Isaac Calvo Carvajal, tras superar una pobreza extrema se inmiscuyó en el mundo vallenato y avanza en la lista de los compositores más solicitados en este género. (Foto: William Rosado Rincones/VANGUARDIA)
Las manifestaciones de cantante que de manera aficionada ejercía la madre de Isaac Calvo Carvajal en su época de juventud en su natal Chimichagua, fueron suficientes para impregnarle la herencia a este retoño para que él recogiera las banderas artísticas de la familia.
Isaac, vino al mundo para crear melodía y letras que se expanden pegajosamente bajo la interpretación de los grupos modernos del vallenato; pero la incursión en el arte no fue nada fácil para alguien proveniente de una familia humilde y residente en un barrio marginal.
“El que persevera alcanza” fue la consigna de este joven compositor nacido en Curumaní, pero residenciado en Valledupar desde cuando tenía dos años; la extrema pobreza de sus padres lo obligaron a enfrentar la calle desde muy niño como vendedor de butifarras, cuya ‘tártara’ y el cuchillo que utilizaba para cortar los embutidos criollos fueron a la postre los ‘instrumentos’ que le ayudaron a ponerle ritmo a su inspiración.
Para mitigar sus largas jornadas de vendedor, Calvo iba silbando al compás de los golpes que le daba a sus elementos de trabajo y así iba hilvanando sus primeros versos; como todo enamorado del folclor no dudaba en pararse en cada parranda o ensayo donde sonara un acordeón, allí permanecía sin importar que la venta se le paralizara.
Metido y observador
Su constante intromisión en los escenarios exclusivos de artistas lo hizo popular entre los mismos, a los que les manifestaba sus inclinaciones musicales, algunos lo escuchaban mientras otros lo discriminaban hasta que fueron dimensionando su calidad, a tal punto que en los corrillos vallenatos se dice que varias de esas obras aparecieron bajo la firma de otros autores tras un trance económico, versión que Isaac no confirma pero tampoco desmiente y suele permanecer en un silencio cómplice.
Fue tanta su obsesión hasta que se rompió el ‘cántaro’ que bajaba al ‘pozo’ de su ansiedad, logrando así que un grande del folclor le diera la oportunidad para que su nombre apareciera en su nómina de compositores, este bautizo se lo dio nada más ni nadie menos que Silvestre Dangond, quien le grabó el tema ‘La Misteriosa’, de ahí en adelante se destapó un compositor que hoy es apetecido por varios autores.
Pero el muchachito ‘necio’ no se quedó tranquilo y sabía que en su insistencia estaba la vencida y siguió auscultando otras facetas y se volvió verseador; tras la asistencia a varios festivales como espectador le daba grima ver la calidad de los competidores, por lo que se auto retó para participar, así lo hizo y en la actualidad es un destacado repentista que le ha dejado varios premios y trofeos en todos los festivales de la región, con la proyección de algún día ganar en Valledupar.
“Esto de la música me sirvió además para relacionarme y superarme en mis estudios, gracias al talento estuve empleado en la Gobernación por un tiempo, hoy laboro en Emdupar y esto me ha servido con lo que me gano como compositor y verseador para adelantar mi carrera de abogado, la que estoy a punto de terminar”, comentó el artista.
Orgulloso Isaac Calvo dice que también ha venido sacando a delante a su familia, la que aprendió a fabricar las butifarras que antes vendía él por porcentaje y con esta empresa familiar las cosas han cambiado.
William Rosado Rincones/VANGUARDIA
