Por Roberto Castellanos Fernandez

siria-culturadestruccionDamasco, 16 dic (PL) La guerra impuesta a Siria no solo amenaza con destruir el futuro de su pueblo, sino también su pasado como evidencian los daños a mezquitas, castillos medievales, iglesias y ruinas romanas, vestigios de la milenaria historia del país.

Por estas tierras pasaron los antiguos egipcios, fenicios, arameos, asirios, babilónicos, persas, griegos, romanos y bizantinos hasta la conquista árabe en el siglo VII, y todos dejaron su huella en esta nación levantina.

Considerada desde tiempos inmemoriales como una fuente de la cultura y las artes, Siria ve amenazada hoy su patrimonio por el pillaje de los extremistas, que se dedican al contrabando de piezas históricas para financiar sus campañas de terror.

Aunque el gobierno logró proteger la mayoría de las piezas de los museos del país, los sitios históricos son blancos de saqueos sistemáticos por parte de las bandas armadas, denunció el director general de Antigüedades y Museos de Siria, Mamoun Abdelkarim.

Cientos de mercenarios que trabajan con redes de delincuencia organizada intentan robar piezas arqueológicas, aseguró el experto, tras llamar a la comunidad internacional a actuar para evitar el contrabando de antigüedades sirias.

Como parte de los esfuerzos sobre el tema, las autoridades anunciaron una página web para documentar y crear una base de datos del Patrimonio Inmaterial del país, con el objetivo de preservar el legado histórico inmaterial del país.

Más allá de la devastación producida por la guerra, estos lugares son blanco de robos, excavaciones clandestinas y saqueos de todo tipo.

La Ciudad Vieja de Damasco, Bosra, Alepo, Palmira, el Crac de los Caballeros, la Ciudadela de Saladino y los pueblos antiguos del norte, están inscritos en la lista del patrimonio mundial de la Unesco.

Durante décadas esos sitios fueron lugares de obligado paso para turistas, historiadores, científicos o simples viandantes y una de las principales fuentes de ingresos del país por el arribo masivo de visitantes. Sin embargo, ahora todo cambió.

En los últimos cuatro años, la antigua ciudad de Palmira, las ruinas grecorromanas de Apamea, el Crac de los Caballeros (castillo erigido por los cruzados) y el casco histórico de la norteña urbe de Alepo, entre otros sitios, fueron saqueados o sufrieron importantes daños por los enfrentamientos.

Fuentes gubernamentales denunciaron que en Apamea, construida por el rey Seleuco I en el siglo III antes de nuestra era, los mosaicos fueron arrancados a martillazos y muchas estatuas romanas fueron robadas para venderlas en el exterior.

Más de 75 puntos arqueológicos de la zona sufrieron la prospección arbitraria, entre ellos el museo ubicado en la localidad de Qallat al Madik, un de los más importantes del mundo en cuanto a calidad y cantidad de mosaicos, afirmó el jefe del Departamento de Arqueología de la provincia de Hama, Abed al Kader Ferzat.

También los restos de la antigua ciudad de Ebla, localizada a 55 kilómetros al suroeste de Alepo, quedaron dañados por los combates y sometido a un sistemático pillaje.

En peor estado se encuentra la ciudad de Alepo, frente de batalla durante más de dos años.

Muchos de sus numerosos monumentos históricos fueron destruidos o dañados como la Gran Mezquita, que alberga los restos del profeta Zacarías; la Ciudadela, erigida en el siglo XIII; y la madrasa (escuela) de Halawiyé, construida en 1124 sobre el emplazamiento de una antigua catedral bizantina.

La lista de daños es interminable e incluye el monasterio de Saydnaya (en el pueblo de igual nombre), fundado por el emperador Justiniano a mediados del siglo VI.

Gran peligro corren los restos de las antiguas aldeas del norte de Siria, conocidas como las ciudades muertas, que perdieron muchos de sus históricos monumentos como viviendas, baños públicos, templos paganos e iglesias.

Habitados entre los siglos I y X, esos asentamientos (unos 700) muy bien conservados reflejan la vida rural en la Antigüedad tardía y durante el período bizantino

Telanissos, Al Bara, Surkania, Dar Qita, Ruweiha y Surkania, entre otros, son testigos mudos de una civilización ahora desaparecida.

Según los expertos nacionales, las zonas más expuestas son aquellas que escapan al control del gobierno y con presencia de grupos de la oposición armada.

Considerado uno de los más ricos del mundo, el patrimonio histórico sirio es una víctima más de una guerra que ha costado más de 200 mil y que de continuar amenaza con borrar una herencia milenaria.