Beatriz (izquierda) muestra el anillo de compromiso que le dio su prometido, Marty, en la Batalla de Flores.
El sábado, cuando apenas iniciaba la Batalla de Flores, una de las marimondas de Barrio Abajo ya tenía un plan que no era ninguna mamadera de gallo. Cuando la tradicional comparsa pasaba por el primer palco, un grupo de marimondas armó el ruedo para un enfrentamiento jocoso.
En medio del círculo carnavalero, saltaron al centro Marty Enrique Bolaño y Beatriz Salazar, dos marimondas que se conocieron, se enamoraron y tienen una relación de novios desde hace 3 años y medio.
Beatriz le dio la espalda a Ricky, como lo conocen todos, y con los populares saltos y pases graciosos, le arrancaba carcajadas y aplausos al público del palco Quillero. Pero cuando Beatriz se dio la vuelta, la sorprendida fue ella: enfrente, arrodillado y sin la máscara estaba su novio con un anillo de compromiso en la mano. “¿te quieres casar conmigo?”, le preguntó.
El público del palco, que presenció claramente la escena, estalló en aplausos y en gritos de emoción, al ver que la marimonda se quitaba su fálica máscara para mostrar que hablaba en serio.
“Mi prometida pensó por un segundo que era molestando, pero todos a su alrededor aplaudían. Hubo abrazos, emoción; jamás se lo hubiera imaginado”, dijo a EL HERALDO Ricky.
Amor de Carnaval
Ricky y Beatriz se conocieron en una Guacherna, fortalecieron su relación de comparsa en comparsa (son compañeros de las Marimondas de Barrio Abajo desde el 2006) y ahora materializaron el compromiso de su amor eterno en la Batalla de Flores del año 2012.
Ambos son barranquilleros, pero por cuestiones laborales residen en Cartagena. “Nosotros convivimos en Cartagena, pero nuestros jefes saben que nos tienen que dar las vacaciones a los dos para venir a participar todos los años en el Carnaval. Eso no tiene discusión”, dice Ricky, quien nunca falla a esta festividad.
La fecha del matrimonio de estas marimondas enamoradas iba a ser en octubre, para hacerle honor a la canción ‘el Galillo me rasca’, de Checo Acosta, pero puede más el amor que la primera frase de la canción carnavalera: “yo no sé qué pasa cuando llega octubre…”.
El matrimonio será en agosto.
Por Polo Díaz-Granados/El Heraldo
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