El italiano Giancarlo Viola, exnovio de Sara, abraza el féretro de la actriz.
Ayer en Madrid se producía despedida de Sara Montiel. La Gran Vía, arteria de la vida cultural de la ciudad, se engalanaba para darle el último adiós a la gran estrella. “Sabré marcharme cuando me dé cuenta de que la gente empieza a cansarse del mito”, había dicho en vida. Pero ese momento nunca llegó y permaneció activa hasta que ayer fallecía, pese a sus 85 años, de manera totalmente imprevista, antes de un viaje a Oviedo para una consulta oftalmológica.
“¡Viva Sara!”, “¡Olé, Sara!” o estrofas de algunas de sus canciones más célebres han acompañado en su dolor a Thais y Zeus Tous, sus dos hijos adoptivos, visiblemente afectados. Pero la reunión de admiradores hablaba de la amplitud del calado de la Montiel.
Junto a Giancarlo Viola, su examante, abriendo entre lágrimas la comitiva al sepulcro que ella misma había mandado construir para su madre, apenas 200 personas, muchas de ellas de los medios de comunicación, despidieron a la protagonista de El último cuplé y pionera en el desembarco español en Hollywood. Efe
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