*Félix Carrillo Hinojosa

Estoy sorprendido y de qué manera: cada vez que me encuentro con un autor y compositor agremiado a SAYCO, me preocupa la percepción como encara el proceso por el cual pasa nuestra agremiación. Él ha montado como por arte de magia, toda una parafernalia en donde quien lleva todo el protagonismo es la Dirección Nacional del Derecho de Autor y Conexos, hecho que no tiene razón de ser, ya que este ente tiene como función la adecuada vigilancia de los logros fundamentales, que lejos están de ser un impuesto. Toda esa protección hacia ésta especial población como lo son los creadores, nos permite encontrar en la constitución de 1991 el artículo 61 que impone como deber del Estado “la protección del Derecho de Autor como rama de la propiedad intelectual”. Esa carta de navegabilidad, le permite a ese ente adscrito al Ministerio del Interior, construir todas las herramientas necesarias para mejorar los caminos jurídicos del artista colombiano. Eso es un hecho, que debe quedar bien claro, en el que somos nosotros y nadie más que nosotros, el constituyente primario, los llamados a construir los cambios tanto de forma como de contenido, para que el presente sea mejor y sirva de plataforma real, al futuro de nuestra obra y lo que esta genere.  Esto me permite llamar una seria atención, a todos mis colegas para que no se hagan esas maravillosas elucubraciones, que uno termina haciendo cruces. No tiene razón de ser, pensar que la suerte de nosotros depende de lo que legisle la Dirección Nacional del Derecho de Autor y Conexos. O que las arcas de nuestras liquidaciones, se van a incrementar y la continuidad o no de sus cuadros directivos, se derivarán de la prodigiosa quiromancia que desde ese ente se haga. No y que tristeza, que ello ocurra. Es urgente construir unos mejores estatutos, sin ello, lo que se diga o haga, no deja de ser una mojigatería. Es determinante elegir unos cuadros directivos, más concordantes con la realidad social de nuestras sociedades autorales y agremiados. Necesitamos a un socio, preocupado por la suerte de su ente autoral. Urge un mayor sentido de pertenencia de quienes estamos como socios de SAYCO o ACINPRO. Para ello, es determinante que el socio entienda, de una vez por todas, que de nada sirve comprarse un vestido nuevo y ponérselo sin haberse bañado. Esa acción pasivo del agremiado, es la gran responsable de los males que al interior de ella pasa. Nunca se ha preocupado por presentar mejores estrategias, para construir un modelo societario más estable y claro, que no haga confundir “proteccionismo con protección”, “asistencialismo con una asistencia real” y “servicios con derechos fundamentales”. Quién es el verdadero responsable de la situación que vive SAYCO y ACINPRO. No falta el socio despistado de estas agremiaciones, que señala sin ningún atenuante a la Dirección de Derechos de Autor y Conexos. Pero jamás, se han hecho una autocritica que permita reflexionar y poner en real contexto, “que solo nosotros somos los únicos responsables por acción u omisión de lo que SAYCO y ACINPRO vive”. No es posible que a estas alturas, haya creadores que no levanten sus voces de protestas y asuman su verdadera posición crítica  y no de sumisión como hasta la fecha ha ocurrido. Queremos una beligerancia de altura, que nos demuestre que somos un grupo que tiene cultura, no esas posturas groseras, que son más vías de hecho que verdaderas reivindicaciones. No necesitamos que el asociado se amarre y atente contra su propia vida. Esos espectáculos son de tercera y ponen en duda, los verdaderos objetivos que asisten a quienes lo hacen. Necesitamos líderes que lleven a mejores conquistas a sus colegas y no al despeñadero como en la actualidad ocurre. Es doloroso percibir, que esto se hay vuelto para la mayoría, un problema de dinero, “cuándo van a pagar”, pero jamás se dan a la tarea de indagar cómo anda su sociedad autoral. Los liderazgos se han perdido y muchas de ellos, terminaron en las fauces del súper poder, que las administraciones en complicidad con los directivos han montado, para su eterna continuidad. La democracia en esas agremiaciones está sustentada en su mínima expresión, prácticamente está en vías de extinción. Esa es una de las tareas que debemos recuperar. Sin “democracia”, no podemos aspirar a que haya “equidad”, “transparencia” y todos esos mecanismos que hacen confiable a cualquier sociedad autoral. El agremiado debe blindarse, ante los constantes mecanismos que surgen para liquidar los sueños de los socios: “anticipos, halagos para puestos  o posibles ayudas con disqueras o editoras para proyectar su obra o actividad artística”. Necesitamos construir entre todos, las hojas de rutas fundamentales para que haya una verdadera reivindicación en esta actividad tan manoseada por todos, ante todo, por los directivos y gerentes de las agremiaciones a la que pertenecemos.

Por eso tengo una mirada, que quiero compartir con la gran familia artística colombiana, que son tres temas, a manera de ejes de la realidad nuestra: “Lo administrativo”, que debe construirse con manos laborales del artista y trabajar más para su agremiados en toda su dimensión. “El Recaudo”, que debe estar sustentado en estrategias de construir una gran familia, entre los gestores del Derechos de Autor y Conexos y sus respectivos usuarios y no seguir maltratándonos como “si fuéramos enemigos o un mal necesario”. “La Distribución” que debe ser un faro claro para lo nacional y no una oscuridad como en la realidad ocurre, solo por complacer los estándares de la Cisac. Nosotros, sin ir en detrimento de los compromisos internacionales, debe velar por la autonomía nacional, así como hacen muchas sociedades entre ellas, la de Estados Unidos, que decidieron, contradiciendo los lineamientos de la Confederación de Sociedades, solo pagar la Radio, la Televisión y los Mega Conciertos, mientras los pequeños eventos se quedan en sus arcas. Pregunto: por qué no hacemos lo mismo. Es urgente que las agremiaciones nuestras, tengan un rubro especial, del cinco por ciento (5%) para el tema de la “Antología Nacional”, que cubra lo hecho por las glorias de la autoría, composición e interpretación nuestra. Así evitamos el triste cuadro recurrente, en donde un hombre de un género musical cualquiera, que haya producido una obra clásica como autor, compositor o intérprete, termine sus días de la peor manera. Igual debe existir un porcentaje definido para pagar lo nacional, cuya cuantía debe ser el cincuenta por ciento (50%) y lo extranjero que no debe exceder el cinco por ciento (5%), el veinte por ciento (20%) para la salud, ya que me preocupa el tema mental de nuestro artista colombiano, que afronta a cada instante las veleidades que su mente creativa aloja, tanto en su ascenso como en su descenso y el veinte por ciento (20%) que toda administración, si es bien direccionada, puede sacar adelante su ambiciosos proyectos.

Esta sucinta presentación, nos permite empezar a pensar, en el liderazgo que ha perdido el artista nacional y que debe recuperar o de lo contrario su realidad se verá más comprometida.

*Compositor Colombiano

Ver: Primera ParteSegunda ParteCuarta Parte