La luna de miel entre el presidente Ollanta Humala y los peruanos podría acabarse por culpa de un hermano del mandatario, Antauro, receptor de beneficios carcelarios que sólo podrían explicarse debido al parentesco, coincidían hoy los expertos. Diversos sectores han expresado descontento con lo que ocurre con Antauro, de quien han aparecido pruebas de que tiene privilegios para pagar la condena de 19 años por asesinatos y secuestros agravados. Por lo pronto, las cabezas del ministro de Justicia, Juan Jiménez, y del jefe del Instituto Nacional Penitenciario, José Pérez Guadalupe, parecen a punto de rodar en sacrificio. Los programas dominicales de televisión mostraron lo que ocurre con el mayor del Ejército en retiro. «Cuarto Poder» demostró que tiene un iPhone, pues se ve en una foto tomada por el propio reo, y reveló los correos electrónicos que intercambia el supuestamente incomunicado. «Reporte Semanal» documentó la inseguridad de la nueva cárcel de Humala cuando entrevistó en el centro de Lima, lejos del penal, a un suboficial preso por robar armas. El reo admitió al ser sorprendido que suele salir porque la vigilancia es laxa, pero luego regresa. Pérez Guadalupe se dijo «indignado», anunció aislamiento para Antauro y no descartó enviarlo a otra cárcel, porque en el trato a los presos «no hay diferenciación así sean familiares» del presidente. Los rumores de privilegios para el jefe ultranacionalista empezaron desde que Humala asumió el poder, pero pasaron al primer plano hace dos semanas, cuando se reveló que ya no estaba en la cárcel Piedras Gordas sino en un penal para militares en predios del Ejército. El presidente del Consejo de Ministros, Óscar Valdés, dijo que el traslado fue por seguridad, y aseguró, ante la incredulidad de la prensa, que el presidente no sabía nada. Versiones filtradas hablaron de supuestos planes de subversivos presos para retener a los padres del presidente cuando fueran de visita, pero no hubo pruebas. Los expertos coincidieron en que el traslado no podía ser a la cárcel Virgen de las Mercedes, pues es para militares condenados por faltas en funciones, mientras Antauro está sentenciado por delitos comunes cometidos cuando ya estaba retirado del Ejército. Ollanta, de 49 años, y Antauro, de 48, fueron inseparables desde niños, hasta que la política llevó a uno a la cárcel y al otro a la presidencia. Quienes los conocieron hablan del gran cariño que había entre los hermanos que ahora llevan casi ocho años sin verse. Los dos se alimentaron de la ideología «etnocacerista», que mezcla ideas socialistas, fascistas, indigenistas radicales y xenófobas y tiene como impulsor al padre, el abogado Isaac Humala. Antauro se convirtió en quien lucha por llevar a la práctica esas ideas, mientras Ollanta se desmarcó y conduce un gobierno básicamente conservador. En 2005, los «etnocaceristas» tomaron la comisaría policial de la ciudad andina de Andahuaylas para pedir la renuncia del presidente Alejandro Toledo. Fueron dominados y Humala está preso desde entonces, pero la acción les costó la vida a cuatro policías y dos rebeldes. Durante el juicio, Humala destrozó la sala, insultó a los jueces y se burló de los asistentes sin que se pudiera controlarlo. Cuando el hermano «traidor» llegó al poder amenazó con combatirlo, pero más bien se ha mostrado conciliador, sin dejar su estilo irónico. De los correos que recibe se deduce que muchos creen en su poder. Le piden trabajos, le aconsejan nombres para cargos, le pasan análisis militares y se ponen a sus órdenes. Los analistas coinciden en que no hay indicios de que tenga influencia en otras decisiones, pero sí está claro que el hermanazgo le da una fuerza que no tiene cualquier preso.

Fuente:ElComercio.com