Diomedes Díaz sigue siendo ‘El Canillón’ al que todo el público amante del vallenato le pide que siga cantando.
En el año de 1975, a raíz de la separación de Jorge Oñate y Los Hermanos López, éstos vincularon al cantante patillalero Freddy Peralta, iniciando entonces una nueva etapa en la historia vallenata.
Una de las primeras salidas del nuevo elenco fue a Pivijay, Magdalena, para amenizar las tradicionales fiestas de mayo.
El termoking con la ‘tropa’ musical salió desde La Paz y en éste, bajo calidad de polizón, viajaba un muchacho flacuchento, modestamente vestido, luciendo rusticas gafas que por hacerse notar como cantante y compositor andaba que se prendía hasta de un avión con falladera. Se llamaba Diomedes Díaz y era un buen amigo de Freddy y del ‘Pella’ Zuleta.
Durante el viaje, el aire del bus se dañó y hubo necesidad de abrir las ventanillas. De Fundación hacia allá la carretea es destapada y los músicos tuvieron que aguantarse un tremendo tierrero durante ese tramo, hasta Pivijay.
Listos para la caseta
Después de un breve descanso, los del conjunto se pulieron, se engancharon el uniforme y se alistaron para ir a la caseta donde los pivijayeros, zuletistas hasta los tuétanos, esperaban el debut del nuevo cantante de Los López, de quien se afirmaba tenia más pulmón y más perrenque en la voz que ‘Poncho’ Zuleta, el ídolo del pueblo.
‘Pella’ Zuleta, preocupado viendo el estado tan deplorable de Diomedes, ‘mojoso’ por el polvo del camino y sabiendo que no había llevado maletín y ni siquiera una ‘muda’ de ropa, gentilmente le ofreció un pantalón que tenia de repuesto.
Después de asearse, Diomedes se ‘encasquetó’ el pantalón, pero como él era mucho más espigado que ‘Pella’, ya puesto se le notaba un poco zancón.
La hora de actuar
El baile arrancó con el normal entusiasmo casetero. Era la época en que en estos eventos las agrupaciones tocaban tres tandas y en la última Freddy le daría el chance a Diomedes, para que éste se luciera interpretando sus canciones.
En la tanda final, el muchacho flacuchento, de las gafas rusticas y el pantalón prestado, medio zancón, enguido a un lado de la tarima, esperaba la señal de Freddy para entrar en acción después de ser anunciado.
La gente le chequeó el pantalón y a manera de guasa, tratando de ridiculizarlo, le gritaban: “Que cante ‘el canillón’… que cante ‘el canillón’…”. Por fin, Peralta le dio entrada y canto ‘El Canillón’.
Arrancó con ‘Cariñito de mi vida’ y la ovación fue estruendosa. Continuó con ‘Mi dolor de cabeza’, otros de sus primeros paseos, y el tremendo aplauso estremeció la caseta.
Con el tema ‘Razón Sentimental’ ‘El Canillón’ se ‘echó a todo el mundo al bolsillo’. El publico delirante lo vitoreó a placer, sin dejar de pedirle eufóricamente: “que cante ‘El Canillón’… que cante ‘El Canillón’…”.
Fue el comienzo de una gloriosa carrera artística, largos años han pasado y ‘El Canillón’ siguió cantando y lo cierto es que hoy todos quieren “que cante ‘El Canillón’…”.
Publicada porJulio Oñate Martínez/Escritor, Premio ‘Simón Bolívar’/Vanguardua
