Tras varios días de deliberación, el humo blanco que salió de la chimenea de la Capilla Sixtina fue la primera señal de que el cónclave de cardenales llegó a un consenso. Una multitud de fieles que se encuentran reunidos en la plaza San Pedro estalló en aplausos.
Humo blanco salió de la chimenea de la Capilla Sixtina, lo que indica que la Iglesia Católica ya ha elegido a un nuevo papa, el número 266 de su historia y sucesor de Joseph Ratzinger. La multitud congregada en la plaza San Pedro estalló en aplausos y vítores.
Pocos segundos más tarde, las campanas de la Basílica de San Pedro comenzaron a sonar confirmando la elección del cónclave de 115 cardenales, que llegaron al consenso en la quinta votación.
El nombre del sucesor de Pedro se conocerá tras aproximadamente 40 minutos, cuando el cardenal protodiácono, Jean Luis Tauran -si no es él el elegido- pronunciará el esperado ‘Habemus Papam’ (tenemos papa) y el nombre del Pontífice, el cual saldrá al balcón para saludar a los fieles.
En estos 40 minutos que median entre el momento en que sale la fumata blanca y el en que se escucha el “Habemus Papam”, el nuevo Sumo Pontífice entra en la habitación de las lágrimas para vestirse y regresa a la Capilla Sixtina.
Posteriormente, celebrará una pequeña ceremonia con una oración y un pasaje del Evangelio. En ese momento, los cardenales demuestran su obediencia al nuevo papa y después cantan el Te Deum, uno de los primeros himnos cristianos.
El proceso de elección del nuevo papa inició el martes 12 de marzo, sin la existencia de claros favoritos para asirse a la silla de San Pedro. Ello, por divisiones entre los purpurados tras el escándalo de filtración a la prensa de documentos papales conocidos como Vatileaks.
En las jornadas de votación cientos de ciudadanos se reunieron en la plaza de San Pedro para ver las pantallas instaladas por el Vaticano y el color del humo tras las reuniones de los cardenales. Sin embargo, la afluencia fue menor a la del 2005.
La selección del sucesor de Benedicto XVI se dio antes de la misa de Ramos del 24 de marzo próximo, una de las más importantes de la Semana Santa y del año litúrgico.
El pasado 11 de febrero Joseph Ratzinger anunció su renuncia como Sumo Pontífice «por falta de fuerzas», durante un discurso pronunciado en latín en medio de una canonización en la Santa Sede de El Vaticano.
Aseguró que la renuncia al ministerio fue “en plena libertad” y “por el bien de la Iglesia Católica”, por “no ser capaz” de estar al frente del Vaticano, “después de haber orado largamente y tras examinar mi conciencia delante de Dios”.
Posteriormente, el 28 de febrero se oficializó la separación del cargo asumido el 19 de abril de 2005. Con la decisión Joseph Ratzinger se convirtió en el cuarto papa en renunciar en la historia y el primero en hacerlo en 600 años.
La normativa vaticana establece que el cónclave debe comenzar entre 15 y 20 días después del inicio de la sede vacante, con el objetivo de permitir a todos los cardenales del mundo acudir a Roma.
