Todos estábamos a la espera, como en el célebre cuento del ‘Copetón’ Cepeda Samudio, de la tan anunciada llegada de María Mercedes Carranza a Valledupar, de tal manera que esa memorable noche el auditorio de la Escuela de Bellas Artes estaba colmado de admiradores de la buena poesía, para participar de ese encuentro místico-poético que es la fiesta del intelecto.
Aguardamos largo rato, pero lo ameritaba. Silvia Betancourt a mi lado derecho y María Victoria Saade a mi izquierda, de las primeras en llegar, no sabíamos que posición adoptar en las sillas. Luis Mizar, con su particular silencio interior, mientras esperaba desgranaba versos de colores, azul y sepia, con su inseparable compañera, la mochila arhuaca, terciá en el hombro izquierdo, muy cerca de su corazón, testigo de sus más recónditos secretos.
¡Al fin…!, la poetisa María Mercedes Carranza ingresó al auditorio. Suave, sutil, pausadamente caminó en medio de la ovación de los asistentes quienes con ansiedad no veíamos el momento de escuchar de viva voz sus poemas.
José Atuesta, reconocido poeta de la región, hizo una amena e interesante presentación, donde conversó sobre la influencia literaria de María Mercedes Carranza, especialmente la que provenía de su padre, el poeta Carranza, y del desfile de literatos nacionales y extranjeros que visitaron el hogar paterno, quedando en ella huellas indelebles. Culto a la palabra que dejaría muchas metáforas regadas en sus mente, que con el transcurrir del tiempo la conducirían por el camino de una intensa actividad literaria, manifiesta en su vocación creativa y la afición pedagógica hacia el arte poético: incentivando concursos (‘Descanse en paz la guerra’ fue el último que convocó) y la dirección de la Casa de Poesía Silva por más de 18 años. Son éstos argumentos reveladores de su labor educativa.
A pesar de las influencias mencionadas ella supo crear su propio estilo a través de una poética renovadora, en la que están presentes los momentos históricos en los que nació y vivió. Todos aquellos elementos que constituyen la historia universal, nacional y personal, desarrollados en un tono amable y cordial que conduce al lector a descubrir nuestros comportamientos sociales, sin bellezas formales, pero con mucho talento, unido a un sentido poético caracterizado por el ingenio, por el humor y la energía.
Esa tarde inolvidable, ella con su tenue, suave, cadenciosa y bien modulada voz, inició su intervención así:
“Comienzo por decirles que para mi es muy grato estar aquí en Valledupar con ustedes esta noche y compartir unos versos. Voy a leerles algunos de mis poemas:
Hizo un breve recorrido por su obra poética. Inició con la obra ‘Vainas y otros Poemas’, publicada en 1972. Habla de su segundo libro titulado ‘Tengo Miedo’, del año 1982.
“Tengo Miedo Miradme: en mi habita el miedo Tras estos ojos serenos, en este cuerpo que ama: el miedo El miedo al amanecer porque inevitable el sol saldrá y he de verlo. Cuando atardece porque puede no salir mañana. Vigilo los ruidos misteriosos de esta casa que se derrumba, Ya los fantasmas, las sombras me cercan y tengo miedo Procuro dormir con la luz encendida y me hago como puedo a lanzas, corazas, ilusiones. Pero basta, quizás solo una mancha en el mantel para que de nuevo se adueñe de mi el espanto. Nada me calma ni sosiega: Ni esta palabra inútil, ni esta pasión de amor, ni el espejo donde veo ya mi rostro muerto. Oidme bien, lo digo a gritos: tengo miedo”.
Su tercer libro lo tituló Ola Soledad, publicado en 1987. De su arte poético nos dio a conocer además ‘Cuando escribo sentada en el sofá’, poema dedicado a su padre, quien le enseñó las primeras palabras y también las últimas.
La interrogamos sobre la poesía. Nos respondió:
“Pienso que la poesía es una vocación que tenemos todos los seres humanos, no creo que sea una vocación especial mía, no; es una vocación común del ser humano, lo que pasa es que algunas personas disfrutan más esa inspiración.
¿Por qué es claro que la poesía es algo inherente al ser humano? Nosotros somos seres de palabras, eso es lo que nos caracteriza la palabra y el lenguaje, es lo que nos separa del mundo natural. Es obvio, por ejemplo que los animales tienen su lenguaje, pero es un lenguaje muy distinto al nuestro, porque tenemos la capacidad de abstracción, tenemos la capacidad de crear símbolos.
¿ Y… qué es la poesía? Para mí, pienso que la poesía sirve para unir al que la lee y a quien la escribe. Por ejemplo, si esta tarde yo leí un poema y a alguien en esta sala, una palabra, un verso que yo dije, le sirve para vivir, para sobrevivir, para solucionar algo, para iluminarlo de alguna manera, estarán justificados mis más de treinta años dedicados a la poesía, aunque solo le sirva a una persona. Yo estoy convencida de eso, porque además el lenguaje se vuelve fórmula en la sociedad y vamos perdiendo el sentido original de las palabras. Se vuelven meros comodines, casi monedas de uso”.
“Ser poeta implica rescatar el sentido original de las palabras, por eso los poemas son únicos, por eso en un poema cada palabra es absolutamente necesaria y no se puede remplazar por otra. Cuando hay una crisis como la que vivimos en Colombia en estos momentos, entra en crisis el lenguaje. Un síntoma es la manera cómo hablamos al utilizar el lenguaje de manera falsa en algunas circunstancias”.
¿Qué persigue la poesía? ¡Caramba! La poesía en últimas busca la comunicación, ese es el sentido de la poesía para mí: Comunicar. Cuando yo estaba leyendo los poemas, estaba comunicándome con ustedes. Para esto se requieren dos personas: una que habla y otra que oye. Pues bien, en el país parece que se hubiera producido un cortocircuito entre estos dos actores. Aquí se nos acabaron las palabras. La comunicación en los dos sentidos se tronchó. Hablamos con los métodos de la violencia que dominan en el país”.
Finaliza diciendo: “la poesía entre tantas cosas es una esencia de belleza y amor y por lo tanto su goce nos debe hacer mejores, pero no nos basta con ser mejores o con tener la verdad y la sabiduría al servicio de algo. Ese algo debe ser hoy para todos los colombianos, edificar una sociedad más justa.
Una triste despedida nos sorprende el 11 de julio de 2003. Después de conversar con varios amigos y terminar su trabajo en la Casa de Poesía Silva se fue a su casa y tomó una decisión dolorosa y radical que quizás no fue súbita, sino efecto del sufrimiento, a menudo suspiraba y repetía: «¡ Ay, este país nos está matando!». En su corazón había mucho dolor por el asesinato de Luis Carlos Galán, dos de sus mejores amigas y el secuestro de uno de sus hermanos. Ya no resistía tanto atropello e injusticias situación reflejada en sus obras antes mencionadas. Su única hija Melibea, encontró la carta de despedida. Le hablaba del amor y de la juventud. Allí estaba también uno de los libros que su padre, el poeta Eduardo Carranza había escrito. El en una oportunidad había escrito: «Todo cae, se esfuma, se despide, y yo mismo me estoy diciendo adiós».

