La ceremonia de la Luz es parte vital de la vigilia de esta noche. El sacerdote bendice el fuego que arderá para todos.
La antesala del día más importante del calendario litúrgico se celebra la noche de hoy.
Es sábado de recogimiento, de silencio durante el día. Es la espera gozosa, llena de júbilo en la noche, momento para la solemne Vigilia Pascual, víspera de la resurrección de Cristo, que muere para hacerse vida entre nosotros.
En dicha vigilia, que es la mayor del año, se celebran las grandes hazañas que Dios logró para su pueblo: desde la Creación hasta la Resurrección de Jesús.
Es una celebración de signos: primero se realiza la Liturgia de la luz, donde el sacerdote bendice el fuego mientras se proclama el Pregón Pascual. Luego viene la Liturgia de la Palabra, conformada por siete lecturas del Antiguo Testamento, cada una con su salmo, seguidas del himno del Gloria, la epístola del Nuevo Testamento, el Aleluya, la Antífona y el Evangelio. Se finaliza con la Liturgia Bautismal, engendrando nuevos hijos para la Iglesia, y la Liturgia Eucarística, que da sentido a toda esta fiesta espiritual.
La luz, el agua, el pan y el vino actúan como símbolos que cantan victoria a Cristo en medio de una atmósfera de alegría cubierta de blanco, color litúrgico que representa la festividad. Los cantos que se entonan la noche de hoy son los más gloriosos de todos, seleccionados idealmente para enmarcar la eucaristía más importante de todas.
Toda la comunidad cristiana se centra en esta noche, pues Jesús rompe las cadenas de la muerte y abre paso hacia la plenitud de la vida.
