Por Alfredo Boada Mola

La Paz, 14 may (PL) El capitalino Paseo del Prado alberga una parte importante del patrimonio escultórico de Bolivia y aún mantiene el trazo que la convirtió en la primera avenida de su tipo en la extraordinaria ciudad de La Paz.

Creada en los últimos años de la época colonial española sobre un campo de cultivos, la vía devino con el transcurso del tiempo en un sitio de esparcimiento para los miles de transeúntes que diariamente circulan por ella.

La ruta fue iniciada en 1817, cuando el entonces gobernador de Nuestra Señora de La Paz, teniente coronel de infantería Juan Sánchez Lima, encomendó la obra al ingeniero Francisco San Cristóbal, quien hizo terraplenar un camino que llamaron «Campo de Carreras», con extensión inicial de solo 542 metros por 36 de ancho.

El callejón fue embellecido con árboles que fueron plantados a lo largo de su trayecto. Pronto, el paseo quedó dividido en cinco vías. La central, que era la más espaciosa, fue destinada para los recorridos a pie, con los extremos dedicados al paso de carrozas y jinetes.

Luego, la Alameda adoptó su imagen de sosiego y reposo cuando se llenó de sauces de enormes ramas, manzanos con sus deliciosos frutos, guindos, eucaliptos que purificaban el aire, arrayanes y rosas, que incitaron a las familias paceñas a dar largos y agradables paseos.

Tras diversas transformaciones a lo largo de varias épocas, que cambiaron la vegetación plantada en el lugar, actualmente los caminantes pueden admirar esculturas estatuarias relevantes, como el Monumento a Simón Bolívar, El Libertador de América, y otro dedicado al Gran Mariscal de Ayacucho, Antonio José de Sucre.

La estatua que rinde homenaje al Libertador, de tipo ecuestre en posición erguida, asombra a los caminantes en uno de los extremos de El Prado, localizado en la denominada Plaza Venezuela.

De cuatro metros de altura y dos toneladas y media de peso, la obra fue creada por el escultor francés Emanuel Fremiet a base de bronce fundido en 1925.

En la otra punta de La Alameda señorea el monumento escultórico en honor de Antonio José de Sucre, situado en la Plaza Franz Tamayo, también conocida popularmente aquí como Plaza del Estudiante.

El complejo estatuario, también de tipo ecuestre, tiene cuatro metros de altura y es una realización del italiano Enrico Todolini, que la fundió en bronce en 1926.

Entre las creaciones ornamentales edificadas en El Prado se encuentran las fuentes de la Madre Patria y de la Juventud, dos conjuntos de varias efigies.

La de la Juventud tiene ocho figuras. Sobre ella realza la efigie del Querubín; en su parte central superior se ubica una Concha, de tres piezas, y debajo de ésta, tres imágenes conocidas como Los Bañistas. Mientras, la zona más baja tiene empotrados tres cisnes.

Por su parte, la fuente de la Madre Patria está compuesta por 21 figuras, con la principal que corresponde a la Diosa de la Libertad. Su pedestal, de diseño octagonal, alberga ocho esculturas de alto relieve, cuatro estatuarias y otras tanto ornamentales.

Las primeras son conocidas como los Sátiros, seres mitológicos que encantaban con su música a los seres vivos. Son dos figuras femeninas de la misma efigie y otras dos masculinas.

Las piezas ornamentales simbolizan cabezas de leones. Sobre la fuente se encuentran además cuatro esculturas de peces de contornos mitológicos, y en los laterales están otras ocho a manera de peces menores.

Una estatua localizada sobre la Avenida 16 de julio, nombrada también así por los paceños desde el centenario de la Revolución de 1809, recuerda al Almirante Cristóbal Colón.

Es un monumento de dos metros de altura y alrededor de una tonelada de peso, realizado en mármol blanco en 1926 por el artista italiano Giuseppe Graciosa.

Sobre el frontis del pedestal, tallado en tres líneas, se lee «Cristóforo Colombo, 12 de octubre de 1492. Navigare necesse est vivire non necesse» (Navegar es necesario, vivir no lo es).

ocs/abm