Raúl Bermúdez Márquez*

“El vulgo se deja seducir siempre por la apariencia y el éxito.” N. Maquiavelo

Carlos Báez Evertsz es un dominicano que salió de la isla después de la Revolución Constitucionalista y de la segunda ocupación norteamericana en el siglo XX de la República Dominicana y reinició sus estudios de Ciencias Políticas en Madrid donde hizo su licenciatura y los cursos de doctorado. En el 2008 publicó un artículo titulado “Psicopatía política: maquiavélicos y narcisistas” donde entre otras cosas reafirma que uno de los rasgos distintivos de los maquiavélicos es que son “individuos que tienen como norma de conducta la defensa a ultranza de su éxito personal y de su poder, por encima de cualquier otra consideración… Manipulan, engañan, mienten y atropellan de una manera natural, con total distanciamiento, y con la casi íntima convicción de que todo lo que hacen, en cuanto les beneficia, es correcto, y está bien hecho. Es una tendencia típica de la mentalidad propia del delincuente. Esto me gusta, esto me interesa, sirve a mis objetivos o me impide alcanzarlo, entonces, lo tomo, lo adquiero, lo elimino. Hay una absoluta separación entre el interés individual y cualquier norma de comportamiento privada o pública… Es la idolatría del éxito como fin absoluto. La mala conciencia no existe en ellos, ya que el logro de sus fines económicos, políticos y sociales, lo justifica todo y todo lo hace bueno. Ganar es lo que importa, perder es el único mal”. Caen como anillo al dedo estas consideraciones de Báez en el caso de un “reality” en uno de los grandes canales televisivos, donde se escogen a jóvenes de diferentes regiones del país y con el espejismo de convertirlos en estrellas exitosas de la televisión, los enclaustran en unos lujosos estudios donde hasta en los baños colocan cámaras para espiarlos incluso en las oportunidades que hacen sus necesidades fisiológicas, les montan unos libretos para que a través de las intrigas, el bochinche, las traiciones y las zancadillas se despedacen los unos a los otros y al final gane, no la pareja más talentosa, sino la más astuta, la que mejor interpretó los preceptos maquiavélicos de que “El Príncipe debe hacer uso del hombre y de la bestia: astuto como un zorro para evadir las trampas y fuerte como león para espantar a los lobos” o la clásica de que “…haga, pues, el príncipe lo necesario para vencer y mantener el estado, y los medios que utilice siempre serán considerados honrados y serán alabados por todos…”. Y en el fondo es el mensaje que se le envía al país. Para ser exitoso, no basta con tener talento, se necesita una dosis grande de individualismo, de pensar ante todo en tus propios intereses y actuar en consecuencia, no importa que con ello arrases con principios éticos o morales: lo primario es el éxito y punto. Pero no es problema de los jóvenes. A ellos, muy poco hay que cuestionarles porque en realidad son unas víctimas ingenuas de quienes entre bambalinas utilizan los medios masivos de comunicación para perpetuar el modelo de dominación ideológica del cual se lucran política, económica y socialmente. Es al propio canal, a los programadores y a las empresas comerciales que patrocinan esta repugnante muestra de la anti solidaridad, a quienes les cabe la mayor responsabilidad. Ah! y a la complacencia del Estado, de las instancias que están llamadas a hacer respetar el derecho de los televidentes de acceder a una televisión digna, solidaria y constructiva. Menos mal que por el otro canal, tienen un hueso duro de roer al recrear la historia de Pablo Escobar, el capo de capos del narcotráfico colombiano en toda su historia, pero con un tratamiento radicalmente diferente: no como un modelo a seguir, sino como uno que ojalá no se vuelva a repetir jamás, para bien del país.

*Raúl Bermúdez Márquez | El Pilón
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