Giomar Lucía Guerra Bonilla

Desde hace algunos años en el país se festeja el 31 de octubre el Halloween, festividad a la que ha tratado de dársele una connotación de origen nacional, denominándola Día de los Niños y para reafirmarla aún más “Día de los niños, niños.” La tradición indica que su celebración no siempre fue festiva y alegre, y que los ritos que se practicaban durante la noche tenían un carácter purificador y religioso. A la celebración en mención se le atribuye un origen pagano y cristiano a la vez relacionado con el culto a los muertos. En general para las culturas antiguas ocupa sitial especial la creencia en el más allá. En este caso  nos referencia a los ritos que celebraban los celtas entre el 5 y el 7 de noviembre  cuando sus sacerdotes buscaban comunicarse con los antepasados, esperando ser guiados hacia lo inmortal porque creían que los espíritus de los muertos venían en esa fecha a visitar sus hogares de origen. Es en la cultura escandinava donde tiene origen la  calabaza que las colonizaciones, medios de comunicación, el cine  hacen extensiva a todo el mundo, Esta calavera iluminada la adoptaron muchos países en esta celebración y la relacionan con leyendas de brujas y fantasmas. El disfraz lo llevan  muchos niños y jóvenes con una vela inmersa en el cuerpo de la calabaza, la cual representa una calavera, la denominación en la cultura inglesa fue evolucionando hasta tomar para adoptar el nombre que hoy conocemos: Halloween.

En cuanto a la iniciación en el cristianismo hubo varios momentos en la historia. Desde el siglo IV la iglesia de Siria consagraba un día de festejos a “Todos los Mártires”. En 1840 Gregorio IV determinó que la  fiesta fuera de “Todos los Santos,” instituida  como fiesta mayor para celebrarla el 31 de octubrePor otra parte San Odilo del Monasterio de Cluny instituyó la celebración del 2 de noviembre, como fiesta para orar por los fallecidos por lo que fue denominada fiesta de los “Fieles Difuntos,”  adoptada por el mundo católico.

La aceptación de los elementos que identifican el Halloween, nos ha llegado a través del mundo globalizado y el consumismo. Ha sido adoptada en algunos centros educativos, incluidas universidades, oficinas, restaurantes, etc, cuya caracterización es la decoración con  elementos como  brujas, pero no las criollas, Drácula, Jack el destripador, Rasputin, Power rangers, los invencibles, ninjas, murciélagos, calaveras de calabazas y el uso de  colores característicos de la festividad: zanahoria y negro, predominando este último, que logra a veces efectos de terror y miedo, complementado con el estribillo Triqui, triqui, halloween ¡Quiero dulces para mi! Afirman que está festividad está vinculada a ceremonias de carácter diabólico en Estados Unidos, y aún llegan a decirse que en varias ciudades del país las víctimas son niños sacrificados como ofrenda al dios que adoran. En Bogotá D.C han dado instrucciones y medidas a cautelares para la celebración de tal festividad.

En la sociedad nacional y universal los cambios se suceden a velocidades insospechadas dejando atrás, sin siquiera pestañear, verdades que se tenían como duraderas. Esto es así porque avanza la interacción de fuerza y procesos sociales que hasta hace poco se daban de manera aislada. Estos cambios si no son progresivos y ajustados producen verdaderos sismos culturales que sacuden todas las instancias: valores, criterios de vida, costumbres, concepciones estéticas, trastocando el pasado común.

En medio del torbellino surge el reclamo por el derecho a la diversidad, a la libertad de elección que da paso a la creatividad en el quehacer cultural, el derecho a la expresión individual, a una sociedad tolerante. Siempre y cuando sean mejores las opciones que se nos brindan, es posible adoptarlas a partir de reconocernos y conocer a los demás, de identificar las diferencias, de valorar lo nuestro y apreciar e identificar lo positivo de lo que nos brinden otros pueblos, acción que merece la adopción de una metodología crítica apropiada para entender y discriminar los cambios que asumamos.

La inveterada costumbre de comercializar ciertas fechas dedicadas a celebraciones especiales, producto de la sociedad de consumo, hace que muchas de estos días estén, orientadas mas a la adquisición desaforada de productos que a aprovecharlos para una verdadera orientación con fines educativos, recreativos, apreciación por la estética, preservación de costumbres e identidad.

 Es por esto que hacemos un llamado a educadores y padres de familia para que den el verdadero enfoque a la celebración de este día. Para lo cual es necesario conocer la tradición, estimulando a sus hijos a no usar disfraces bélicos y en lo posible que no incitan al terror, por el daño que vienen causando en la personalidad de ellos. Hay muchos motivos relacionados con la literatura, la naturaleza: aves, conejitos, perros, flores, frutas, danzas, personajes típicos, históricos, carnavaleros etc.

 En San Diego, en Atanquez y en otras poblaciones, el 1º de noviembre celebraba el día de los angelitos. Salían por la mañana los niños a recorrer el pueblo con una cruz de palo adornada con flores silvestres y una mochila o talego  colgada a las espaldas, para depositar lo que la gente les regalaba, casi siempre vituallas:  plátano, queso, yuca, arroz, panela etc. A veces algunas monedas y luego al terminar su recorrido se repartían lo que habían recogido.

 Al llegar a las casas donde iban a pedir, todos en coro decían:

 Ángeles somos del cielo venimos
Pidiendo limosna pa’ nosotros mismos

 Ellos esperaban y cuando les daban algo coreaban:

 Casa de rosas donde viven
Las hermosas

 Y donde no les daban nada decían:

 Casa de espino donde viven los zainos
Casa de aguja donde viven las brujas

 Y en Atanquez: Ligero, ligero que la noche está cayendo

El día anterior al de las ánimas, en Valledupar existió la tradición de salir a medianoche los monaguillos. Tocaban las puertas diciendo: “Alerta, alerta, que las puertas están abiertas”. Hacían sonar las campanas y las matracas: “trás, trás, trás.” Los dueños de casa abrían las ventanas y entregaban limosnas para orar el día de los muertos por las ánimas del purgatorio.

En algunas ciudades de la Costa Caribe están en proceso de recuperación de estas conmemoraciones, como el caso de Barranquilla con la fiesta de Los angelitos.

En esta edad debe estimularse la creatividad propia del niño  y encauzarla a usar vestidos relacionados con nuestra tradición folclórica nacional que es muy rica y además con todo lo que tenga que ver con la tradición oral,  relacionados con leyendas, cuentos, adivinanzas etc., cuya riqueza debe resaltarse en estos eventos y traducirse a la realidad mágica que ellos encierran. De igual manera volver a lo ecológico e inspirarse en los los motivos que ofrece la naturaleza.

En distintas ciudades del país instituciones educativas dedican el día mencionado a eventos folclóricos.  Otros lo destinan al conocimiento y valoración del ecosistema, también  a promover el amor por la lectura y el libro. A la orientación de profesiones y de los oficios que eligen los niños. A la representación de personajes de cuentos, de fábulas.

El Barrio La Candelaria de Bogotá D.C. intensifican en esta fecha el programa Historia de fantasmas, que desarrolla la Oficina de los Sueños del barrio citado. Programa cuyo guía hace las explicaciones de la historia de cada casa, figura o personaje de este barrio, además los visitantes tienen encuentros con un personaje o fantasma de la época.

Cualquier pueblo está en condiciones de ampliar su patrimonio sociocultural, en la medida en que entre en comunicación libre, directa, voluntaria de manera crítica. En tal sentido la traición oral, el mito, la memoria debe procurar mantenerse porque nos explican mejor el presente y nos impulsa a la búsqueda de un futuro superior.

El escritor cordobés José Luís Garcés fundador del grupo literario El Túnel, nos da instrucciones sobre cómo coger una bruja:

“Debe cargarse una cruz de acero que tenga la punta vertical como  filo de una espada, cuando se presenta la bruja, debe clavarse en el suelo, muy cerca de ella y decir de inmediato la oración de San Silvestre y rezar el credo al revés. Vale recordar que la oración de San Silvestre empieza así. “San Silvestre que te encabestre por las manos y los pies, que te tire al fondo del mar con todo tu interés.”“ Porque… Brujas! De que las hay, las hay…!