Guatemala, 9 jun (PL) Al guatemalteco Miguel Ángel Asturias le ajusta el refrán de «nadie es profeta en su propia tierra», a juzgar por la poca difusión de su obra en este país 40 años después de su muerte.
Galardonado con el Premio Nobel de Literatura en 1967, Miguel Ángel Asturias es el guatemalteco más universal, apreciado, valorado y querido en todo el mundo, sin embargo, en Guatemala nos cuesta mucho valorarlo, quererlo, leerlo, disfrutarlo, comentó en una ocasión Sandino Asturias, nieto del escritor, periodista y diplomático.
A su juicio, la novela El señor presidente representa la vanguardia de los escritores que luchaban contra las dictaduras que existían en América Latina.
Publicada en México en 1946, esa es su obra más conocida, la cual alude a la dictadura que sufrió Guatemala bajo el régimen de Manuel Estrada de 1898 a 1920. Aunque el nombre de Estrada no aparece en el texto, sí hay muchos guiños que remiten a él.
El director de F&G Editores, Raúl Figueroa, advirtió que no es casualidad que Asturias (1899-1974) sea prácticamente desconocido en Guatemala porque conocerlo es saber de la nación.
«En la medida que conozcamos más el país, nos enfrentaremos al compromiso de cambiarlo», subrayó Figueroa, quien está a cargo de la edición de 14 volúmenes (cinco ya impresos) que reúnen las obras completas del insigne autor.
«En su escritura empieza a alquimizar tentaciones con seducciones, misterios y líneas incandescentes que uno cuando vuelve a leer dice: ¿cómo puede ser posible que un ser humano pueda escribir tan perfectamente?», ha destacado el escritor y periodista José Luis Perdomo.
En su opinión, en la legendaria universidad de La Sorbona en París, Asturias hizo a un lado la sociología y tomó la sabia decisión de estudiar las religiones de la América precolombina y ponerse al día con el ritual sagrado de traducir el Popol Vuh, lo cual -en su opinión- lo convirtió en más poeta y narrador.
«…No sustituir las cosas por palabras. Buscar las palabras-seres. Y los problemas del hombre. Por añadidura. La evasión es imposible. Sus problemas. Un Continente que habla», expresó Asturias en su discurso, al recibir el Premio Nobel de Literatura en 1967.
Buena parte de sus 74 años los vivió fuera de su país, pues tuvo que sufrir el exilio por su forma de pensar.
Fallecido en Madrid, España, el 9 de junio de 1974, Asturias dejó un legado importante a las letras latinoamericanas y fue uno de los escritores que advirtió sobre la importancia de las culturas indígenas, especialmente las de Guatemala.
