Ensayo. Gustavo Rodríguez Gómez

Introducción

En un principio era el caos; los primeros pobladores de la tierra, tenían que disputarse el alimento con las fieras y con otros individuos de su misma especie. Así debió empezar a mostrar su supremacía sobre los irracionales y los más débiles.

Pasarían miles de años, para que el ser humano -homo sapiens, homo faber- aprendiera a vivir en familia. Ya había inventado (bueno, yo suelo decir que en realidad, descubrió que existían, al igual que el fuego, el hierro y el cobre) la rueda, el tornillo, el plano inclinado y tantas otras máquinas simples que le ayudaban a realizar las labores -cotidianas y obligatorias- necesarias para lograr el sustento diario de su hogar.

Luego -también cientos de años después- notó que necesitaba organizarse como sociedad en cada territorio ocupado, para así poder defender, de la depredación de otros grupos, las propiedades adquiridas con esfuerzo.

Y allí fue cuando empezó el problema.

Pues, esa organización requería de una jerarquización que permitiera a unos mandar, mientras el resto acataba disposiciones, muchas veces de manera ciega. Es decir, la jerarquía aprendida y probada durante centurias en el ámbito familiar, ahora debía establecerse entre extraños, para supuestamente lograr el orden.

Esa primera reacción de quienes quedaron en los escalones inferiores de la nueva organización, debió ser fuerte y requerir, no sólo autoridad en los de arriba, sino también disciplina unas veces y docilidad otras, por parte de los de abajo.

Las primeras sociedades.- Lo más probable es que la obediencia de los últimos de la escala para con los de los niveles superiores, debió haberse logrado por la fuerza. Tal vez, en lucha cuerpo a cuerpo; quizás tras el uso de armas (tan primitivas, como lo era la misma humanidad en ese momento histórico).

Con el transcurrir del tiempo, las familias que habían ocupado -generación tras generación- los últimos puestos en la escala social al empezar a instituirse este hábito, de grado o por fuerza debieron haberse ido acostumbrando, poco a poco, a esa situación de supeditación hacia otros que no eran de su mismo clan, pues se trataba de personas de otro entorno familiar.

Este acostumbramiento debió facilitarlo el hecho de que a los inferiores les estaba vedado el acceso a los conocimientos y a la vida muelle que iban adquiriendo los superiores. Amén de que se volvió inveterado que la autoridad se heredara, igual que las propiedades y, como ya se mencionó, el acceso al saber.

Esta injusta práctica se convirtió en ley. Y como quiera que, con la llegada de la sociedad como forma de organización, sobrevinieran también otros conceptos, tales como autoridad, respeto, obediencia, religión, etc., los inferiores aprendieron a dejarse sujetar por los superiores, hasta que se volvió connatural a la esencia de los de abajo acatar ciegamente las directrices de los de arriba.

Así nacieron los conceptos de amo y de siervo. El primero mandaba y el segundo obedecía. El amo -con el poder que le daban las armas- le brindaba protección al siervo y éste le era sumiso. Pero, con el paso de los años -cientos o miles, tal vez- el amo fue agrandando el número de sus prebendas, en tanto al siervo se le negaban cada vez más y más derechos, si acaso alguna vez los tuvo.

Las nuevas centurias permitieron que las aldeas se convirtieran en ciudades y éstas en estados, mientras que el amo pasaba a ser llamado monarca y los siervos recibían el apelativo de gleba. Los de arriba eran los nobles y los de abajo los plebeyos. (Continuará)

grg1939@yahoo.com