La Paz, 18 may (PL) El Carnaval de Oruro en Bolivia celebrará hoy 11 años de lograr la declaratoria de Obra Maestra del Patrimonio Oral e Intangible de la Humanidad, otorgada por la Unesco a esta fiesta mezcla de historia, religión y cultura.
Única por su connotación devocional y folklórica, esta manifestación cultural muestra hace más de dos siglos la magnificencia y versatilidad de sus danzas, música, tradiciones, artesanías y su simbología, tras la aparición del culto a la Virgen de la Candelaria o del Socavón en 1789.
La fe y las promesas a esta deidad llevan a desfilar por las calles de Oruro, la sexta ciudad más alta del mundo, a miles de bailarines y músicos que enç febrero de cada año hacen de sus jolgorios una de las festividades más reconocidas del planeta.
Este carnaval es una celebración de valor religioso y cultural que se originó, según se cree, a fines del siglo XIX, y se convirtió en el sello turístico del país andino altiplánico, pues hechiza a los concurrentes con su variedad de danzas, música y coloridas vestimentas.
Durante todo el año se prepara la festividad, con innumerables ceremonias y rituales. El primer domingo de noviembre se realiza el primer convite o práctica de los danzarines, en un acto de devoción a la virgencita. Las actividades culminan en la Entrada del Carnaval, con destaque para las danzas Diablada, Morenada, Potolo, Pujllay, Tinku, Kullawada, Tobas, Caporales, Llamerada, Waca Waca, Suri Sikuris, Kantus, Saya Afroboliviana y otros bailes autóctonos y mestizos, con sus joyas carnavalescas de espectaculares coreografías.
Los bailarines peregrinan por las calles orureñas hasta caer rendidos a los pies de la Virgen de la Candelaria, cuya imagen, según la leyenda, se descubrió en 1789 en una oquedad del cerro Pie de Gallo para acompañar a un moribundo que, como el legendario Robin Hood, robaba a los ricos para ayudar a los pobres.
Además del popular baile, la tradición incluye promesas, bendiciones, verbenas populares y hasta una fiesta infantil.
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