Foto: Hernando Vergara

Ánkar Brito Lozada 

Mientras en casi toda Valledupar resuenan los ¡Ay hombe! una minoría arma su propia parranda gritando enardeci a “¡Dale pollo! dale, gánate el bulto de maíz”. Son los criadores de gallos y apostadores quienes disfrutan a su manera las festividades.

Y es que así como la capital del Cesar se llena de los nuevos y experimentados exponentes del folclor vallenato, así mismo sucede con las mejores gallerías del país, y por supuesto, los aficionados a esta práctica, quienes se dan cita, año tras año en el Coliseo Gallístico Miguel Yaneth.

En el “ring” está un ejemplar de Montería y otro de Cartagena. Un tablero que cuelga en el centro del coliseo les dice a los espectadores la procedencia, la cuerda- casa donde se forman los gallos de pelea- a la que pertenece y que en esta oportunidad son de Checho Castro y Los hermanos Montes; el color, y el valor apostado, que fue de un millón de pesos. Al lado, el cronómetro que marca 10 minutos-tiempo que dura el combate- comienza su cuenta regresiva, y la euforia de los asistentes.

Agitan los brazos como dándoles ánimo al animal, hacen ruidos con la boca que parecen besos, y las griterías que se forman terminan de convertir al lugar en una completa “gallera”. Y sí, parece que todo eso influyera en los animales.

El ejemplar javao -una de las razas existentes-, y que pertenece a los hermanos de Los Montes mantiene las apuestas arriba, pues ha picado más veces al chino, y es ese justamente el que más apoyo ha tenido durante los 6 minutos que van de contienda. Eso hace agitar más el ambiente y se escuchan frases como: “50 mil más, 200 mil, o vamos a subirla”, refiriéndose a la cantidad de dinero que van apostando en el transcurso del combate.

“Eso es lo que se le llama palabra de gallero, porque esas apuestas no están escritas en ningún lado, y las oficiales son las que dejan pactadas los dueños de los animales ante la caja del coliseo”, explica Darío “Che” Pavajeau, cuyo padre, que lleva el mismo nombre, ha sido condecorado este año por ser uno de los miembros fundadores del Festival Vallenato, y reconocido en la región como un gran gallero.

Algo impredecible. “Che”, quien esa noche con sus ejemplares ganó 4 peleas, empató 3, y una fue declarada tabla, es decir empate, heredó de su padre el amor por esta práctica, por lo que su piel estaba erizada mientras observaba la pelea. Dice que lo ideal es que un gallo gane rápido pegando bastante con las espuelas a su contendor, pero resulta impredecible saber cómo será cada competencia pues estas aves de crestas grandes solo se ponen a prueba cuando “les pican la cara y responden”.

De repente, cuando todos creían que la pelea estaba decidida, pues el ejemplar chino llevaba más de 20 segundos echado tras varios espuelazos que le dieron en partes vitales, y la sangre que se veía en su plumaje, resucitó y atacó de nuevo. El suspenso continua y las apuestas siguen subiendo hasta que cuando falta menos de un minuto para que se acabara la pelea, el jurado decide declararla tabla, pues ambos animales estaban mal heridos, pero como quedaron ciegos ya no se veían y mucho menos se atacaban.

Apenas acaba la disputa, todos los hombres toman asiento de nuevo, aprovechan para tomarse sus whiskey o cervezas y guardan compostura. Y ese es un punto fundamental en este lugar, que desde su puerta de entrada deja claro con un gran letrero que dice “no queremos gente armada, ni busca pleitos”. Todo, porque según Pavajeau Baute, los galleros están estigmatizados erradamente como problemáticos, situación distante del ambiente de emoción y agitación en el que transcurre las peleas de aquella noche del miércoles. Además, para garantizar la seguridad, la Policía ha hecho presencia en el coliseo durante los tres días que dura el Encuentro Internacional de Gallos Finos.

Y como los gallos y el vallenato están íntimamente ligados, no podía faltar en el coliseo un conjunto de música de acordeón que aprovechó el paso de una pelea a otra, para tocar El Cordobés, canción de Diomedes Díaz, dedicada a un gallo fino que le regalaron.

Tiene bella estampa, brioso pico estirador
Como son los gallos y pollos de Cereté..(Bis)

Suena nuevamente el pito del cronómetro que da entender que se inicia una nueva batalla. Todos sus espectadores ocupan sus puestos, se preparan para apoyar a un nuevo participante. Saben que no habrá un único ganador de toda la jornada, pero igual que en las competencias musicales, cada uno tiene sus favoritos, lo apoyan, lo vitorean, y sufren igual si pierden. Aquí La diferencia con el Rey Vallenato Musical, es que quien se llevará el premio será el dueño, no el animal. El Heraldo