EL TINAJERO

Por José Atuesta Mindiola/El Pilón

No se imaginan hoy los que me ven / lo que luché para ser lo que soy (Calixto Ochoa).

En la primera mitad del siglo XX, Valencia de Jesús parecía detenerse en el tiempo, los hombres dedicados a las faenas agropecuarias. De esas noches de luna y de silencios en los patios, aparecen dos valencianos, hijos de Cesar Ochoa López y María Jesús Campo, Rafael y Juan, y con sus acordeones llenan de fiesta el corazón de sus paisanos; detrás de ellos, el hermano menor, Calixto, quien en edad juvenil descubre su talento musical. Tal vez, iluminado por el precepto bíblico de que nadie es profeta en su tierra, decide viajar hacia las Sabanas, tierra mítica de los Zenúes, y se queda en (Sincelejo), emporio de música de bandas; y, sin olvidar sus raíces vallenatas, se nutre de estas influencias que fortalecen su capacidad artística hasta alcanzar la talla de maestro de la música popular.

Calixto ha sido fiel a sus orígenes: su tierra natal, el paisaje de la infancia, su condición de hombre de campo, su apego a la gente de pueblo, su gratitud por la amistad y su fidelidad con la vida y el amor. Con una extensa obra musical (1.123 canciones grabadas) ha hecho de su vida un luminoso esplendor de versos y melodías, por eso brilla con luz propia. Para él no es válida esta sentencia religiosa: “El hombre es una lámpara apagada, toda su luz se la dará la muerte”.

A Calixto Ochoa, Valledupar siempre le ha rendido honores; su música es escuchada en la comarca, en muchos lugares de Colombia y en otros países. Fue el indiscutible tercer rey vallenato. Este año no es la primera vez que la Fundación Festival de la Leyenda Vallenata le rinde homenaje; lo hizo en el 2005, Festival 38: Homenaje a 6 Grandes Compositores. Compartió ese honor, con Tobías Enrique Pumarejo, Emiliano Zuleta Baquero, Rafael Escalona, Leandro Díaz y Adolfo Pacheco. Entre los eventos del Festival 45, ayer en la sede del Colegio Instpecam se realizó el concurso “Los niños pintan las canciones de Calixto Ochoa”, y hoy se inicia el Foro sobre su vida y obra musical, en la Biblioteca Rafael Carrillo Lúquez, a partir de las 2 p.m.

Donaldo Mendoza Meneses, uno de los ponentes en el Foro, dice: ”Calixto Ochoa nos deja un rico legado de filosofía en sus cantos. Como los grandes compositores que enaltecen el folclor vallenato, muestra los dones de sabiduría que Natura proporciona a unos cuantos elegidos. Sabe que el pueblo deposita en él su confianza, a fin de que adelante una labor formativa. Sus saberes organizan y orientan mejor el conocimiento de la realidad, así como el sentido del obrar humano. Tiene su particular manera de ver donde otros no ven. En La voz del pueblo dice: “Yo viví el pasado y ahora el presente/ el cual vivo con mucha satisfacción/ del futuro no puedo darles razón/… por eso pienso que si mi Dios quiere/ si no es igual puede ser mejor”. Y sobre el sentido justo de la vida, sentencia: “De qué nos sirve en la vida ser tan creídos/ si todo aquello se vuelve nada/ saben que todos nacimos pa’ ser difuntos/ y al fin y al cabo tarde o temprano/ toda esa grandeza siempre se acaba” (El esqueleto). Y en el mismo canto concluye: “Se acaba la vida se acaba el misterio/ cuando uno se muere ya no vale nada/ aquí vale igual un pobre pordiosero/ que el más ilustrado de la sociedad”. Su visión filosófica de la vida se torna reflexiva cuando valora lo que parece llano: “es una cosa bastante cierta/ digan ustedes qué tal sería/ haber riqueza y no haber pobreza/ es como si hubiera noche y no hubiera día”. Parece una visión determinista del destino humano, pero no hay tal, dado que la pobreza y la riqueza tienen razón de ser en la equidad, que no en la igualdad”.

JOSE ATUESTA MENDIOLA