Camila recuerda que al salir elegida como la segunda mujer a cargo de la Federación de Estudiantes de la Universidad de Chile, «se dijo que salí electa producto de mi apariencia. Que primaba la imagen y no las ideas. Fue terrible». En esta parte de la entrevista se refiere a los puntos destacados del movimiento y las falencias, como no haber sabido programar, con movilizaciones a destiempo.
En el año en que presidiste la FECH, ¿cuáles fueron los puntos más destacados de tu gestión y qué no se cumplió?
Al principio teníamos un programa que no anticipaba lo que iba a pasar en el contexto nacional con las movilizaciones. Varios temas no se pudieron concretar al interior de la Universidad porque destinamos todo nuestro trabajo y esfuerzo a ser parte activa del movimiento estudiantil, a mantener las discusiones, para estar en sintonía con lo que estaba pasando a nivel nacional. Por lo tanto, nos faltaron manos y herramientas. Pero lo más relevante es que este año nuestra federación recupera su capacidad de articulación social y de injerencia en la política a nivel nacional. En definitiva, ser un actor político porque la FECH no puede ser sólo la voz de los estudiantes de la Universidad de Chile, sino que debe ir avanzando en cómo construir un país distinto.
¿Alguna autocrítica?
Siempre existe la autocrítica, por ejemplo, con el manejo de las expectativas del movimiento y cómo no pudimos establecer una visión más programática respecto a los objetivos. Si tememos tal horizonte, debemos ir dando pasos para conseguir las metas de corto, mediano y largo plazo. Por lo tanto, hay un programa que se debe seguir y el movimiento planteó que las exigencias debían ser en lo inmediato. A estas alturas hay consenso de que no es así, y que hay que hacer muchos cambios a nivel de institucionalidad política para ir abriendo paso a las demandas de las mayorías.
También hay autocrítica respecto de no haber podido elaborar una estrategia de coordinación con otros actores a nivel nacional, reflejado en que algunos paros o movilizaciones fueron a destiempo, algunas universidades las iniciaron antes que en otras y no actuamos tan coordinados con otras organizaciones para lograr que el mecanismo de presión fuera más efectivo al momento de movilizarnos. Es un tema que pudimos haber manejado mejor y es un desafío para el próximo año.
Al asumir, ¿pensaste en el papel que te tocaría jugar en el movimiento estudiantil?
Sabía que habrían movilizaciones y que este año iba a ser importante para la reforma de la educación superior, pero nunca pensé en un estallido social.
¿En que momento sentiste que estabas liderando un movimiento importante?
Con la primera gran marcha realizada en la Alameda. Al principio me asusté, fue como un recogimiento en el estómago y me di cuenta que ´aquí está pasando algo y somos responsables de esto en gran medida’. Y comenzó a aumentar la participación y se transformó en un movimiento más grande. Eso es muy bonito, ya que nos hizo plantearnos desafíos mayores.
¿En algún momento se sentiste inmadura o con falta de herramientas para enfrentar el liderazgo?
Fui aprendiendo muchas cosas en el camino, porque claramente uno va viendo que tiene ciertas falencias. En términos comunicacionales, por ejemplo, jamás me había enfrentado al asedio de la prensa. Uno se da cuenta que debe tener cuidado con lo que dice, cómo lo dice y tratar que se transmitan bien las ideas. Mis compañeros me aconsejaban sobre el tema, como también la experiencia de otras dirigencias anteriores de la FECH.
¿Te molestó que se comentara que eras sólo un rostro bonito?
Fue terrible eso. Al principio se dijo que salí electa producto de mi apariencia. Que primaba la imagen y no las ideas. Pero eso no se sostuvo en el tiempo y empezó a revertirse esa visión. Pasaron a primer plano los contenidos, donde había una expresión de una mayoría que nosotros tratamos de canalizar.
Se te cataloga como una de las protagonistas del 2011, personaje del año, el nombre más buscado en Google… ¿Crees que esa popularidad te ha favorecido o te ha jugado en contra?
Es positiva en el sentido de que permite comunicar lo que ha sido este movimiento a través de mi persona. Siempre es bueno visualizar dirigentes. Pero también juega en contra porque se utiliza para personificar. En ningún momento puede decirse que el movimiento dependió de mí. Nunca y espero que esa personificación no conduzca a eso. Gracias al movimiento yo estoy donde estoy. No fui yo sola quien lo construyó, sino que mucha gente fue partícipe de esto. La historia me puso acá y fue un desafío y lo seguirá siendo. Asumo la responsabilidad, pero no soy única en esto.
