Por: Gustavo Rodríguez Gómez*

Hace ocho días, se encontró cómo el acceso al conocimiento –vedado desde siempre a los siervos por cuenta de los amos–, les significó a los primeros descubrir el estado de desigualdad social aberrante al que los tenían sometidos los autodenominados “nobles”. Este despertar dio origen a un movimiento que habría de permitir romper las cadenas, si no las de la esclavitud, al menos las de la monstruosa opresión.

Porque, entonces, florece La Ilustración en el llamado Siglo de las Luces, como corriente intelectual del pensamiento que dominó en Europa, especialmente Francia e Inglaterra. Abarcó desde el Racionalismo y el Empirismo de finales del siglo XVII hasta las postrimerías del siglo XVIII, con la Revolución Industrial, la Revolución Francesa, la Independencia Norteamericana y el Liberalismo.

Los pensadores de la Ilustración sostenían que la razón humana podía combatir la ignorancia, la superstición, la tiranía y, así, construir un mundo mejor. La Ilustración, como movimiento intelectual, tuvo una gran influencia en los aspectos económicos, políticos y sociales de la época; algunos de estos aspectos, lograron trascender el tiempo y las circunstancias históricas y, así, poder llegar hasta los momentos actuales.

Entre 1751 y 1765, se había publicado en Francia la primera Enciclopedia, de la autoría de Denis Diderot y Jean Le Rond D’Alembert y la colaboración de otros pensadores ilustrados, tales como Charles-Louis de Secondat (Barón de Montesquieu), Jean-Jacques Rousseau y François-Marie Arouet (Voltaire).

Los enciclopedistas pretendían recoger el pensamiento ilustrado. Querían educar a la sociedad, porque lograr una humanidad culta, que piensa por sí misma, era la mejor manera de asegurar el fin del Antiguo Régimen; es decir la abolición del absolutismo que se basa en la ignorancia del pueblo para poder dominarlo.

Los líderes intelectuales de este movimiento se consideraban a sí mismos como la elite de la sociedad, cuyo principal propósito era liderar una corriente que llevara al mundo hacia el progreso, sacándolo del largo periodo de tradiciones, superstición, irracionalidad y tiranía. Periodo que ellos creían iniciado durante la llamada Edad Oscura, pero cuyos comienzos, en realidad, datan – tal como se vio antes– casi desde los orígenes mismos de la humanidad organizada como sociedad.

Este movimiento trajo consigo el marco intelectual en el que se producirían dos grandes revoluciones: la Revolución Francesa (1789) –con su legado de la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano y los postulados de Libertad, Igualdad y Fraternidad– y la Guerra de Independencia de Estados Unidos (1783), así como el auge del capitalismo y el nacimiento del socialismo.

El primer brote de insurgencia en la historia de la humanidad germina, realmente, con la Revolución Francesa, ya que allí se derrumban por vez primera en la historia, los mitos de la nobleza, de la sangre azul, y del poder y la riqueza hereditarios. Pues la tentativa de insurrección, ocurrida en el Nuevo Reino de Granada (hoy Colombia), llamada la Revolución de los Comuneros (1781), solamente buscaba la rebaja en los impuestos, sin protesta alguna contra la autoridad de la Corona.

En la Historia nada es casual, un hecho es la consecuencia inevitable de otros que lo precedieron. Así, la Revolución Francesa, si bien tuvo otras causas, no hubiera sido posible sin el advenimiento de la Ilustración que puso luz sobre el oscurantismo de la Edad Media –época en que se impedía pensar libremente– y se alejó de los dogmas religiosos para explicar el mundo y sus acontecimientos a la luz de la razón.

Y ni qué decir de lo más trascendental, pues preconizó conceptos nuevos, como la Libertad, la Igualdad y la Fraternidad, a la luz de los Derechos del Hombre

De igual manera, la Revolución Francesa y la Independencia de los Estados Unidos, prendieron la mecha que encendió los ánimos de quienes protagonizaron la Independencia de Latinoamérica. Como coletazo de esa insurgencia llegó, un poco tarde, la Revolución Bolchevique.

P. S. A la extrema derecha y su brazo armado, no se le puede pedir adhesión a los diálogos de paz; pues su esencia es connatural con la guerra, de la cual obtienen pingües beneficios. Ahora, cuando Santoyo empiece a cantar, a Uribe hay que rodearlo, pero para que no se vuele y logre evadir la Justicia.

Ver también: 
Primera Parte
Segunda Parte 
*Gustavo Rodríguez Gómez/El Pilón
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