Por: Jorge Naim Ruiz*

En esta columna todos los años hacemos un balance sobre lo que ocurrió en Valledupar en el evento más importante y representativo de la cultura Caribe: el Festival de la Leyenda Vallenata; en algunas ocasiones, lo hemos llamado lo bueno y lo malo del festival, esta vez debo anticiparme que son mucho más grandes y reconocidas las cosas positivas y dignas de resaltar, que las negativas o lunares del evento.

Lo primero que debo afirmar categóricamente es que los resultados de los concursos más importantes del Festival, como son el de conjunto típico en la categoría de profesional y el de la canción inédita, a mi juicio no tienen tacha alguna, ya que quienes ganaron en esas modalidades fueron – con sobradas razones- merecedores del premio.

Como casi todos los años, al finalizar el festival existe la polémica sobre los miembros del jurado en la gran final, sobre su imparcialidad y especialmente sobre su idoneidad, que siempre van a ser cuestionadas, ya sea porque quienes lo hacen son abiertamente enemigos o contradictores de la Fundación o porque – sencillamente- los resultados no consultan sus intereses y no ganaron quienes ellos querían.

En la categoría profesional yo debo aceptar que el expresidente Cesar Gaviría Trujillo no es suficientemente perito para calificar la interpretación del acordeón, la caja, la guacharaca y el canto vallenato, también debo reconocer que en igual condición se encuentra el señor Hernán Araujo Castro, pero lo mismo no se puede afirmar de los Reyes Cristian Camilo Peña y Orangel Maestre, así como del representante de la disquera Sony Music, Fernando Mazorra, quienes a mi juicio conocen la materia, pero algunos afirman que dos de estos últimos carecen de la imparcialidad necesaria para ser jurados, Cristian Camilo por haber sido acordeonero de Jorge Oñate, quien es el compañero musical del ganador y Mazorra por representar la casa disquera donde graba el nuevo Rey.

Bueno, hay que hilar muy delgado para encontrar estas relaciones, pero sería muy difícil llegar a encontrar un jurado idóneo que no tenga, ni haya tenido jamás el más mínimo vínculo con los participantes, yo siempre he sido partidario de que el jurado debe ser mixto, es decir estar compuesto por algunas personalidades, que no necesariamente deben ser expertos en la materia, pero si con suficiencia moral y ética para no ser sobornados y por expertos en el tema que deben ser la mayoría, en este caso los expertos eran tres, lo que me parece suficiente; pero además de eso escuche pito a pito cada finalista y Fernando Rangel Molina fue – sin duda- el  mejor.

En lo que tiene                 que ver con el concurso de la canción inédita, las tres canciones que ocuparon los primeros lugares fueron: El Rey del Folclor, Aquí se avivan los sueños y Caja de mi Corazón, tampoco tengo reparo alguno con el resultado a pesar de que a mí me gustaba más por su creatividad y novedad en la temática la canción de Adrián Villamizar titulada Caja de mi Corazón, parece que le afectó ser el Rey del año anterior,  pero de esas tres canciones cualquiera podría haber ganado, recordemos la subjetividad que implica calificar este tipo de concursos.

Me parece muy acertado que la Plaza del Barrio Primero de Mayo haya sido tenida en cuenta para realizar eliminatorias, eso es llevar los concursos al pueblo, pero continua la gente quejándose de lo costoso que resulta ingresar al Parque de la Leyenda, creo que al pueblo no solo se le deben presentar eliminatorias, sino también hacerle de manera gratuita algún tipo de presentaciones de artistas reconocidos.

Creo también que la fundación debe exigirle a los canales de televisión que transmiten en vivo el festival, que para la escogencia de sus presentadores hagan convocatoria o casting, de tal manera que los millones de televidentes reciban una información adecuada y veras, no como viene ocurriendo, que año tras año improvisamos y siempre los presentadores hacen el oso, por falta de dominio del tema.

El año entrante la Fundación debe pensar seriamente en crear la categoría internacional, porque esas agrupaciones foráneas que hacen gran esfuerzo económico en desplazamiento y demás gastos, no reciben ningún tipo de incentivo y por el contrario se califican en igualdad de condiciones con los avezados y fogueados acordeoneros colombianos.

COLOFON: A mis amigos locutores de todas aquellas emisoras que tienen real audio o señal en internet les aconsejo que tengan en cuenta que los están escuchando en muchas partes del mundo y por lo tanto deben mejorar el léxico.

*Jorge Naim Ruiz/El Pilón
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