ALBERTO-JAMAICAEl Rey Vallenato de 2006 en su residencia rodeado por los acordeones que utiliza para sus presentaciones.

POR: CÉSAR MÚÑOZ VARGAS/EL HERALDO
El rey vallenato Alberto Jamaica fue encargado de interpretar las melodías de acordeonistas que grabaron con el Cacique.
En 1991 Diomedes Díaz Maestre lanzó Mi vida musical, paseo del álbum homónimo, en el que hizo una sinopsis de la que hasta ese momento había sido su trayectoria  artística al lado de cinco acordeonistas.

Con su partida al coro celestial, el  22 de diciembre de 2013, el registro se cerró en 37 años de carrera y nueve digitadores_ sin contar músicos invitados_ que grabaron la copiosa discografía del ídolo vallenato, cuya historia ha sido narrada por el biógrafo Luis Mendoza Sierra, el periodista Óscar Montes e incontables cronistas como Juan Rincón Vanegas, Ricardo Rondón, Alberto Salcedo Ramos, Héctor Sarasti y Eric Palacino.

La leyenda. Pero esencialmente, la historia de Diomedes Díaz está contada en sus letras y las de bardos de la estirpe de Calixto Ochoa, Máximo Movil y Leandro Díaz, que parecieran escritas especialmente para el intérprete. Esos mismos caminos  los ha pisado durante siete meses Alberto ‘Beto’ Jamaica Larrota, el virtuoso de los pitos y los bajos escogido para musicalizar la novela que sobre el Cacique de La Junta sale al aire este martes.

Jamaica Larrota, rey del Festival Vallenato en 2006, se ha dedicado durante este tiempo a estudiar los acordes, los pases  y las rutinas de cada uno  de los maestros que hicieron pareja con el cantante guajiro, desde Nafer Durán hasta Álvaro López.  Son hasta ahora más de 170 canciones con el registro del conocido “rey cachaco” las que ambientarán el dramatizado y un documental que próximamente también lanzará el Canal RCN.
Aunque no estará frente a las cámaras, el acordeonista bogotano será una especie de protagonista omnipresente cuyas notas acentuadas sonarán en el viaje al pasado, por los senderos del vallenato clásico bien tocado y por los recuerdos de la apasionante historia de “aquel niñito nacido en La Junta el 26 de mayo del año 57”.

El cantante que se coló en la casa paterna de Jamaica por la magia de un radio transistor Sanyo y al que sólo pudo conocer años después cuando la familia tuvo los modos de hacerse a un televisor.

De ese primer encuentro  con el cantante, Jamaica lo recuerda cantando Fantasía, de Rosendo Romero, seguramente en El show de las estrellas de Jorge Barón. Allí quedó prendado del estilo, del carisma y de la “tesitura tan alta” de Diomedes. Tiempo después vio al vocalista en la capital, cuando con su amigo de bregas, Wilson Ibarra, reunieron el dinero para verlo en concierto.

Otro oficio. Aquellos eran los días en que Jamaica alternaba el oficio de albañilería con el aprendizaje de las melodías de Francisco el Hombre y soñaba con ser una figura reconocida  en el folclor que amó desde niño.

A Diomedes siempre lo vio a lo lejos, lo reconoció a través de su prolífica obra, pero nunca tuvo la oportunidad de estrecharle la mano. No sucedió lo mismo con los acordeonistas, cuyas notas, hoy tiene  el honor de recrear.
De Juancho Rois recuerda que alguna vez le prestó un acordeón en Bogotá, cuando aquel necesitó grabar un jingle para Olímpica Stereo. “Un gran profesional, un hombre sencillo y muy creativo”, describe así al carismático hijo de San Juan del Cesar De Elberto ‘el Debe’ López cita parrandas que amenizaron en Valledupar, así como ha compartido charlas con Iván Zuleta, Nafer Durán, Franco Argüelles. De todos tiene el mejor concepto y por todos manifiesta una enraizada admiración, como la que le despierta Colacho Mendoza. “Tremendo maestro. No me explico de dónde sacó tanto arreglo”, sentencia el único cachaco que ha ganado en Valledupar.

Pero una de las anécdotas que atesora con especial cariño es cuando, ya diestro acordeonero, Gonzalo Arturo el Cocha Molina se mimetizó entre la clientela de la taberna en la que Beto tocaba. Este lo reconoció al instante y lo invitó a subirse a la tarima. “No señor. Yo vine fue a verlo tocar a usted, porque me han dicho que es muy bueno”, le respondió con su particular dejo el Rey de Reyes 1997.

Rey cachaco. Tiempo después, ambos alternaron en una presentación en la que Molina, le vaticinó: “Este cachaco sí toca. Usted va a ser rey vallenato”. Efectivamente Jamaica lo logró después de una perseverante insistencia de más de 15 años  presentándose en la plaza Alfonso López y el parque de la Leyenda Vallenata. Y así como esa anhelada corona, todo en la vida del bogotano es resultado de la impronta que es su disciplina.

La complacencia. El año pasado durante un concierto, una asistente empezó a pedirle cuanta canción se le ocurría de Diomedes Díaz, y Beto, él las toco todas. La mujer lo grabó permanentemente y le pidió su tarjeta: “Muy pronto vas a saber de mí”. Lejos estaba Jamaica de saber que ese sería el preludio al honor de musicalizar la novela Diomedes, y de recrear uno a uno los acordeones que le pusieron melodía a los versos del Cacique.
La música incluye tanto los éxitos más conocidos, como los lejanos El chanchullito, Cristina Isabel, Amores escondidos o El palomo, vocalizados por Enaldo Barrera “Diomedito”. Aparte de la discografía de Díaz Maestre, los televidentes podrán escuchar las canciones de los juglares que inspiraron al Cacique de La Junta, así como de los cantantes que se le adelantaron en la escena musical: Jorge Oñate, Poncho Zuleta y Rafael Orozco, cuyas letras están interpretadas, entre otros, por Miguel Barros, Edgar José Fernández y Orlando Acosta.

Muchos acordeones y un  rey vallenato con el privilegio de ejecutarlos. Se oirán acordes de los nueve acompañantes de Diomedes y también de los maestros Juancho Polo Valencia, Alejo Durán, Calixto Ochoa, Emiliano Zuleta, Pacho Rada, Emilio Oviedo. Hasta Jamaica perdió la cuenta.

A partir de hoy, mientras el abogado urumitero Orlando Liñán afronta el reto de personificar al hijo de la vieja Elvira, se percibirán las notas del diestro Alberto Jamaica Larrota, el elegido que musicalizar la historia de la vida de Diomedes Díaz Maestre.