“Beliza, tu pelo tiene…”, nombre lleno de magia y fantasía, con olor a azahares y jazmines, esparcido en el ambiente idílico de Manaure de la Montaña. Olor a ella, a Mary Daza Orozco, a la niña mujer, la de ahora y la de ayer: sutil, candorosa, cautivadora. Destacada novelista; lectora incansable, con buen sentido del humor, irónica a veces, arriesgada en otros momentos. Es la literata que plasma esa cruel e interminable realidad que vivimos en nuestro país en bellos escritos hasta lograr encaminarnos por un mundo mágico.
Una vez más, nos sorprende con su nuevo y original libro titulado “Beliza tu pelo tiene”, finalista en el concurso de literatura en el género de Testimonio, Premios Nacionales del Ministerio de Cultura. En él campea el lenguaje del buen gusto para deleite del espíritu. Literatura plena de viviencias, evocaciones y nostálgicas remembranzas.
Al leer “Beliza, tu pelo tiene…” las lágrimas surcaron mi rostro. Cautivada por eL embrujo de la casa, de la vieja casona que ya no es, de la lámpara de petróleo que la madre colgaba del dintel noche tras noche; “del circulo brillante sobre el piso frio”, donde hacían la reunión de los siete niños, ellos que tuvieron la felicidad de gozar de la paz que reinaba en esos momentos, acompañados del tío Beltrán con su poema, nunca acabado, para Beliza que campea por toda la novela.
Mary ha escarbado y esculcado en el árbol genealógico familiar, adentro sus miembros como sugestivos personajes, rebuscando en el baúl de los recuerdos para plasmar, además, en este libro leyendas, nuestras costumbres ancestrales y de esta manera nos encamina hacia un reencuentro con la tradición oral, pero su imaginación de novelista se desarrolla por limites inusitados, jamás imaginados, hasta llevarnos agarradas de su mano a disfrutar del perfume de los azahares en el ambiente de Manaure de la Montaña.
El desarrollo de los relatos que juegan con la fantasía deleita por el lenguaje limpio, transparente y desenvuelto, lleno de gracia, raudo, sonoro al oído, como el cauce de un rio cristalino a cuya orilla nos echamos a descansar. Ante tantas imágenes solo nos queda pedir con ella: “Señor, devuélvenos el país”, ese que anhelamos lleno de paz, el de las lunas llenas, las rondas infantiles, los cuentos de miedo, el de los abuelos sonrientes y el de los niños confiados como Beliza que solo creía en el bien y la libertad.

