El caso de José Salvador Alvarenga, quien supuestamente permaneció 13 meses en un pequeño bote en altamar, sorprendió al mundo. Sin embargo, hay muchas dudas sobre su historia.
Después de eso no se volvió a saber de él. Alvarenga y su compañero nunca regresaron a Chiapas y, durante cuatro días, un equipo de rescate los estuvo buscando. Después de unas semanas, todos asumieron que se habían ahogado. Como Alvarenga no tenía familia ni muchos amigos en México, la comunidad se fue olvidando poco a poco de él. Así fue hasta que, la semana pasada, el misterioso pescador apareció en el diminuto atolón de Ebon, en las Islas Marshall, a más de 12.000 kilómetros de su lugar de origen.

El bote de Alvarenga fue arrastrado hacia las islas e interceptado por las autoridades costeras. Su ocupante estaba medio inconsciente y desorientado, pero logró explicar –a través de señas y dibujos– quién era y de dónde venía. Después relató su asombrosa odisea con más detalles: dijo que su bote había perdido el rumbo en una tormenta y que había quedado a la deriva. Después de varios meses Ezequiel, su compañero, murió de inanición y Alvarenga se vio obligado a deshacerse de su cadáver. Algunos creen que el náufrago se pudo haber alimentado de la carne de su compañero, pero los expertos lo han negado. El salvadoreño afirmó que comió pescado crudo y pájaros, y que bebió su propia orina y sangre de tortugas.
Las autoridades lo llevaron a una clínica y lo mantienen en observación. Los médicos afirman que aunque su estado no es el mejor, Alvarenga se encuentra estable. Dicen que está muy débil físicamente y en estado de shock, pero que pronto podrá tomar un avión para regresar a su país.
La noticia del rescate del náufrago recorrió el mundo y llegó, desde luego, a El Salvador. Allí su familia lo reconoció y se puso en contacto con él a través del gobierno. Esta semana Alvarenga habló con varios miembros de su familia incluida su hija Fátima, a quien no conocía, pues nació cuando él emigró a México. Los médicos que lo observan dicen que Alvarenga repite constantemente que se logró mantener con vida gracias a la ilusión de volver a ver a su familia y a su fe en Dios.
La travesía de este náufrago ha generado todo tipo de sospechas. El hombre no tiene, aparentemente, ninguna razón para mentir, pero su historia es difícil de creer. En primer lugar porque los expertos sostienen que es casi imposible permanecer tanto tiempo a la intemperie y bajo el sol. Tampoco entienden cómo pudo sobrevivir con una dieta tan irregular. De hecho, si se comprueba que pasó 450 días –más de 13 meses– a la deriva, sería uno de los naufragios más largos de los que se tenga noticia. Pero lo que más dudas ha generado es su aspecto. En efecto, en las pocas fotos que se conocen, el hombre no aparece raquítico ni demacrado: parece estar más gordo que antes de su salida. Su piel, su pelo, su dentadura y sus uñas tampoco parecen haber sufrido demasiado. Puede que, como dice su amigo mexicano, Alvarenga sea alguien muy fuerte, pero de ser cierta su versión sería una especie de superhéroe.
Algunos conocidos le atribuyen su resistencia a su entrenamiento en la milicia salvadoreña. Según algunos de sus amigos, Alvarenga militó en su juventud en la guerrilla de su país y ahí aprendió técnicas de supervivencia. Hasta el momento el pescador ha dado muy pocas explicaciones y solo dice que desea recuperarse para ver a su familia. El misterio de cómo y realmente cuánto tiempo sobrevivió en su bote tal vez nunca podrá ser resuelto. n El náufrago dice que comió pescado crudo y pájaros, y que bebió su orina y sangre de tortuga.

