Luis Napoleón de Armas P/El Pilón

El homenaje a Calixto Ochoa estaba en mora; pocos le han aportado tanto a la música popular, entre ellas, la vallenata. Su dimensión musical crece como la sombra de Bolívar, según Chequehuanca. Su inspiración no ha tenido descanso, su presencia siempre ha estado en todas las fiestas; olvidarse de él será un imposible. La influencia de los aires sabaneros construyeron un marco sincrético en sus composiciones; pasa con maestría del son al pasebol,  de la puya a la charanga y del porro clásico al bullanguero pelayero. Puede asegurarse que Calixto integró la música costeña; le cantó a la amistad, al amor, a la naturaleza e hizo caricaturas enmuchas de sus canciones. Creo  que, con Escalona, sentaron las bases de un proyecto de música local y regional, con perspectivas universales, apoyados con el acordeón como instrumento básico. Este proyecto admite desde la simple parranda hasta el baile. Calixto, con José Benito Barros y Omar Geles, integran la terna de los compositores más prolíficos, quizás, del folclor costeño. Estas bases, aunque sufran variantes con el tiempo, hay que mantenerlas so pena de la desaparición de esta manifestación cultural. Los festivales, como el de la Leyenda Vallenata, ayudan en este noble propósito. Pero además de estos eventos, el folclor debe ser objeto de teorización para darle una mejor estructura melódica. Por ejemplo, el son y la puya necesitan alguna terapia que revitalice su estructura musical, en especial la puya, de la cual solo da testimonio el festival; es como un lastre pesado que casi nadie puede cargar y solo asoma cada año. Es un ritmo que, pese a su precaria partitura musical, es el cuello de botella de muchos de los concursantes. Casi todas, para ser generoso, están vaciadas en la misma formaleta, con diferentes letras; su melodía pronto se agota y el acordeonista no sabe qué hacer; ahí es donde surgen los pitos y las notas sin sentido; es como llegar a una calle sin salida. Por eso, a este ritmo se le debe revitalizar. Es curioso que no haya aparecido el compositor que le dé un vuelco a estas melodías trilladas. Este no es un ritmo que entusiasme ni para cantar ni para bailar por su naturaleza caótica; en física esto se llama entropía. En este ritmo del festival han fracasado muchos, incluso el mismo Calixto que pese a sus infinitos méritos; no han debido coronarlo rey; su puya nada tuvo que ver con las ejecutadas por Colacho Mendoza y otros acordeonistas. Esa es la puya que Calixto no tocó en 1970; lo que yo escuché fue una charanga. ¿Por qué el rey no fue Náfer Durán? Por supuesto, esto no le resta el más mínimo respeto y méritos al gran maestro Calixto Ochoa ni mis apreciaciones son un dogma. Tengo la ligera impresión de que los resultados festivaleros, en algunos momentos, tuvieron trazos de pasiones; muchos acordeonistas no tenían las simpatías necesarias para ganar. A propósito de homenajes, ya es hora de tributárselo al gran Alfredo Gutiérrez, uno de los precursores de la apertura al vallenato.

Adenda 1. La canciller de Colombia, quien ha dado muestras de equilibrio, tuvo dos  lapsus después de la cumbre de Cartagena. Quizás quiso decir que podría existir prostitución donde haya promiscuidad, pero dijo que este era un mal inmanente al hombre. Olvidó la ministra que Eva fue quien le propuso el negocio a Adán. Tiene, claro, un atenuante: la historieta fue escrita por hombres.

Adenda 2.El otro, decir que “cualquier cosa puede pasar en la Haya sobre la suerte de Roncador y Quitasueño”, es una expresión que siembra dudas sobre la propiedad colombiana sobre los islotes.

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