Solicito las Furias
que por la noche olvidan
la feroz existencia del recuerdo.
Virgilio Piñera
Mi culpa no es la ceniza,
ni tanto fuego en la boca,
ni la espina que me toca el seno izquierdo.
No hay prisa por las luces.
Agoniza en mi garganta algún grito.
¿Acaso soy un proscrito en mi vasta oscuridad?
¿Soy la sombra o la deidad que se esconde tras el mito?
Nadie sabe lo que llena mi cama de lodo y sal.
Nadie entiende que es normal tener un reloj de arena.
Nadie busca en mi condena un puente roto,
un presagio.
Mi existencia es solo un plagio de otras vidas,
de otras muertes
más coloridas que inertes,
más ceremonias que adagios,
más olvido que nación…
y yo me debo a la tierra.
Yo me invento alguna guerra si no encuentro salvación,
si la fuga,
si la acción de dar la espalda es mi historia.
No es posible que la gloria se me torne un espejismo.
La culpa no es del abismo,
la culpa no es de la noria
que remueve mis caudales de nostalgias
y de infiernos
que crecen con los inviernos futuros,
con los finales sádicos y viscerales
que incendian una ciudad.
Procuro que mi verdad no me alcance con su flecha.
Yo prefiero la sospecha,
me gusta la brevedad necesaria en la existencia.
Yo no creo en las raíces, tan solo en las cicatrices.
No creo en la providencia,
solo respondo a la urgencia porque mi cuerpo se moja
Y la lluvia se me antoja sangre,
esperma,
otro castigo.
No me detengo,
prosigo bailando en la cuerda floja.
No reconozco mi casa.
¿Ha cambiado de lugar
o es que intenta naufragar para hundirme?
¿Qué me pasa?
¿Dónde guardé la coraza que me libra del hastío?
Yo no quiero un desafío,
no quiero ser diferente,
no quiero que la corriente me precipite al vacío
y juegue con mi reflejo,
con mis rostros conocidos.
Yo tuve amores perdidos:
me quedó un dolor añejo.
No fue posible un cortejo con un vestido nupcial.
Pude ser una vestal,
pero me hicieron Medusa.
Hay un dedo que me acusa,
no quiere verme triunfal erigida entre serpientes,
-desnuda pero feliz-
¿Es muy grave mi desliz?
¿Acaso son inocentes los ladrones,
los dementes que enarbolan la tristeza,
el que se va,
el que regresa con la culpa en la mirada,
el que sostiene la espada,
el que nunca se confiesa?
No soy tan pura,
no pido un santuario ni una ofrenda.
No interesa quién entienda las razones que he perdido.
Solo me queda el olvido.
En resumen: esta bruma,
los sinsabores,
la suma de otro cuerpo inanimado.
¿Dónde estoy?
¿Cómo he llegado a convertirme en espuma,
a inaugurar otro ser que en tantos mares deriva?
Alguna fuerza allá arriba
me predestina a caer entre las llamas y arder.
¿Por qué, si no soy culpable?
Tan solo soy vulnerable,
resisto la tentación.
¿Acaso la contención también resulta execrable?
No llevo remordimientos en la espalda
porque estoy en paz con el mundo.
Voy a renegar los momentos de locura,
los intentos de saltar.
La permanencia no concuerda con mi esencia:
yo tengo de singladura.
Ya lo dije: No soy pura
pero creo en la inocencia.
Una mujer se levanta de mi cuerpo.
Desconozco si es una invención de El Bosco.
¿Será su voz la que canta en mi boca?
Ríe,
espanta mis recuerdos como fieras
que emigran a las fronteras del pasado.
¿Una mujer es capaz de envilecer
con sus manos mis quimeras?
Estoy marcada,
lo sé.
-la noche es mi semejante-
No entiendo,
pero radiante voy al cadalso.
¿Por qué no me abandona la fe?
Hoy yo estreno una sonrisa,
quizás soy la Mona Lisa al borde del precipicio.
¿No será todo ficticio?
¿No habrá alguna pitonisa que descarte el desamparo?
Ya necesito las luces.
Me duelen tanto las cruces,
me duele tanto el disparo.
No veo la luz del faro,
las alegrías no existen,
los cataclismos persisten
y derriban mis castillos de sueños.
con sus cuchillos todas Las Furias
me embisten,
y yo me quedo en el fondo,
en la raíz.
Tengo miedo.
El júbilo es solo un credo de fortaleza.
Me escondo de mis pasiones.
Respondo a los flagelos.
Resisto.
Siento el llamado de Cristo.
Comprendo: no estoy dormida,
ni lejana,
ni perdida.
Descubro que ya no existo.

