Julio OnatePor: Julio Oñate*

El término Neoclasicismo (del griego Neos y latín classicus) surgió en Europa durante el siglo XVIII para denominar al movimiento estético que se reflejaba en las artes y que se transmitía a todos los ámbitos de la cultura, de éste se derivó el término clásico que nuestro diccionario mayor define como aquello que es digno de imitarse.
El concepto de clásicos en las manifestaciones artísticas puede aplicarse cuando respecto a una obra determinada se ha establecido una distancia temporal grande y el tiempo ha dado su veredicto consagrándola como valiosa.
En el campo de la pintura Leonardo Da Vinci y Miguel Ángel Buonarroti  terminaron sus magnas obras La Monalisa y el Juicio Final respectivamente en el siglo XV, hoy, seis siglos después siguen siendo iconos de la pintura universal.
El Quijote que apareció en 1605 representa hoy la obra mas importante en la literatura de habla hispana, donde se ha dicho que es “Cien años de soledad” la más notable después de lo escrito por Cervantes,  pero por ejemplo considerar que “Cien años de soledad” es un clásico de la literatura sería abusar del término ya que desde nuestra perspectiva no podemos saber si dentro de treinta o cincuenta años la obra seguirá leyéndose con la misma intensidad del momento, porque en el caso de cambiar las perspectivas de la literatura esta podría pasar a un segundo plano, lo cual sé que fácilmente no ocurrirá, pero para llegar a tener la categoría de clásico deben pasar varias generaciones y que ésta se mantenga vigente.
En el siglo XVIII Beethoven compuso su 5ª sinfonía y cercano a esta época Mozart llevó al pentagrama su Misa de réquiem en re menor, obras emblemáticas de la música clásica compuestas por los grandes maestros, que hoy tienen reconocimiento mundial.
En el caso vallenato escucho que exageradamente se aplica esta distinción a muchas canciones que no lo son puesto que no llegan a ser paradigmáticas para tomarse como modelos y no tienen el carácter de ejemplares por su riqueza textual y melódica. Existen canciones como “La Gota Fría” que aunque muchos se han olvidado del autor, si se conserva viva la imagen de ella pues como bien lo ha señalado el escritor Alberto Salcedo Ramos, en este país de conflictos violentos, el enfrentamiento entre las partes sin encontrar un cese al fuego deja muy explicita la sentencia, “me lleva él, o me lo llevo yo”. Con un poco más de sesenta años a cuestas y acercándose ya al centenar de versiones viene a conformar junto al paseo “El Caimán” de José María Peñaranda y el porro “La Múcura” del folclor costeño la tripleta de canciones más conocidas y más interpretadas del cancionero colombiano y que quizá al llegar a ganar un espacio en el panteón de los cantos eternos las generaciones venideras les otorgaran la difícil categoría de clásicos.
Cuando Carlos Vives alegremente publicó sus Clásicos de la provincia, el revivió una serie de canciones que ya se estaban olvidando y que los niños no tenían acceso a ellas y gracias al nuevo estilo que les dio estas resucitaron en el gusto popular comenzando niños y adolescentes a cantar esos discos de los cuales no tenían ni idea de sus autores y antecedentes.
Existen canciones ligadas a ciertos rituales y a ciertas fechas que se han venido inmortalizando no obstante tener en la actualidad una edad relativamente corta, como el merengue “Mi gran amigo” de Camilo Namén, recordado en forma constante por aquellos que han perdido a su padre y el paseo “Tu Cumpleaños” de Diomedes Diaz siempre dedicado en cada fiesta de onomástico que tienen asegurada su pervivencia ya que han estado madurando por sentimientos inalterables.
Algunas olvidadas durante el transcurso del año cobran fuerza en épocas especificas como las temporadas decembrinas y son modelos la música de Guillermo Buitrago, “Mensaje de navidad” de Rosendo Romero y “La víspera de año nuevo” de Duran, Ayala y Pumarejo que de perdurar en el tiempo podrán lograr el perfil de clásicos de temporada al igual que aquellas canciones festivaleras que se oxigenan cada año. Algunos cantos de Escalona, Tobías Enrique y Leandro que bordean ya los setenta años de estar sonando seguidos por otros cercanos al medio siglo de Esteban Montaño, Armando Zabaleta, Gustavo Gutiérrez, Emilianito Zuleta, Issac Carrillo, Wicho Sánchez  y Beto Murgas al igual que ciertos de Alejo Durán, Luis Enrique, Abel Antonio, Landero, Calixto, Naferito y Alfredo están cercanos ya a la categoría por su permanencia en la memoria de la gente y la constante renovación que reciben por parte de nuevos interpretes que los ubican en el momento.
Sé que algunos compositores creadores de hermosas canciones y resonantes éxitos se sentirán molestos por no tener mención alguna en mis apreciaciones pero por estar todavía madurando sólo el tiempo y las futuras generaciones podrán otorgarle a sus obras la difícil categoría de clásicos.

*Julio Oñate/El Pilón