105934-10704Christian Mejía director del corto ‘Contigo’, reconocido en Cannes y en festivales nacionales.

Una tierra hermanada en la hipérbole, hecha de mentiras que parecen verdades y verdades que parecen mentira, esa es la sinopsis de Barranquilla. El aire caldeado del Caribe y la vida a orillas del río Magdalena han permeado nuestra cordura durante 200 años, aquí las historias no se cuentan igual dos veces, en la ciudad de las puertas de oro las obras maestras nacen y mueren en las calles todos los días.

Congelar este teatro que se desenvuelve entre los latigazos del sol sería una labor de locos. Sobre el asfalto agrietado y las calles que en época de lluvia se convierten en Venecia, la vida corre a 24 cuadros por segundo.

Los barranquilleros llevamos 200 años haciendo películas, 100 volviéndolas cine. Producciones como El Último Carnaval de Ernesto McCausland, Heridas de Roberto Flórez o la más reciente Edificio Royal de Ivan Wild, son la muestra innegable de nuestra sed por llevar la realidad un paso más allá.

En la celebración de su Bicentenario, Barranquilla se encuentra en un hito histórico. Nunca antes los incentivos y medios para hacer cine habían sido tan accesibles. La cámara está en manos de quienes deseen aceptar el reto de inmortalizarla.

Christian Mejía, lo inverosímil del día a día. El cine es un accidente para este cineasta de 27 años. El sueño de ser periodista lo cambió por los carretes móviles del séptimo arte.

En el 2012 viajó a Cannes para presentar su cortometraje Contigo, una obra de ficción basada en la realidad inverosímil que se cuece todos los días en los rincones de Barranquilla, y con la cual ganó además premios al mejor cortometraje local y mejor dirección de arte en varios festivales nacionales.

Cada uno de sus proyectos tiene como sede de grabación a la capital del Atlántico pues, por azares del destino, aquí ha encontrado las mejores historias.

Su aporte para la ciudad es dar voz a las realidades que permanecen ocultas a los ojos de la mayoría de las personas. “Barranquilla es rica en historias, personajes y anécdotas. Esa es la mina de oro de la cual el cine como arte narrativa se nutre”.

No obstante advierte sobre esta virtud, que al mismo tiempo resulta un defecto. “Si queremos seguir desarrollandonos debemos ser autocríticos con nosotros mismos, compararnos con el mundo y llegar a un nivel internacional, no debemos encerrarnos en lo que somos, sino seguir creciendo”.

Giuliano Cavalli, Las otras Caras del cine. Giuliano lleva en su sangre parte de la herencia italiana que le legó su padre, sin embargo vivió toda su vida en Barranquilla y a sus 33 años no llama hogar a otro lugar que no sea la ciudad de las puertas de oro. En Cannes presentó el cortometraje Gonawindua sobre la etnia Kogui, que realizó en compañía de Jorge Mario Suárez y su equipo de producción Murillo Films, con este equipo además ha elaborado varios cortometrajes.

Más allá de su rol como realizador, quizá su mayor legado para la ciudad sea el Festival Internacional de Cine de Barranquilla, un espacio para la construcción de sentido crítico hacia el séptimo arte, que durante el mes de marzo puso frente a los ojos de los barranquilleros un nuevo mundo de películas.

“En Barranquilla las personas son amantes del cine por naturaleza, lo que les hace falta son opciones, y ese es el encanto de presentarles otras posibilidades, es como abrir las puertas a nuevas emociones y nuevas ideas”. Ideas que nacen con cada giro de los cilindros de celuloide de 35 mm que les mantienen cautivos y mueren cuando el proyector se apaga. Para Giuliano en 10 años Barranquilla dará a luz sus propios universos cinematográficos. “Cada vez hay más espacios y personas interesadas, es cuestión de tiempo para que veamos los resultados”.

Por Rafael Pabón/El Heraldo