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Es bastante difícil conocer el momento exacto en el cual comenzó la concientización mundial del calentamiento global, se han sucedido una serie de conferencias y reuniones mundiales que comenzaron a materializarse al menos en forma de debates.
Al respecto, para 1978 en Toronto, se desarrolló la Conferencia sobre Cambios en la Atmósfera, considerada por muchos como la reunión donde se comenzaron a discutir las posibles medidas para combatir el cambio climático que algunos presumen desde el inicio de la Revolución Industrial.
Lo cierto es que en esta Conferencia citada, se creó el Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC), conformado por cerca de 300 científicos, cuya misión es revisar e informar acerca de los cambios, impactos y posibles respuestas del cambio climático. Ya para 1990, las conferencias, páneles y reuniones de las grandes naciones se incrementaron, teniendo lugar una por año o cada dos.
Según esta historia, fue para 1990, cuando se presentó el primer informe del IPCC, en Suecia, el cual dictaminaba la necesidad de estabilizar la concentración de los gases de efecto invernadero en la atmósfera; esto suscitó la negociación del establecimiento del Convenio Marco sobre Cambio Climático. Este Convenio fue un acuerdo para conseguir esa “estabilidad atmosférica”. Para 1992, en Río de Janeiro (Brasil), se celebró la famosa Cumbre de la Tierra. Siete años después del mencionado encuentro en Sundsvall (Suecia), y ya siendo la tercera edición de la Convención Marco sobre el Cambio Climático, se aprobó lo que todos conocemos como el Protocolo de Kyoto. Este establece la proyección de que, para el año 2012, habrá una reducción de al menos el 5,2% de los gases de efecto invernadero que impactan el clima y se exige que este protocolo debe ser ratificado por lo menos, por 55 países desarrollados, cuyas emisiones de gases sumen el 55% del total mundial. Sin embargo, la cosa no se terminó con la aprobación del Protocolo ya que hubo inconvenientes (estires y aflojes), durante ese mismo año, 1977.
Por un lado, la Unión Europea acordó como objetivo la reducción de las emisiones de carbono en un 15% para el 2010, pero esta propuesta fue atacada por Estados Unidos y Japón. Cabe aclarar que, pese a que ambos países se opusieron a las políticas medioambientales de la Unión Europea, esto no significa que estuviese de acuerdo entre ellos, si volvemos en un año atrás, de las Conferencias que se dio en Suiza en 1996, Estados Unidos no sólo anunció que quería que el Protocolo y sus consiguientes compromisos fuesen legalmente vinculantes, sino que además, introdujo el concepto de “comercio de emisiones”.
Por el contrario, en una reunión llevada adelante en Alemania unos meses antes que se firmara el Protocolo, Japón proponía el compromiso de disminuir un 5% las emisiones de tres gases de efecto invernadero, pero sin que éste fuese legalmente vinculante. Las diferencias pueden resultar ínfimas a simple vista, pero que esto no nos engañe, en la práctica son brechas abismales.
Volviendo al Protocolo de Kyoto, firmado (por supuesto) en Japón, al final de la historia se terminó en un acuerdo legalmente vinculante por parte de todas las naciones firmantes, estableciendo el compromiso de cara al año 2010. Japón se comprometió reducir los gases de efecto invernadero en un 6%, Estados Unidos en un 7% (aunque posteriormente retiró su apoyo a este proyecto) y la Unión Europea en un 8%. También se han adherido 160 países firmantes. Sin embargo, el Protocolo ha avanzado lentamente por sus numerosas complicaciones, además de los dichos y contradichos previos al acuerdo.
*Especialista en Gestión Ambiental/El Pilón
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