos se reencontrarán en la improvisada plaza de baile en que se convertirá la explanada que media entre la parroquia neogótica de San Miguel y los muros del Jardín Principal.

El sexteto Saoco, del joven tresero mexicano-cubano Remy Fenoy, amenizará la noche dedicada al instrumento de cuerdas por excelencia de la música cubana.

Cubafest-SMA ratifica que esta villa patrimonial es el oasis de alegría y paz del Bajío mexicano en 2012.

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