
Por: Jorge Nain/El Pilón/10 abril 2015
Les asiste razón a los indígenas arhuacos al levantar su voz de protesta contra el canal RCN por la manera como se ha mostrado la imagen de esa comunidad étnica ante el mundo en la novela sobre la vida de Diomedes.
Acaso no es suficiente con el abandono total del Estado de que ha sido objeto históricamente esa minoría étnica, de la cual provenimos todos, para que ahora vengan a vilipendiarlos más por un medio masivo de comunicación achacándole conductas como alcoholismo y prostitución infantil, mostrando a la mujer indígena como un simple y vulgar objeto sexual.
Resulta muy cierto que en la novela se muestran escenas muy fuertes que ponen en entredicho aspectos culturales del pueblo Caribe y que para algunos atentan contra el buen nombre, la moral y las buenas costumbres de nuestra región; sin embargo, yo particularmente pienso que nosotros no podemos tapar el sol con una mano y pretender negar que la cultura mafiosa de la época de la bonanza marimbera reinó por esos tiempos en nuestros pueblos y concretamente campeó y se apoderó de la música vallenata y de eso aún quedan vestigios, pero lo que si no podemos permitir es que se les dé a nuestros indígenas ñapa de discriminación, acentuando sus consabidos e históricos problemas con una imagen que dista mucho de la realidad de sus costumbres.
Es que a las minorías étnicas en un Estado Social de Derecho como el nuestro se les debe un trato con enfoque diferencial, así lo ha reiterado enfáticamente nuestra hoy cuestionada Corte Constitucional en infinidad de providencias y no hay derecho para que en vez de mostrar tantas virtudes y aspectos positivos y hermosos de nuestros ancestros indígenas lo que hagamos es aplicar aquel adagio popular de que al caído caerle.
Quien dijo que a Diomedes Díaz lo indujeron desde niño los arhuacos a consumir sustancias psicoactivas, a ser mujeriego, a gustarle el alcohol; eso tergiversa la historia, amén de atentar contra los frágiles derechos fundamentales de una población que ha sido objeto de exterminio cultural y hasta físico, que el Estado ha mantenido por siglos en la mayor precariedad de condiciones de subsistencia y nosotros los mestizos hemos propiciado y alcahueteado esa desidia.
Entonces el pueblo indígena arhuaco tiene todo el derecho a pedir explicaciones, rectificaciones e incluso reparación y compromiso de no repetición de estos actos que revictimizan a quienes por el contrario les debemos disculpas y un trato preferencial y diferenciado con enfoque de derechos.

Es inaudito que se permita dar paso a este tipo de series , que lo que hacen es mostrar las ganas de destrucción de la imagen de una región, incluida la población indígena, mostrando cosas inciertas y para las cuales hay que conocer y saber de las diferentes culturas que tenemos en Colombia, sus costumbres , su forma de vivir.
Tácitamente, estamos permitiendo que aflore esa diferencia en las que nos han puesto el mal interpretado termino de » Costeños» , por parte de la gente del interior. Para ellos somos sinónimo de incultura, flogera, juerga.
Nos reímos, y vemos como algo grande , el que esta cadena de televisión, haya tomado la vida de Diomedes Díaz, para dizque hacer una novela. No se basada en que tipo de género, porque eso no es costumbrismo , sino «ridiculismo. «.
Pero no nos damos cuenta, y además se lo agradecemos
Diomedes Díaz, de los grandes de nuestro folclor , marco la historia del vallenato, vallenatamente hablando y si se me permite el término, será inmortal y como cualquiera tuvo partes buenas y partes malas en su vida, pero aquí interesa la parte que da morbo, la que lo cuestiona.
Los costeños somos como somos , de lo cual me siento orgullosa. Soy vallenata y en esa novela no me siento identificada ni como vallenata ni como de la región. Con los acentos, las expresiones no me siento identificada, puesto que se magnifican de tal manera que como digo , nos ridiculizan.
En mi opinión , aquí no cabe decir, «para que me ignoren, , mejor que hablen mal».
Me han tocado mi orgullo vallenato.
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