Félix Carrillo Hinojosa

Había decidido no participar más, en los dos temas planteado por Adrián Villamizar, Carlos Llanos, Santander Durán, Lolita Acosta y Rosendo Romero, para evitar caer en  el monologo eterno del dime y direte, que si bien es cierto, nutre la discusión, en la mayoría de los casos, termina en una exaltación de egos en doble vía. Pero un hombre como Rosendo Romero Ospino, que le ha hecho un grande aporte a nuestra música vallenata desde el contexto de la composición, me invita a responderle con la altura que él merece y que estoy acostumbrado a hacer.

Agradezco de su parte, que reconozca haberles dejado con mi intervención, una tarea que no es producto del mes o del año tal, porque no está en mi como hecho determinante, lo cuantitativo, sino lo cualitativo. Lamento estimado creador que se levante como el constructor de un hecho determinante como si alguien no lo hubiese pensado antes. Eso que usted y yo planteamos no es nuevo, debido a que personas, antes que nosotros, lucharon desde la mirada crítica de su tiempo y fijaron sus posiciones, que bien vale la pena retomar y mirar con detenimiento, sin la premura de vencer al otro o de hacerle creer a quien nos lee, que somos dueños de la verdad. En lo atinente a lo planteado por ustedes, para que la Unesco proteja el vallenato, he dicho y sostengo que hasta ahora, no encuentro lo que está en vías de extinción de nuestra música y que no hay nada que proteger, ya que esta música suya y de muchos que la amamos, pasa por el punto más alto de industrialización, cuyo estadio genera todas las controversias para bien y lo que no está en concordancia con su espíritu indestronable, debe corregirse. Ahí es donde recurro, a presentar el Festival de la Leyenda Vallenata como soporte de un movimiento musical que arrancó de lo rural, pero que se sostiene con mucha fortaleza en el medio urbano.  A través de los encuentros que he sostenido, con muchas figuras antecesoras a esta generación que está defendiendo a nuestra música, he encontrado que la posición de muchos de ellos, obedece más a un “resentimiento” por el desplazamiento de que han sido objeto, que al análisis serio de mirar con mucha objetividad, el paso ineludible de un estado a otro.  Ahí está un primer aspecto fundamental de la discusión. Cómo miramos el transito de una década a otra, sin que ello nos lleve a rumiar maledicencia. Cómo haría usted y sus amigos, para detener el paso del tiempo y ver con mejores ojos, lo que hacen estos muchachos de ahora. No me preocupa si usted descalifica mis textos, pero debo decirle, que me preocupa mucho que haga parte de esa pléyade de personas, que cuando uno escribe sobre ellos, es “un fuera de serie”, pero cuando les hace cualquier observación o no comparte sus apreciaciones, no “vale la pena” o es un problema. No veré con malos ojos, el hecho que ustedes me inviten a profundizar sobre determinado tema. Soy una persona, que está en constante búsqueda de conocer más y eso me permite, hacer de buen recibo su idea.. Estoy seguro, que no pensaré un instante, en que ustedes son los “manda callá del conocimiento vallenato”, porque sería injusto con otras personas que saben más que ustedes y yo. Para mi fortuna, nunca he perdido el norte y sé de donde vengo y para donde voy.

Usted plantea, con la anuencia de sus sequitos, que el Paseo, el son, el merengue y la Puya no evolucionan. Lamento que su planteamiento conduce a un profundo “estatismo” conceptual sobre una música y en eso, si lo revisa con detenimiento, la respuesta se la da el vallenato en todos sus tiempos. Si escuchamos a los patrones de la grabación, Francisco Rada, Abel Antonio Villa, Luis Enrique Martínez y Alejandro Durán, vemos como cada uno de ellos evolucionó su música. Luego encontramos a Calixto Ochoa, Lisandro Mesa y Alfredo Gutiérrez, Pedro García, los Playoneros del Cesar, Nicolás Mendoza, Jorge Oñate y los Hermanos López, Poncho y Emilianito Zuleta Díaz,  Armando Moscote y Norberto Romero, Rafael Orozco y Emilio Oviedo, Daniel Celedón e Israel Romero, Alberto Zabaleta y Emilio Oviedo y Silvio Brito y los Hermanos Meriño, que sumados a tantos valores de nuestra música vallenata y a los actuales protagonistas, hacen acordes con su tiempo, todo el aporte que hemos percibido hasta ahora. El tiempo pondrá en la balanza, manejada con justicia, unas veces y otras no, por los que siguen esta música desde su mirada crítica, con aciertos o no, para determinar, no ellos, sino la propia música, el alcance de ella y sus protagonistas. Todos ellos, con sus respectivas influencias, evolucionaron en su medida y por ello es que son conocidos.  Si ustedes creen y están convencidos, que la perdida del vallenato es evidente y una de las maneras de recuperar todo ese mundo creativo, enajenado por el presente, es acudiendo a la Unesco, este humilde servidor no es ni será, el palo atravesado en la rueda de sus sueños. Usted que ha sido, una de las cabezas visibles del tema “quinto ritmo”, debe hacer las sumas y restas de esa propuesta y terminará con muchas conclusiones, entre ellas: “que la lirica es inherente a todo el proceso creativo de nuestros valores musicales en cada uno de sus tiempos, salvo el caso de la Puya, que poco aparece. Que “la romanza” planteada al interior del Festival Cuna de Acordeones en Villanueva-La Guajira, no es más que “el paseo evolucionado” ya que si fuera un quinto ritmo, no le preguntaría a usted y todos los que acolitan ese agravio de mal gusto para con nuestra música vallenata: “cómo se baila eso que ustedes inventaron”.  Es más, miren al interior de ese gran evento y encontrarán que perdió su norte, al introducirle ese embeleco que desarticula su pretensión y reafirma el tiempo de las raíces como el punto de partida del Vallenato y que respeta en su esencia todo lo que desde allí, se hace como parte de una industrialización, que me gustaría saber cómo ustedes la van a detener. Me gustaría saber estimado Rosendo, cuál era su pensamiento cuando “El Binomio de Oro” irrumpía con unas muestras que obedecían más a un presupuesto citadino que al rural y quien esto escribe llegó a criticar, pero que luego entendió, que estábamos ante una nueva propuesta que era vallenata, pero con una mayor evolución que los anteriores grupos. Ante esa comprensión, sustentada en un  constante dialogo que sostuve con Rafael Orozco e Israel Romero, pude dar el salto y entender el valor sustancial del tiempo, en todos los fenómenos sociales, políticos y culturales.

Todos estos hechos, analizados con seriedad y con el ánimo de encontrar vías de respeto en lo que le dicen a uno y lo que se debe responder, me permite hacer ciertas consideraciones, entre ellas: “que no hay  por estos lares, el más mínimo asomo de confusión,  lo que me permite tener claro que es o no, una “fusión”, hecho que no es nuevo en nuestra música, que ni siquiera los patrones de la grabación vallenata se pudieron abstraer de ella. Sus críticas a la nueva generación son evidentes y menos mal que no soy quien lo dice, sino usted: “ellos tenían la obligación de crear ritmos”. Eso no es cierto estimado Rosendo: “La obligación de ellos es y será, “continuar con la música que nuestros campesinos hicieron”, con sus nuevos sonidos y visiones que necesitan aparecer, para que su sello sea característico de un tiempo, de un grupo musical, de lo contrario, no valió la pena estar en este tiempo. Es más, todos, los incluyo a ustedes queridos amigos, sin que se vayan a ofender, vamos al bebedero de la savia de las raíces que promueven los patrones de la grabación, porque existe una generación que nos lleva de la mano a mirar el pasado para comprender el presente. Le invito a no echarle la culpa a la comercialización, si ese factor ha estado inmerso en cada uno de los protagonistas del vallenato en la grabación. Le dejo un hecho que más que anécdota, nos deja una seria lección: al llegar Gilberto Alejandro Durán Díaz a Barranquilla en la década del 50’ le tocó trabajar en actividades no propias de la música y cuando tuvo la fortuna de ser escuchado por Víctor Amórtegui, le tocó irse a los pueblos con las láminas de acetato de 78’ revoluciones, para comercializarlas, que luego de ser vendidas, el señor grabador sacaba sus gastos y lo que quedaba era repartido en dos partes: músico y productor.

Lamento que usted no mire con ojos de agradecimiento, lo hecho por destacados valores interpretativos del vallenato, al decir “Ahora los Zuleta, Jorge Oñate, Iván Villazón, Silvio Brito, Peter Manjarres, Silvestre Dangond, Diomedes Díaz, El Binomio de Oro, ellos no son el vallenato, son intérpretes del vallenato, el vallenato es el paseo, el son, el merengue y la Puya”. Desconocer el valor connatural de la obra, con relación al intérprete, es algo que no esperaba de usted, pero que debe llevar a la siguiente reflexión: cómo hace usted para mirar a los ojos a nuestros valores inmensos de la interpretación vallenata, entre ellos a su hermano  Israel Romero Ospino. Negar esa construcción de nuestros cantores, acordeoneros, cajeros, guacharaqueros, es segmentar a una música, que sin lugar a dudas, es un conjunto hecho música. Pero bueno, si usted niega lo hecho por su hermano, no puedo esperar una reivindicación por parte suya, de lo hecho por mí. Ese discurso fraccionado y de mal gusto no debe ser rematado como lo hace: “en mi caso personal siempre me he dirigido a la parte literaria de las canciones, en ese caso deberías acusarme en contra de los compositores y por ahí también sales equivocado”. Siento que esa parte, la escribió con ira hacia una persona que le perdona esa salida en falso, pero que le deja la siguiente observación: no llevo ni traigo comentarios, ni hago parte de grupos que desarrollan esa actividad. Conmigo la gente sabe a que atenerse, no construyo varios discursos al tiempo, para complacer a determinado auditorio.

Si los Festivales que se hacen con música vallenata en Colombia y fuera de nuestra territorio patrio, no cumplen con su objeto, me gustaría conocer de parte suya y de quien tenga a bien hacerlo, las observaciones a que haya lugar, para fortalecer ese proceso.  Esa pobreza que afirma se da al interior de nuestros eventos, ha sido tema de debate constante en nuestra provincia y fuera de ella, con lo que hemos mejorado mucho y creo que, debe ser una constante en esos eventos que es construido por seres humanos y que como hecho raro, no deja de aparecer serias contaminaciones tanto de forma como de contenido. Muchos han sugerido y entre esos me cuento, que debemos recuperar el acordeonero que cante y componga, que deben llevar los concursantes, entre su repertorio, por lo menos dos sones, dos puyas y dos merengues inéditos. Nunca he usado ni me he escudado, en el Festival de la Leyenda Vallenata para exponer mi ideario. Lo pongo como un ejemplo en su desarrollo y para mi fortuna, allá conocen mi postura no desde ahora, sino desde finales de la década del 70,  cuando a los  diecisiete años fui concursante y jurado del mismo.

Sea “La Música Vallenata”, “El Vallenato” o lo que se haya decidido  proteger, porque está en riesgo, no olvide que estuve en un foro y allí expresé mis inquietudes como el resto de contertulios. Que Santander Durán Escalona o quien haya tenido a bien hacerlo, presente un panorama económico del vallenato, ese hecho en nada le quita el protagonismo a nuestra música, todo lo contrario, reafirma que estamos ante un hecho cultural, que sin sobredimensionarlo o ensimismarlo, le compite en forma y contenido con lujos de detalles, a las otras músicas locales de Colombia y de América. Si decirles, de manera franca, “dónde está lo que debe proteger la Unesco y que según ustedes, está en serios riesgos”, merece un señalamiento de culpabilidad hacia ustedes, porque me imagino que no es solo su criterio sino el grupal, trasládenme esa acción y digan, que soy culpable” no ustedes y solo por decirles, hacia dónde apunta su propuesta. Cuando la gente en muchas partes de Colombia, me tildaron que no andaba bien de la cabeza” por pensar en el tema de una Categoría para la Música Vallenata dentro de los Premios Grammy, nunca me molesté por esos calificativos y traté siempre, en lo posible, de darle a cada quien, una explicación acorde con ese sueño. Nunca descalifiqué a quienes me maltrataron por soñar. Siguen siendo mis amigos, sin reservas, sin maldad y con el peso transparente del perdón, que les di a muchos antes de partir al sueño profundo. Por eso cuando he defendido, lo que me ha correspondido hacer, es porque mi llamado interior así me lo dicta, sin compromisos económicos, personales o de cualquier tipo. Y no como pretende hacerle creer a quien lea su texto, que soy hombre de dos o más discursos. No me gusta decirle a la mano derecha lo que hago con la izquierda. Sé guardar secretos. Soy un convencido, que no vale la pena volver este disenso una retórica sin argumentos y llena de recados groseros. Tienen ustedes muchos valores, que no soy el indicado para quitarles o ponerles más de la cuenta. No necesito que me envíe un listado interminable de los dones y virtudes que le pertenecen a usted y a sus amigos. Usted no está hablando con alguien de otro planeta. Esas explicaciones sobran para alguien que como quien esto escribe, sabe y le ha aportado algo a nuestra música, no como ustedes, pero ahí hacemos el deber.

No tiene sentido hacer visible lo que sabemos que es. Sus posiciones sobre la nueva generación son de amplio conocimiento al igual que las mías. Para usted y sus amigos, así lo piensan cuando sustentan, “lo que ellos hacen, “la nueva generación”, no es la vigésima maravilla del mundo”, en cambio para mi, “es el afianzamiento de un movimiento musical conocido como Vallenato”. Imagínense ustedes, una música sin continuidad, ¿cómo creen que se puede mantener con tantos cortos circuitos? .En lo pertinente al ejemplo que menciona del palabrero Wayuu, debo aclararle que ella, es una actividad dentro de una comunidad indígena,  pero no es global su práctica y no está demás decirle, que EL VALLENATO lo practican como oficio, muchas comunidades que no son de Colombia. No lo dude Rosendo Romero Ospino, es apenas el comienzo de lo que esta nueva generación puede construir y consolidar en torno a nuestra música. Puede que ellos, no se parezcan a lo hecho en su obra, son otros tiempos, pero de lo que si estoy seguro es, que el vallenato como generación en su actividad, no ha perdido su espíritu, pese a todas las transformaciones de lenguaje, vestido, alimentación, entornos. Lamento que ustedes, no se han dado cuenta que las veredas le dieron paso a los pueblos y estos, a las grandes urbes. La Plaza Alfonso López de la década del 70’ no es igual a la del 90’, mucho menos a la del siglo 21, así conserve ciertos espíritus andantes que nos vigilan. Digamos que es verdad, lo que dice sobre el padrinazgo que ejerció sobre la nueva generación. Digamos que usted y sus amigos hacen buena tertulia sobre el ayer y el presente, sin herir tiempos. Digamos que usted y sus amigos son abanderados de la gestación de nuevas figuras vallenatas que como Kalet Morales, Peter Manjarres, Silvestre Dangond y Orlando Acosta, sirven de nuevos paradigma en esta visión posmoderna del Vallenato. Así como ha leído de mí, “siempre lo mismo”, es bueno anotar que eso reafirma, que ustedes no han hecho nada distinto para cambiar mi posición. Motívenme, ya que es deber de ustedes como proponentes de ese proyecto, entusiasmar a “los corazones fríos” como dijo Gustavo Gutiérrez Cabello y meterle pueblo a ese tema. Lamento que nuestro apreciado amigo Rosendo Romero Ospino esté descubriendo el agua tibia, cuando de manera categórica dice: “lo que tu no sabes es que los compositores clásicos vemos en Silvestre Dangond la esperanza del folclor”. Gracias por el repetido “tu no sabes”. Pero le reitero, “no me preocupa si le graban o no, a los viejos creadores. Ellos hicieron su obra y eso lo respeto. Nunca he forzado a ningún intérprete del ayer o del hoy vallenato, para que dejen o incluyan, a creador alguno en sus producciones. Esa decisión debe tener un conducto transparente y son los líderes de ese movimiento, los llamados a responder por sus grabaciones. No soy el llamado a descalificar,  lo que están haciendo Silvestre y Juan Mario, Peter y Sergio Luis, o poner en duda la calidad musical que vislumbra Martín Elías y Rolando. Eso que usted dice y que lo afirma con tanta propiedad “el bajón aparente de dos de los lideres musicales del momento, se refiere a Silvestre y Peter, especialmente en Valledupar, no se debe a la calidad de Martín Elías y Rolando Ochoa, sino a ese desgaste de una formula que ya dio todo lo que tenía”. Lo que nos faltaba, Rosendo Romero Ospino a más de exotérico nos resultó agorero. “Se nos volvió todo un dios del tema vallenato”. Silvestre y Peter, háganle caso al nuevo pitoniso vallenato. Cambien sus acordeoneros porque don Rosendo dio su sentencia. Cuanto anhelo que  siga al lado de sus amigos, con la estatización de la narrativa vallenata. Será que ella no cambia, de la mano del  tiempo, que todo lo determina. Ese último párrafo se parece mucho, a quien lo escribe. Es más, cuando me refería al tema del Grammy hago alusión a la desorganización de los grupos vallenatos para vincularse como miembros votantes. No me refería a ustedes como tema central de la queja, porque son los artistas vallenatos los llamados a fortalecer ese logro, ya que la categoría  en primera instancia construye el sendero de los artistas. Pero aún así,  en más de una ocasión comenté, todos esos pormenores de la categoría Cumbia-Vallenato/Álbum, lamento que no lo haya leído. “No tengo ni he tenido enemigos, contradictores como los tienen ustedes”. No soy un angelito, pero tampoco el diablo para mostrar. Lo que si lamento es que se haya llenado, no de requisitos como hicieron los juglares, sino de viejas notas para hacer un cuadro a manera de prontuario, que al final lo que deja, es un sabor agridulce de una contestación a destiempo por parte suya. Y lo más triste de ello, es que asegura que lo he plagiado, tremenda mente fantástica la suya.  Se le olvida a usted y a sus amigos, Rosendo Romero Ospino que por la década del 80 laboré en el Espectador y se hizo una labor periodística que luego fue continuada por quince años más, en el Tiempo. Esos textos, la mayoría publicados en esos 25 años, fueron retomados luego, en eso que usted argumenta como plagio. Pero bueno destacado compositor, valga la pena agradecerle todo lo que ha dicho sobre mí. Su posición no me saca de la ropa ni me hace perder la noción que tengo de usted. No soy de los que se apuesta en los caminos para asestar el golpe de gracia, pero si me gustaría decirle una vez más lo siguiente: lamento que tome temas que no los he hablado con usted, caso específico Jorge Celedón y Carlos Vives, con quienes mantengo una excelente relación y en más de una ocasión, si hemos hablado sobre los valores vallenatos, han sido frases de gratitud para con quienes han hecho grandes construcciones. No me hable de dinero, logros, gloria, fama, que este humilde servidor, ha conseguido a pulso lo suyo. La suerte mía la he construido, con acierto y desaciertos como todo en la vida. Pero no he rapado, los sueños de nadie en especial como para sentirme acosado por el pasado o situación parecida.

Termino diciendo, que así como esos proyectos de ustedes, tanto el de Unesco como el clúster Vallenato, temas sobre los cuales he hecho mis observaciones, no quiere decir ello, que usted me vede a opinar o que desconfíe de la gestión que puedan hacer. Soy un convencido que ustedes siguen en su mundo y yo, en el mío. Para nada me incomoda, que lleguen valores a soportar esos sueños. Máxime, que me ofrecieron la dirección del clúster y lo rechacé por los compromisos que tengo con la “Traducción de Cien Años de Soledad al Wayuunaiki”. Para mi fortuna y la de mis hijos, no soy un vago que espera que la suerte mía me la definan otros. Les deseo lo mejor en esos proyectos, pero para su pesar, en el tema vallenato, cada vez que pueda opinar sobre el mismo, no temblaré un segundo en hacerlo. Así usted vuelva, acolitado por sus amigos, a construir otro prontuario, que no me genera ningún resquemor, máxime que la coraza que Dios y mis padres me construyeron, me ha dado la fortaleza necesaria para no claudicar ante tantas arremetidas aleves que surgen y que nos hacen todos los días, construir mejores caminos para bien de  la vida, el amor y de quienes nos saben comentar sus observaciones sobre nuestros aciertos y errores.

Guajiramente

FÉLIX CARRILLO HINOJOSA

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