No todas las agrupaciones musicales tienen el privilegio de alcanzar tal edad. Ésta, casi que no la alcanza, debido al fatal e inexorable destino del humano. Sin embargo, logró sobreponerse gracias a la tenacidad de uno de sus creadores y con renovado espíritu continuó para el deleite de la familia vallenata hoy dispersa por todo el planeta tierra. Este 16 de junio todos celebramos aquel día de 1976 cuando Rafael Orozco e Israel Romero, protocolizaron la unión que engendró al vallenato Moderno.
El Binomio de Oro de América nació para la posteridad, para romper esquemas y elevar el vallenato hasta la cúspide musical colombiana. Desde su primer trabajo la Organización Romero Orozco, fue algo más que un binomio; mucho más que la unión entre una voz limpia, diferente, lírica y un acordeón que supo mezclar la fuerza de lo folclórico, a las necesidades de un público más universal.
Rafael e Israel vislumbraron desde su sensibilidad, la globalización cultural y se propusieron participar en ella no meramente desde un conjunto folclórico que deleitara a los habitantes de su región, sino traspasar la fronteras contenidas entre Punta Gallinas, en la Guajira, y el golfo de Urabá, en el Chocó, para mostrarle al mundo el alma de esa música que lleva en el Acordeón el jadeo incesante de unos pulmones en éxtasis; en la Caja, el retumbar de un corazón enamorado y en la guacharaca, la carcajada límpida y sonora de todo un pueblo que canta y adora su folclor.
Fue así como ambos, buscando lograr la conjunción con grandes músicos, compositores y arreglistas, quienes gracias a ejecuciones temerarias que generaron controversia, a letras que si bien respetaban lo ancestral, se asomaban discretamente en los predios de lo urbano con argumentos de actualidad, a innovadores arreglos hasta entonces impensables en las tonalidades que nos legara Francisco Moscote, a uniformes que vistieron de gala el folclor y a escenografías nada usuales, comenzaron a catapultar al vallenato.
Todas esas cualidades le permitieron a Israel Romero, cuando el destino quiso que se fracturara este pilar fundamental de nuestra música, debido a la temprana muerte de Rafa, que la organización se pudiera replantear; pues había un público que esperaba seguir degustando de aquel estilo que había sido ovacionado dentro y fuera de Colombia, el cual había ayudado al vallenato a abandonar la estrecha visión con la cual se miraba al folclor de la Costa Norte colombiana.
Desde 1976 hasta 1992 la Universidad del Vallenato, como se le denominó más tarde, grabó 20 trabajos musicales de los llamados Larga Duración.
A la segunda etapa de la agrupación musical se le dio el nombre de Binomio de Oro de América, y se inicia en septiembre de 1993. La variación que tuvo fue fundamentalmente en las voces, las cuales se encargaron de enrumbar una nave que parecía naufragar; entre ellas destacaban la del Gaby García, quien poseía gran parecido físico a Orozco, y la de Jean Carlos Centeno. Ambos, pero especialmente éste último, no sólo logran conservar el público nacional e internacional ganado en la primera etapa, sino que lo multiplicaron significativamente.
Desde entonces se han grabado 17 discos compactos, no todos con un éxito similar al obtenido en su primera época, debido tal vez a que se han hecho modificaciones significativas, las cuales no siempre suelen ser tan acertadas; pues como en todas las instancias de la vida, unas son de cal y otras de arena. Lo cierto es que entre este afán explorador, el de cumplir con la casa disquera Codiscos, la misma de siempre, y el de intentar cumplirle a un público posmoderno que se inclina más por letras que se sustentan en lo simplemente lírico, se ha ido ganando el afecto de un público nuevo y joven, y perdiendo considerablemente el afecto de quienes gustan del vallenato clásico, el cual en sus composiciones queda el amor expresado mediante el uso de magistrales figuras literarias alusivas a la madre naturaleza.
Dentro de los grandes artistas que han hecho parte de El Binomio de Oro destacan, el tristemente recordado bajista, Rangel “El Maño” Torres, quien falleciera junto al no menos grande y añorado Juancho Rois el 21 de noviembre de 1994 en un accidente aéreo en Venezuela; Jorge Celedón, excelente cantante y compositor, quien junto al magistral y carismático Jimmy Zambrano conformó una de las mejores agrupaciones vallenatas de todos los tiempos; Marcos Díaz, corista y posteriormente Director de la agrupación Los Pechichones; Gaby García, otro que supo aprovechar la vitrina que se le presentó en el Binomio para alcanzar el reconocimiento público de su talento; José Fernando “El Morre” Romero, quien en 1988 había respaldado a la agrupación cuando al “Pollo Irra” se le había diagnosticado un cáncer y le tocó ausentarse por unos meses; Júnior Santiago, dueño de una voz cálida, un talento especial y un don de gente que le permite día a día ganarse el corazón de los amantes de nuestra música; Julián Rojas, Rey Vallenato 1991; Rodolfo Castilla, magistral entre los mejores ejecutantes de la Caja; Límedes Romero, e Ildemaro Bolaños entre otros.
En la actualidad el Binomio de Oro cuenta con una nómina de lujo entre quienes está el maestro de la Guacharaca, Virgilio Barrera, considerado por los especialistas como el mejor digitador de todos los tiempos y quien desde siempre se le ha visto con el uniforme de esta catedrática conjunción musical.
Desde Soacha, Cundinamarca, va mi brindis por la pervivencia de esta querida agrupación. Salud.
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