El estreno de la telenovela ‘El Joe: la leyenda’, fue motivo de celebración para el artista.

Cuando Joe Arroyo se repuso de una de sus tantas crisis y empezó a hablarse de la posibilidad de llevar a la pantalla chica la historia de su vida, invitó a su apartamento a sus amigos más cercanos, entre ellos dos periodistas.

En medio de la amena charla en la sala del inmueble, el ‘Cachaco’ Correa, uno de los verdaderos ‘panas’ del Joe, vio en una mesa situada por allá en un rincón tres o cuatro bandejas con apetitosas viandas y una docena de botellas de vino. “Miren lo que nos tiene el Joe guardado”, exclamó el ‘Cachaco’ señalando hacia el rincón. Eran vinos de finas marcas y de las mejores cosechas. Desde unos ‘tempranillos’ chilenos, hasta los famosos Chateau Bridoire, Kendall Jackson, Carmelo Rodero, Crianza, Terra Nova. De todos los tipos. Merlot, Cabernet.

El cantante, a pesar de los quebrantos de salud que había superado recientemente, estaba feliz. E invitó a todos a tomarse una copa de vino. Él, durante las casi cuatro horas de tertulia, apenas se tomó dos copitas, a pesar de que esa era su bebida preferida para inspirarse y componer sus canciones y en las extenuantes jornadas en los estudios de grabación. Esa noche Jacqueline Ramón, su esposa, estaba muy pendiente. Ella también estaba esa noche muy contenta. Tanto, que por primera vez accedió a tomarse la foto colectiva para la prensa.

Seis meses después, el apartamento de Joe y Jacque volvió a ser sede de una tertulia. Esta vez, con motivo del primer capítulo de la telenovela El Joe: la leyenda el primero de junio del año pasado. Ese día hubo más invitados. Además del ‘Cachaco’ Correa, Ley Martin y las hijas y una nieta del Joe, había numerosos ‘colados’, entre ellos uno que otro lagarto.

Esa noche hubo pasabocas en abundancia y unas cuantas copas de vino. La primera, por supuesto, se la pusieron en la mano al Joe para el brindis de rigor, pero, como debe estar grabado en los videos que hicieron los muchachos de RCN-Barranquilla, el cantante se pasó la copa tres veces por la nariz y se la dio a Correa, mientras la decía: “tómatela tú por mí, Cacha, que yo después me la desquito cuando esté bien de salud”.

La reunión se prolongó más allá de la media noche, porque, tras concluir el capítulo inaugural de la telenovela, vinieron los comentarios de rigor y las críticas que nunca faltan. Todo casi a palo seco porque el vino se acabó muy pronto, sin que el Joe esa noche, por lo menos mientras duró la reunión, se tomara una gota de licor, entre otras cosas porque su salud seguía deteriorada. Días después fue hospitalizado. Duró 29 días en cuidados intensivos y el martes 26 de julio de 2011 murió.

“Nuevamente han escrito injurias y calumnias contra el Joe. Yo demandaré, porque no hay derecho a que se irrespete la memoria de un difunto, sobre todo de un ídolo como el Joe. Por eso también he puesto una demanda por el uso de su imagen durante el pasado Carnaval”, dice Jacqueline Ramón.

Ella dice que no es justo que para ganarse unos cuantos pesos con la venta de un libro, se ponga por el suelo la imagen de un cantante tan querido por el pueblo costeño.

Según Mauricio Silva

El domingo 29 de mayo, al Joe lo sacaron de la clínica para volver a un trabajo que, a las claras, ya no podía cumplir. ¿Y cuál fue la poderosa razón? Al otro día se estrenaba la telenovela ‘El Joe, la leyenda’, de RCN televisión, y a muchos involucrados les interesaba mostrar a un artista radiante y en la cresta de la ola. De hecho, había todo un plan para llevar al artista a Bogotá para participar en el lanzamiento de la novela, pero, como estaban las cosas, eso era lo más parecido a pasarlo por la guillotina.

Así que se quedó en casa y, a falta de su presencia en la capital, el canal RCN montó todo un ‘show’ desde su apartamento en el norte de Barranquilla. Junto a su señora Jacqueline, su mánager Ojeda, Adelita, el empresario musical Ley Martín, más varios miembros de la prensa invitados –y un par de ‘sapos’– el Joe vio el primer capítulo sobre su vida el lunes 30 de mayo, a las 8 p.m. La sorpresa para los periodistas fue ver que en su casa le servían vino, a tan solo horas de haber salido de una unidad de cuidados intensivos (UCI), con el único fin de que se viera de buen semblante. (Apartes del libro ‘¿Quién mató al Joe?’ de Mauricio Silva).

Por Rafael Sarmiento Coley/El Heraldo