Por: Julio Oñate Martínez/El Pilón
El correo mayor de indias, que siempre estuvo en manos de particulares debido a un privilegio concedido por la Corona Española, tuvo vigencia hacia fines del siglo XVIII en la Nueva Granada, y ya en 1834 se organizó bajo la administración del general Santander la oficina principal de correos de Santa Fe de Bogotá.
El 24 de marzo de 1923 el general Pedronel Ospina expidió la ley 31 la cual crea El ministerio de correos y telégrafos que desde 1953 pasó a ser el Ministerio de Comunicaciones.
Después de que (sic) el Dr. Alfonso López Pumarejo en la década de los 30 nos abrió la carretera Valledupar – Fundación, para comunicarnos con el país prácticamente desapareció el oficio del correista que ejercieron destacados hombres de negocios, empresarios y hasta juglares del acordeón que a lomo de bestia en extenuantes jornadas por trochas y caminos polvorientos se encargaban de llevar y traer correspondencia portadora del diario acontecer entre los pueblos del viejo departamento del Magdalena.
Los viajes eran programados y organizados en recuas de bestias cargadas con diferentes productos, principalmente café con destino a compradores establecidos en Barranquilla y los particulares interesados en viajar se sumaban a la caravana acogiéndose a las normas establecidas por el líder que organizaba la ruta quien casi siempre era el dueño del negocio. El viaje era escalonado y a lomo de burro diez días duraba el trayecto Valledupar – Fundación, en tanto que en mula este se hacía solo en cinco. La ruta más utilizada saliendo desde aquí tenia estaciones en Valencia de Jesús, y en conocidos hatos ganaderos como el Villareal de los Maestre, Fundación Castro de los Castro Trespalacios, Los Tábanos, el cuartel de Eusebio Ayala, acordeonero de mucha fama, sitio donde se construyó una estación de control de las líneas telegráficas, y después de llegar a los Venados, se continuaba hasta El alto de las minas para avanzar a Caracolicito y – finalmente- a Fundación.
Los viajeros al llegar a los puntos citados, conseguían bestias de refresco por si alguna se malograba, agua, provisiones y espacios para el descanso. En Fundación la recua era recibida por otro correista quien se encargaba de la ruta hasta Barranquilla, trayendo en el viaje de regreso mercancías variadísimas para comerciantes de Valledupar que tenían sus contactos con importadores europeos, principalmente Alemanes e Italianos, por ejemplo la casa Bohórquez despachaba machetes, limas, cuchillos, clavos, utensilios de cocina, planchas de carbón, potasa, etc., para Don Joaquín Sierra que era su agente comercial en Valledupar.
Según el testimonio de Don Pepe Castro reconocido historiador vallenato aquí ejercieron el oficio de correista los señores Carlos Murgas, Amador Ovalle, Pedro Antonio González, Rogelio Bermúdez, Raúl Martínez, y el cañaguetero Atilio Daza, entre otros.
Con la creación del Ministerio de correos y telégrafos se nacionalizó el servicio de correos que ya fue prestado por empleados oficiales que utilizaban las rutas establecidas para desplazarse individualmente llevando en las alforjas de la bestia paquetes de cartas y encomiendas menores, les denominados correos y fue el juglar Sandiegano Juan Muñoz el más recordado hoy en día, pues además de ser portador de buenas nuevas en la ruta Valledupar – Fundación, también cubría la de aquí a Riohacha con estaciones en Badillo, San Juan del Cesar y Fonseca. Álvaro Becerra “El Paye” nos recuerda que Juan Muñoz fue conocido en su época como “el cantor de los caminos reales” pues con su acordeón viajero alegraba su llegada a las estaciones y pueblos por donde transitaba dejando siempre el recuerdo grato de sus versos y su nota briosa y festiva.
Muy famoso es el paseo La Estrella o El Correo donde el nos cuenta las peripecias sufridas en su trajín correista y los temores de tropezarse en el camino a Blas Mojica “Blasito”, un salteador de caminos, que infundía pavor a los viajeros solitarios despojándolos de sus pertenencias de quien afirma Pepe Castro no era ningún criminal peligroso sino un vividor y haragán, que se robaba lo que podía para darle gusto a una exigente mujer que lo dominaba.
La apertura de nuestras carreteras que hoy nos enlazan con todo el país y el paso altanero del Copetrán y majestuoso de las aeronaves, junto a la revolución de las comunicaciones nos ha sacado del aislamiento pero también acabaron con el correista sin dudas uno de los grandes contribuyentes al progreso de nuestra región.
El correo a lomo de bestia
