Por Armando Neira/semana.com
¿Por qué es factible que Colombia derrote a la celeste en el estadio Maracaná de Río de Janeiro? Análisis de Semana.com
1. La ausencia de Luis Suárez
En el mundo del deporte es natural buscar héroes que alcancen hazañas sublimes para llenar de gozo a los aficionados. Eso es Luis Suárez, uno de los delanteros más portentosos del planeta. Sancionado a estar diez fechas fuera de la Premier League por haber mordido a un jugador del Chelsea, se temía que él se hundiría en un estado de depresión del que no se levantaría. No sólo volvió, sino que marcó 31 goles en la temporada que incluye la liga más competitiva de la actualidad, cifras que le sirvieron de soporte para elegirlo el mejor jugador del año en Gran Bretaña. Por primera vez un latinoamericano obtenía ese éxito para orgullo de su equipo, el Liverpool. Uruguay celebró su logro en vísperas del Mundial, aunque sufrió momentáneamente porque Suárez tuvo que pasar por el quirófano para ser operado del menisco en la rodilla izquierda. Vinieron las cadenas de oración en todo el país y de manera casi milagrosa se recuperó a escasos días del Mundial. Óscar Washington Tabárez dijo que con él la Celeste iba a cumplir un papel protagonista. El representaba la inyección de optimismo necesaria para una escuadra que había llegado al Mundial por la vía del repechaje. Pero con Suárez, recuperado y en estado de gracia, insistió Tabárez, Uruguay intimida. Sin él, aceptaba en ese momento su técnico, serían más vulnerables.
2. Colombia es un equipo
En contraposición a la hoja de ruta que fijo Tabárez siempre con Luis Suárez como estandarte, Néstor Pékerman ha hecho de Colombia un equipo. Uno para todos, todos para uno. La solidaridad mutua es abrumadora. Es ejemplar. Eso queda claro en un video motivacional de Pékerman donde dice: “Podés elegir correr solo y trabajar en equipo. Ir solo es más fácil, no tenés que ponerte de acuerdo con nadie. En equipo es a otro precio; antes de empezar a competir le tenés que ganar al ego más grande de todos, el tuyo. Tenés que entender que no sólo está bien como vos lo hacés, que hay otros caminos. Que para ser escuchado, primero tenés que haber oído. Que para recibir un aplauso, tenés que estar golpeando tus propias palmas. Si no sabés hacer algo, te van a gritar; si estás atrás, te van a empujar, y si ganás, te van a apretar tan fuerte, que vas a querer llorar. Porque cuando se juega en equipo, se celebra en equipo”. Antes del partido con Japón, había enorme expectativa por la posibilidad de que Faryd Mondragón impusiera el récord como el jugador más longevo en actuar en una Copa del Mundo. “No vinimos por registros personales sino por triunfos colectivos”, respondió Pékerman. Sólo cuando el marcador ya era el suficiente para asegurar la victoria entró Mondragón. El arquero, compresivo y agradecido, no corrió a la cancha sino que antes de entrar buscó a Pékerman, le dio un beso en la mejilla y lo abrazó, en una de las imágenes más conmovedoras del torneo.
3. La garra herida
Históricamente, Uruguay ha apelado a su garra para buscar victorias. Incluso, en el entorno de la celeste se dice que la sacada de Suárez del Mundial los estimulará para salir más heridos a enfrentar a Colombia. Es muy posible. Sin embargo, estar heridos, llenos de furia, con el corazón mortificado por la ira, no son hechos sinónimos de eficacia. Por el contrario, la celeste puede entrar al campo de juego en un estado de alteración en el que no puedan vencer los nervios. Se trata de una situación diametralmente opuesta a la que vive Colombia. Si hoy eliminaran al equipo de Pékerman, todos en el país estarían felices y agradecidos por las alegrías hasta ahora brindadas. Eso le permite entrar con una confianza plena, a disfrutar de su talento, y con una autoestima inmejorable.
4. Uruguay se autoeliminó
El estado de indignación en Uruguay por la sanción a Luis Suárez es absoluto. Desde el propio presidente de la República, Pepe Mujica, hasta los más rigurosos analistas ven en este hecho un plan orquestado por la FIFA para quitar del camino al equipo que iba a vencer a Brasil, con lo que la Copa perdería toda emoción y se irían a pique miles de negocios publicitarios. Los uruguayos basan su teoría en que la celeste iba a repetir la hazaña del Maracaná en 1950 cuando el fantástico Obdulio Varela, el Negro, el Jefe, les dijo en el túnel de vestuarios ante el ruido ensordecedor de los 203.850 espectadores que animaban a Brasil, a sus compañeros: “No piensen en toda esa gente, no miren para arriba, el partido se juega abajo y si ganamos, no va a pasar nada, nunca pasó nada. Los de afuera son de palo y en el campo seremos 11 contra 11. Los de la tribuna no juegan”. Y, en efecto, ganaron la copa y silenciaron al Maracaná. En Uruguay dicen que por eso sacaron a Luis Suárez, porque él les iba a causar el mismo daño, y que hubo un complot de varios países y de “la mafia de la FIFA” para evitar una catástrofe idéntica. Si esta teoría es cierta, quiere decir que Uruguay ya perdió porque la conspiración se hizo efectiva y Suárez ya no está. Es decir, ya perdieron. Lo real, sin embargo, es que Colombia y Uruguay llegan a este encuentro después de una larga eliminatoria y los tres partidos de la primera ronda sin sus dos principales figuras: Falcao y Suárez. La diferencia está en que Colombia ha tenido tiempo de sobra para superar el trauma por la ausencia de Falcao y lo ha demostrado con nueve goles en tres partidos. Uruguay, en cambio, está en estado de shock. No ha tenido tiempo siquiera de digerir el impacto de tan tremenda noticia, que es comparable al retiro obligado de Diego Armando Maradona del Mundial de Estados Unidos por consumir cocaína. Argentina, que era favorita para llevarse el torneo, no sanó la herida en tan breve tiempo y fue eliminada por Rumania.
5. Un 10 para un 10
La otra cara de la moneda del ‘chico malo’ de Suárez es el ‘chico bueno’ de James Rodríguez. Noble, educado, respetuoso del rival, el volante creativo de Colombia llega en su mejor momento deportivo al Maracaná. Fue elegido este viernes, por la FIFA, el mejor jugador de la primera fase del torneo, tal como lo publicó este viernes el organismo en su página web. A los casi 23 años –los cumple el próximo 12 de julio- exhibe en cada acción una madurez incuestionable. En los tres partidos jugados ha sido figura, especialmente frente a Japón. Entró en el segundo tiempo para poner orden, disciplina en el campo y vaya que lo hizo. Lleva tres goles, dos asistencias y tiene una combinación de ambición y serenidad asombrosa. “Ese niño es una maravilla. Creo que con él, con su equipo, estamos ante la mejor Colombia de todos los tiempos”, dijo Diego Armando Maradona, quien tiene autoridad para hablar de los que es llevar a sus espaldas el número 10.
6. El fútbol se juega con la cabeza
Esta Selección que juega ante Uruguay tiene, además de las tres fechas jugadas en el Mundial, un largo recorrido de casi dos años de trabajo conjunto en las eliminatorias. Y en ese período, como lo analizó en su momento Semana.com, perfectamente se le podría aplicar ISO 9000. Siempre ha sido un equipo en el que todos sus componentes buscan asegurar la calidad del producto y de manera consistente incrementar la eficiencia de la organización en el logro de sus objetivos. Todos los jugadores llegan temprano a las citas de concentración y a los entrenamientos. Se acuestan a dormir a la hora que se lo exigen sus preparadores físicos. Cada uno cumple la función que se le reclama. Ninguno desentona como en el pasado ocurría cuando había magníficos jugadores físicamente, pero irresponsables en su comportamiento y por eso eran frecuentes los casos en que después del encuentro terminaban en grescas en los bares o se volaban de las concentraciones. Hubo un cambio de mentalidad drástico en el que José Pékerman influyó mucho: Los jugadores dicen que fue esencial el liderazgo del técnico. Él los motivó y los mentalizó para ganar. Los futbolistas se creyeron el cuento de que en Colombia es posible trabajar en un propósito común y de manera seria y disciplinada. Con esta mentalidad se sale a la cancha del Maracaná.
7. Atletas de elite
A mediados de los años 80, el técnico Luis Alfonso Marroquín impuso una orden estricta a los jugadores colombianos: cuando salgan a las canchas, no busquen a Diego Armando Maradona para tomarse fotos con él. Antes de Marroquín, los futbolistas eran bastante provincianos y su complejo de inferioridad era enorme. Eso se acabó de tajo con esta selección de Pékerman. Se trata de una generación excepcional que brilla en las mejores ligas. James, Zúñiga, Jackson, Teo, Bacca, Cuadrado y compañía acaparan los titulares de la prensa deportiva cada fin de semana. Parte del éxito se explica por la internacionalización de los colombianos. Mientras en 1990 apenas el 2 % de la selección jugaba por fuera, hoy menos del 10 % lo hace en la liga nacional. Lejos de Colombia se acostumbran a la presión, practican un deporte más técnico, enfrentan rivales de talla mundial, son deportistas de altísimo rendimiento. Son atletas de elite que hacen honor a su oficio. Nunca antes Colombia había jugado un encuentro de tanta presión con profesionales tan serenos y maduros.
8. Los periodistas ya no juegan
Aunque para las nuevas generaciones sea difícil creer hubo una época en la que los periodistas más poderosos convivían en las mismísimas sedes de concentración de las selecciones nacionales. Allí llegaban ellos, rumbeaban con ellos, trasnochaban con ellos y, lo peor, contaminaban todo su pensamiento. Se trataba de jugadores bastante provincianos que a las dos o tres semanas de estar fuera del país caían en la trampa de la nostalgia por lo que se decía en casa, la ausencia de la mamá, lo que decían los vecinos, el equipo. Eran tiempos en los que hallar un jugador que estuviera en el extranjero era una odisea y cuando lo lograban, al menor triunfo corrían de vuelta para casa. Faustino Asprilla, por ejemplo, después de una exultante actuación con el Parma en la UEFA, abandonó el equipo y se vino a beber a Tuluá, se partió un pie al golpear enfurecido a bus y se privó de jugar la final europea. En el Mundial de Francia, cuando el técnico lo separó, también Asprilla se fue de rumba con varios periodistas que le acolitaban su indisciplina. Ahora los comunicadores transmiten, como debe ser, desde la acera de enfrente del hotel. Y es difícil para jugadores como James, que vive en Mónaco, que haya un periodista que le diga que la tierrita colombiana es la mejor del mundo. Y eso para no hablar de otros oscuros personajes que rondaban a los jugadores y que también Pekerman logró espantar.
9. Un partido que empezó hace diez años
La selección Colombia que jugará ante Uruguay en el Maracaná empezó este partido hace 10 años. Se trata de un proceso, un trabajo de largo aliento que se inició desde cuando los jugadores de la selección eran apenas unos niños. La base del equipo que clasificó jugó en la selección Sub-20 que ganó el Campeonato Suramericano del 2005: Ospina, Valdez, Zúñiga, Valencia, Aguilar. En el banco, Guarín y Zapata también pertenecieron a esa generación formada por Eduardo Lara y Reinaldo Rueda. Estos niños crecieron y hoy sobre sus hombros está la responsabilidad de defender a la selección de mayores. Inclusive algunos jugaron el Mundial Sub-17 de Emiratos Árabes Unidos 2003, donde quedaron en cuarto lugar. La mejor participación de Colombia en los Mundiales de la FIFA. “Son jugadores que se han adaptado mejor a las exigencias del fútbol europeo y ya veremos en qué lugar los pone el Mundial, porque la sensación es la de que aún esta Selección no ha tocado techo”, pronostica optimista el campeón del mundo Jorge Valdano.
10. Pékerman le gana Tabárez
Óscar Washington Tabárez fue el técnico sensación en Sudáfrica 2010, donde alcanzó el cuarto puesto. Luego revalidó su éxito en la Copa América que ganó en 2011, en Argentina. Entre las virtudes del talentoso entrenador se destaca la cabeza fría para tomar las decisiones más acertadas desde el banquillo. A este encuentro, Tabárez llega extremadamente ansioso y en un estado de nerviosismo que se hizo evidente en la conferencia de prensa después del mordisco de Suárez al defensa italiano y cuando aún no se conocía la sanción. “Usted no tiene derecho a contrapreguntar -le dijo cortante a un periodista-. Aquí vinimos a una copa del Mundo no a un torneo de moral barata”, le gritó a un auditorio que mostraba a un hombre irreconocible para la imagen que con muchos méritos se había labrado hasta ahora en su carrera. En la otra orilla está Pékerman: tranquilo, sereno e invicto en los mundiales de fútbol, pues además de haber encadenado tres victorias con Colombia, lo antecedía una racha ganadora al frente de la selección de Argentina que solo conoció la derrota por penales frente a Alemania en cuartos de final en la Copa del Mundo 2006. Precisamente, Pékerman tomó las riendas de la selección argentina en el 2005 y tuvo su debut en el estadio Nacional de Montevideo frente a Uruguay, al que venció 4-2. Si Pékerman logra hacer que sus jugadores enfrenten el encuentro con la filosofía que lo han hecho hasta ahora, tendrán un plus a su favor. Lo vital es no caer en la trampa de los uruguayos, evitar el roce, jugar a plenitud y disfrutar. En conclusión, hay razones para pensar que las probabilidades de una victoria son altas.











